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Un año después de la tormenta, el sol sigue sin iluminar el alma

A pesar del asesinato de Maria y Zé Claudio, la lucha para salvar la selva debe continuar.

Un puente. Un letrero de piedra vandalizado; agujeros de bala que también representan las amenazas y el terror. Dos árboles: un cajú macho y una Andiroba hembra. Fue justo aquí donde José Cláudio Ribeiro da Silva y Maria do Espírito Santo fueron brutalmente asesinados la mañana del 24 de mayo de 2011 en una calle que atraviesa el asentamiento rural Praia Alta Piranheira en el municipio de Nova Ipixuna, Pará.

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Una pareja. Una historia de amor y lucha. “Sé que no me agarrarán solo. Si me agarran, será junto a mi pareja”, predijo Maria, la última vez que la vimos.

El camino sigue siendo una brecha llena de hoyos, casi completamente rodeada por pastizales y cáscaras de nueces. El puente, que hacía que las autoridades locales se vieran mal, fue reconstruido una vez que el asentamiento comenzó a ser utilizado por las fábricas.

Dos asesinos y el hombre que ordenó el asesinato están en la cárcel. Zé Rodrigues, acusado de haber ordenado el ataque y de haber armado a los asesinos (según la investigación de la policía federal, es posible que existan otros financiadores), se convirtió en un acérrimo enemigo de Zé Claudio desde su llegada a la autopista transamazónica en busca de tierra, diez meses antes del asesinato. Es un hombre duro, uno que no dudó en explayar sus amenazas; sin embargo, los taladores y los mineros también amenazaron de muerte a la pareja.

Los criminales siguen esperando su sentencia. Una de las razones por las cuales ha tomado tanto tiempo, es que no podían decidir si el crimen debía ser juzgado a nivel federal o estatal. La más reciente decisión asigna la responsabilidad al juez federal. Existe la esperanza de que esto pueda llevar a una impartición de justicia más justa. Al menos la policía federal presentó un conjunto de evidencias más completas; además de incluir la participación de otros que podrían haber ordenado el ataque, quienes siguen libres y que forman parte del posiblemente financió el asesinato.

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Un año después de la tragedia, Laisa Santos Sampaio, la hermana de María, vive nuevamente en el asentamiento; pasó un semestre lejos de ahí, por temor a las represalias. Como maestra, intenta transmitir la filosofía de su hermana y el amor de su cuñado por la selva. Pero dado que eso representa un obstáculo para los negocios locales, es decir, el negocio de las mafias del carbón, los taladores y los paracaidistas, recibe constantes amenazas de muerte.

Los seis meses después de la muerte de su hermana fueron muy turbulentos para Laisa. Su padre, tras ver el cuerpo de Maria, enloqueció. El golpe fue tan fuerte que sufrió severos problemas psicológicos y, sin la ayuda necesaria para recuperarse, murió exactamente dos meses después del asesinato. Esta fue la etapa más difícil en la vida de Laisa, se podía sentir la depresión acumulada en cada lágrima que caía de sus ojos.

El 24 de mayo es un día de tristeza. Un día para llorar por el Amazonas, por los mártires que perdieron su vida por la selva.

“Amigos, la lucha no será fácil. Porque el ecologista, el ambientalista, es visto como alguien que retrasa, esto complica nuestra relación”, Maria dijo esto en una entrevista que le hice apenas unos meses antes de su muerte, la cual puedes ver en Toxic: Amazon en Vice, y que dirigí con Bernardo Loyola (editor de Vice México). La cosa más importante que quería compartir, que habría aparecido en el libro que soñaba con escribir y que tuve la oportunidad de preguntarle, es esto: osadía, “es lo que nos alimenta. Para mí, la osadía es lo que alimenta la batalla”.

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Éste es el documental que hicimos en Vice sobre Maria y Zé Claudio.

Zé Claudio era el filósofo de la selva. Un hombre con las palabras indicadas y frases poéticas. "Es difícil. Es difícil luchar contra el sistema".

Vice : ¿No tienes miedo?

Zé Claudio: Sí. Si te dijera que no tengo miedo, estaría mintiendo. Porque después de todo, la vida es bella, ¿cierto, amigo? Estoy asustado, pero al mismo tiempo que estoy asustado, además de mi obligación como ciudadano, el impulso que tengo por la injusticia ahuyenta ese miedo. Porque el hombre es lo que es. Así que, si tienes el coraje para luchar, lucha. Porque es mejor morir en el intento que morir en el silencio.

La familia de Zé Claudio, que también vivía en el asentamiento, tuvo que salir del lugar debido a las amenazas. Su madre, deprimida, no pudo encontrar la fuerza para seguir viviendo. Claudelice, la hermana menor, sigue estudiando Ingeniería Agrícola y logró encontrar trabajo en una ciudad cercana. Por el miedo y el terror, no ha podido regresar para seguir trabajando en los proyectos sustentables que empezó y en aquellos que sueña con implementar en Praia Alta Piranheira.

José Afonso Batista, el abogado guerrero de la Comisión Pastoral para la Tierra en Maraba, sigue luchando por la justicia en un lugar donde la ley la ejercen aquellos con más poder. Me introdujo a Zé Claudio y a Maria, y luchó por que se les protegiera, además de presentar sus demandas. Hoy es uno de los fiscales en el juicio del asesinato y continúa luchando con la misma tenacidad de siempre para que Laisa no sea la siguiente víctima, exigiendo a las autoridades que hagan su trabajo como institución del estado. Admiro el hecho de que no se de por vencido. Él es una de las grandes esperanzas.

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En la película Apocalypse Now, el coronel Kurtz tiene un momento de reflexión que imagino a Laisa repitiendo: “Es imposible, a través de las palabras describir lo que es necesario para aquellos que no saben lo que el horror significa. El horror”.

Con la ternura y la elegancia de alguien que creció en el bosque, Laisa usa palabras cargadas de significado. Palabras que tienen sentido, palabras que no son banales. Aquí está la frase que más me llega, una con la que suspira antes y después: “Es difícil”.

Vice: ¿Cómo están las cosas ahora?

Laisa: Mira, estoy aquí en el asentamiento, aquí en el bosque y no recibo mucha información. Sin embargo, mi hermana compró el periódico y ahí decía que el presidente ordenó a la Guardia Nacional que nos ayudara de una forma más consistente. No es como antes, cuando la Guardia Nacional venía pero no se quedaba. La situación es complicada. Las amenazas son constantes. Si recibimos protección, eso nos dará mayor fuerza.

Un año después del crimen, ¿cuáles son tus reflexiones?

Eso es muy difícil de definir. Después de un año sin ellos… Nuestra trayectoria, las cosas que vivimos en este tiempo. Algo pasó, una reacción a lo que aprendimos con Maria y Zé Claudio, y es que hoy nos levantamos de las cenizas. Viviendo, o al menos regresando a vivir a este lugar, es como si todo hubiera pasado ayer. Los sentimientos siguen siendo fuertes, en especial dada la situación en la que estamos viviendo. Cuando digo “situación”, me refiero a la falta de seguridad.

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Hoy, puedo decir lo que pienso, que tengo esperanzas de continuar trabajando. No de la misma forma, pero con el mismo coraje. Lo mejor que podemos hacer es no dejar que esta historia muera. Para demostrarles a todas estas personas que podrán haberlos callado, pero que el eco es fuerte. Nuestras voces son humildes y sencillas pero lograremos recuperar esto.

Ni siquiera tengo las palabras para definir esto. ¿Qué puedo decir? No es algo muy positivo. Lo que quiero decir es que hemos sido marcados por memorias y ejemplos fuertes. Un año después, así es como veo las cosas.

Laisa se ahoga. Deja de respirar por un segundo. Recupera el aliento y continúa:

Es muy difícil para nosotros. Hoy sigo escribiendo, pero no soy capaz de definir mis sentimientos, es como si algo estuviera, como decimos aquí, atorado, atascado. Podemos ver que esos dos eran una fuente inagotable de sabiduría y que nos la transmitieron.

Ayer estaba leyendo un pasaje de Shakespeare que dice: “los héroes son aquellos que hicieron lo que tenían que hacer, sin temor a las consecuencias”. Era algo así. Después recordé el premio de la ONU en el que ambos estuvimos presentes. Personalmente tenía la certeza, la convicción de que habían homenajeado, merecidamente, a las personas correctas, y leyendo a Shakespeare siento que también merecían ser nombrados “héroes del bosque”. Luchando con sus propias vidas, una vida llena de obstáculos, que los llevó a donde los llevó. Eso es algo que resuena en nosotros.

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Felipe y Laisa cuando recibieron el premio Forest Heroes.

Digo esto, no con el mismo coraje, ni buscando compararme con ellos, pero para que sus ideales no mueran. Mientras sigamos teniendo la fuerza, no dejemos que sus gritos mueran. Maria siempre dijo que quería escribir historia. Dejarla escrita para los que vendrán después y que cuando muriera, alguien continuara luchando por sus ideales. Hoy, siento lo mismo.

No confronto estas amenazas simplemente por la historia, sino por los valores que me inculcaron. Los valores que aprendí viviendo con Maria. Los valores que vienen del bosque, los derechos humanos, el respeto por aquellos que están al margen, aquellos que no tienen una oportunidad. No quiero transmitir sólo la historia, también los valores construidos. Lo importante para nosotros, incluso sin ellos, es que viven dentro de nosotros y en todo lo que hacemos.

Por ejemplo, hoy pelé un montón de castañas para hacer un platillo. En cada cosa que hago, Maria está ahí, está ahí con sus pequeñas manos diciendo: “¿Ves lo importante que es saber lidiar con el bosque?” Nos enseñó a respetar la dinámica del bosque, en cada etapa del mes y del año, el bosque ofrece frutos. Hay señales que un año o diez no podrán borrar.  Son marcadores. Su sabiduría; por ejemplo, mientras comentaba sobre la escuela local, Escola Costa e Silva, Maria decía: “cambiemos ese nombre a Chico Mendes”.

Y nuestro amigo Zé Claudio decía: “para hacer lo que nosotros hacemos, y lo que otros hacen, por respeto al bosque, es necesario ser una persona pensante”. Algunos pedían: “Amigo, explícate”, y Zé les decía: “con esta palabra, realmente lo he dicho todo”.

Zé Claudio tenía una gran filosofía. Son marcadores que debemos escribir en la historia; son eternos.

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