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El fin de la renta antigua hiere de muerte a la agonizante Malasaña

No es nada nuevo que el barrio tradicionalmente alternativo de Madrid va camino de convertirse en un parque temático de tiendas cuquis. Lo realmente nuevo es que el fin de la renta antigua está acelerando este proceso.

por Iago Fernández y Fernando Bernal
22 Enero 2015, 11:38am

Pasear por Malasaña ya no es lo mismo. Obvio. Esto ya lo decían la década pasada quienes fueron jóvenes en los 90 y echaban de menos ver camellos en cada esquina, garitos que cerraban de día (como el No Fun), antros que fueron casi eternamente 'cool' (Nasti) y -sobre todo- beber tranquilamente en la calle. Se veía venir, sucedió poco a poco, pero cuando las 'lecheras' cerraron la plaza del 2 de mayo para evitar botellones y protestas la cosa ya no parecía tener vuelta atrás.

En los 2000 el barrio experimentó una segunda revolución. No vamos a hablar de bicis de piñón fijo ni de barbas cuidadas a precio de oro en barberías de barbas. Vamos a hablar de la cuestión urbanística que a su vez está teniendo una inevitable proyección en el plano socio-cultural. La trillada gentrificación ha dado paso a una nueva era en la que muchos de los iconos del barrio se han ido a la mierda. Literalmente.

Y aquí entra en juego la crónica de la muerte del fin de las rentas antiguas, que no por anunciada tiene menos efecto. La ley que regulaba el alquiler de locales comerciales data de la época franquista (1964) y " 30 años después, en 1994, el gobierno de Felipe González modificó y amplió la ley estableciendo una moratoria de 20 años para todos los alquileres de locales comerciales firmados antes del 9 de mayo de 1985. El objetivo era paliar la difícil situación económica de los pequeños comercios del país. De aquí viene el concepto de 'renta antigua', un precio muy por debajo del de mercado", según explican desde 'Idealista'.

Imagen vía 'La muerte del bar español y la invasión del metro cuadrado', un corto documental de David Álvarez e Ivar Muñoz-Rojas.

Al desaparecer esta ley, cambia la fisionomía del barrio. Donde había una pollería, ahora hay una cafetería de aires neoyorquinos y, donde había un cine porno, se instala una cadena francesa de supermercados. Barata, sí, pero con menos calor humano que la vieja sala de butacas anchas y baños concurridos. Según la asociación de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (APIS), no se verán afectados demasiados negocios, porque los casos en que la diferencia entre lo que se pagaba antes y lo que se pagará ahora no será grande (salvo excepciones). "En la mayoría de casos se renegociarán los contratos entre propietario e inquilino aplicando una renta más cercana a la del mercado".

Desde 'Idealista' nos pasan tarifas de locales comerciales: "El precio del m2 de un local en alquiler en Malasaña oscila entre los 12 euros mensuales que se piden en las calles menos transitadas y los 20 en las principales calles (excluida Gran Vía)". Te lo decimos por si tienes alguna idea de negocio para montar un chiringuito que ayude a salvar el barrio de las pop-ups y demás clichés de negocios de zona modernita insustancial que tanto enfurruñan a sus habituales de toda la vida.

Aun así, todavía hay algunos iconos del barrio que no se derrumban. En los últimos días nos hemos enterado que una de las cocinas (y barras) más apreciadas del barrio, la del Bar Lozano, va a resistir el empuje de la renta antigua . Ha resistido el empuje de la 'ley Boyer' porque el propietario y los responsables llegaron a un acuerdo.

Aquellos bares de viejos

Pero no todos han corrido la misma suerte. Desde hace un par de años, hemos asistido al cierre progresivo de bares de toda la vida (o de 'viejos', sin que resulte despectivo y utilizando la jerga popular), de esos que alegraban las tardes y las madrugadas por sus precios económicos, el uniforme de los camareros y el olor inconfundible de sus cocinas. Un fenómeno bien plasmado en el corto documental 'La muerte del bar español y la invasión del metro cuadrado', de David Álvarez e Ivar Muñoz-Rojas. Éste último, periodista y músico, nos cuenta por qué lo hicieron. "Fue sin pretensiones, ante la idea de cómo han cambiado los bares a los que íbamos de adolescentes -el Lozano, el Madroño o el Noviciado- simplemente porque eran baratos".

El Bar Lozano resiste el empuje de la renta antigua porque el propietario y los responsables han llegado a un acuerdo.

Y debía de preocuparle a más gente, porque el vídeo resultó bastante viral: "Yo creo que tocamos la tecla, porque había también una intención de mostrar lo mucho que ha cambiado el barrio, lo caro que se ha vuelto y cierta nostalgia de la Malasaña de hace unos años". En el documental aparecen varios camareros y dueños de bares que ya entonces tenían un discurso algo derrotista sobre el fin de la renta antigua y cómo iba a afectar al cierre de muchos negocios. Algunos están encontrando salidas a la crisis de la subida de los alquileres, negociando con los propietarios, y otros iconos del barrio van a cerrar en breve.

El caso que más ha removido a los habitantes clásicos del barrio es el del Mercado de Fuencarral. 22 millones de euros en los que se supone que está valorado el edificio y la llegada de un gigante comercial (una firma multinacional) van a cambiar la fisionomía del que han sido uno de los sitios más emblemáticos -y a la vez golfos y divertidos- del barrio. Los propietarios de las tiendas no se resignan y piden soluciones, pero, como ya contamos hace poco, es la crónica de un cierre anunciado y una nueva estocada al barrrio.

¿Es la actual situación un paso más en el largo y agónico adiós a la Malasaña que tanto nos gustaba? Responde Ivar Muñoz-Rojas: "En el barrio podrían convivir los lugares clásicos, bares de litros y cacahuetes, con tiendas modernas. Podría ser un barrio de Nueva York o Berlín, pero con pequeños guiños al espíritu local. Pero ahora mismo no existe ese equilibrio y está perdiendo su identidad. Se pierde la personalidad y se pasa a un esquema de centro comercial".

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