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El Príncipe de Sealand nos cuenta algo más de su Territorio Marítimo "INDEPENDIENTE"

Si eres parte de esa gente a la que no les gusta navegar de entrada en entrada en Wikipedia horas y horas hasta sentir una mezcla de euforia cerebral y autodesprecio, y eres tan hermético a los precarios buzz destinados a acabar en un cementerio donde...

Si eres parte de esa gente a la que no les gusta navegar de entrada en entrada en Wikipedia horas y horas hasta sentir una mezcla de euforia cerebral y autodesprecio, y eres tan hermético a los precarios buzz destinados a acabar en un cementerio donde descansan ahora mismo Pracing Cera y Piroska Nagy, es posible que no conozcas la historia de Sealand. Es tan reciente que resulta bien fácil trazar una cronología en pocas líneas.

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Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido mandó construir fuertes militares con el fin de protegerse de los ataques aéreos alemanes. La mayoría fueron abandonados en los años cincuenta, salvo Fort Roughs, que contaba con la excepción de estar situado en aguas internacionales y no pertenecía a ninguna legislación. Un viejo comandante de la armada británica, Paddy Roy Bates, también presentador de una radio pirata, ocupó aquel lugar con su familia y aquellos que quisieron convertirse en sus súbditos. Tras consultar a muchísimos abogados de derecho marítimo y asegurarse de que nadie se opondría a su posesión del fuerte, proclamó la independencia de su principado el 2 de septiembre de 1967 y su repentina ascensión social en el íntimo círculo de los aristócratas y otras personas que llevan nombres con partículas, puesto que aprovechó para autoproclamarse príncipe.

Como era de esperar, el gobierno británico intentó apropiárselo rápidamente enviando unidades de la marina encargadas de expulsar a Bates, que se calmaron rápidamente tras el sermón de un nuevo soberano descubriendo el placer de sus plenos poderes. Fue acusado de posesión ilegal de armas de fuego, pero el tribunal de Essex tuvo que darle la razón a Bates puesto que el reino estaba fuera de su jurisdicción.

El 25 de septiembre de 1975, el Príncipe Roy Bates toma la sabia decisión de salvaguardar su propiedad elaborando una constitución, a la que siguió una bandera, un himno nacional, una moneda oficial, y unas cuantas bagatelas más, como los sellos y o un equipo de fútbol que se dejó humillar 1 a 6 contra Chipre del norte, vencedores de la FIFI Wild Cup de 2006.

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En 1978, el primer ministro Alfred G. Achenbach intentó dar un golpe de Estado capturando a su hijo Michael, quien llegó a la fortaleza en un helicóptero de asalto. Los invasores fueron hechos prisioneros de guerra, y finalmente liberados.

En 2007, el príncipe Michael declaró en venta Sealand por diez millones de libras (lo que puede parecer un tanto excesivo para dos torres de hormigón y una plataforma de unos 550m²), rechazando sin embargo la copiosa oferta realizada por los webmasters de Pirate Bay por cuestión de ética.

Hoy, Roy Bates vive tranquilamente en España con su mujer Joan; Sealand aún sigue en venta y participará en los Juegos Olímpicos de las Micro Naciones, previstos para el 2013.

Hace poco hablé con el Príncipe Michael, que ocupó el trono de su padre en 1999, y parece pasar los días esperando una oferta razonable para vender su territorio y enriquecerse vendiendo títulos nobiliarios a los plebeyos. Da pocas entrevistas, pero cuando las hace, lo hace con honor, respondiendo lo más brevemente posible.

VICE: ¿Cuáles eran las motivaciones de tu padre cuando tomó posesión del fuerte?

Príncipe Michael Bates : Al principio buscaba un lugar donde establecer su radio pirata, fue después cuando tomó todo unas dimensiones enormes.

¿Cómo enormes?

Estoy intentando recaudar fondos para financiar una película sobre la historia de Sealand, y nos gustaría hacer nuestras propias escenas. Nuestras actividades se resumen a eso y a asegurar el mantenimiento del país. También vendemos títulos nobiliarios -para dar las gracias a los generosos donantes que nos mantienen. En realidad nuestro día a día es igual que el del resto de los occidentales.

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Tenías 14 años cuando llegaste a la isla, creo. ¿Por qué quisiste mudarte allí?

Quería ayudar a mi padre, y sobre todo escapar de la fastidiosa escuela a la que iba en el país de Gales: cquería vivir una trepidante aventura marítima. ¿Qué chaval no habría hecho lo mismo?

Es verdad, pero habrá sido como mínimo particular crecer en un ambiente así.

La verdad es que fue muy interesante.

Conozco a poca gente que cuente “haber sido capturado por el primer ministro de su país” en su infancia.

Aquello fue tan interesante como peligroso. Achenbach se volvió demasiado avaricioso y decidió hacerse con el poder. Los cierto es que no sé qué habrá sido de sus hombres.

Y tus padres, ¿ahora qué hacen?

Mi padre es muy viejo, tiene 90 años. Mi madre tiene casi la misma edad.

¿Nadie ha intentado invadirte desde entonces?

No, por suerte.

¿Qué relación has tenido con el gobierno británico todo este tiempo?

Se portan bien. Hacen como si no existiésemos y, por consiguiente, nosotros les ignoramos a ellos. Creo que todos estamos contentos.

¿Pero te queda algún lazo con Inglaterra?

Yo adoro mi país.

Como mínimo aspiras a forjar una identidad y una cultura propia en Sealand, como han hecho los escoceses al rechazar el uso de la ropa interior.

Sí.

Vale. ¿Has recibido alguna oferta interesante por Sealand?

Sí, claro.

¿Y qué pasará si encuentras un comprador? ¿Seguirás siendo príncipe?

Sí, y cuento con uno de mis hijos para asegurar la sucesión.

¿Me lo parece a mí, o el número de palabras que empleas para cada respuesta se aproxima al de habitantes de tu isla?

Somos entre dos y veinte personas, depende. En este momento no aceptamos visitantes, por si se te había ocurrido venir.

JULIE LE BARON