Salud Mental

¿Qué tanto puedes culpar a tus padres por tu ansiedad?

Mamá y papá no están tan libres de culpa.
11.10.17

Este artículo fue publicado originalmente en Tonic, nuestra plataforma especializada en temas de salud

Todos hemos escuchado sobre esos papás intensos que se la pasan encima de sus hijos y se precipitan ante la primera señal de problemas. Aunque es difícil culpar a los padres por ser demasiado atentos, su ansiedad de interceder, en todo caso, realmente parece incrementar el riesgo de que sus hijos desarrollen ansiedad más tarde en la vida.

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Un estudio de la Universidad de Tennessee Chattanooga vinculó a este tipo de padres con tasas más altas de uso de medicación antidepresiva en chicos universitarios. Varios estudios recientes hechos por Neil Montgomery, en el Keene State College en New Hampshire, mostraron que cantidades excesivas de "asistencia, resolución de problemas, monitoreo, e involucramiento" —básicamente andar metidos en los asuntos de sus hijos— promueve la ansiedad.

¿Por qué ser sobreprotector hace daño? "La perspectiva general es que si te has salido con la tuya siempre, o has vivido en un mundo donde la mayoría de las desiciones no las has tomado tú, en el futuro, tomar desiciones por tu cuenta podría ser estresante", dice Andrew Fox, un profesor asistente de psicología en la Universidad de California, Davis.

También parece haber una relación inversa entre las pequeñas y prematuras cantidades de adversidad y la ansiedad en la adultez, lo que significa que los niños que han tenido que lidiar con pequeños desafíos podrán enfrentar mejor el estrés de adultos, dice Jordan Smoller, una catedrática de psiquiatría neurocientífica de la escuela de medicina de Harvard.

"Nuestro sistema nervioso y el sistema de regulación emocional aprende de nuestro ambiente qué es peligroso y a cómo regular las emociones si estamos expuesto a algo amenazante", dice Smoller. "Existe evidencia de que sin ese tipo de exposición, no podremos desarrollar las habilidades, o ni siquiera el sistema de circuitos para manejar este tipo de desafíos y estrés".

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Se ríe de si mismo por invocar la vieja línea de "en mi época", pero, añade Smoller, "tienes la sensación de que algunas personas jóvenes son vulnerables o incapaces de manejar el estrés, en parte porque no tuvieron que lidiar con ninguna experiencia similar en su infancia".

Por ejemplo, señala la ausencia de "juegos libres", es decir la falta de espacios sin la vigilancia paterna. "Es algo complicado porque no quieres inducir a los padres a que sean descuidados con sus hijos, o que expongan a sus hijos a peligros" dice. "Pero el esfuerzo de ayudar [a los niños] evade el riesgo y la adversidad, lo que parece traer efectos negativos".


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Aunque algunos estilos de crianza son más propensos a promover la ansiedad en los adultos jóvenes y de ahí en adelante, David Fox de la Universidad de California, dice que no existe evidencia contundente que demuestre que un estilo de crianza particular produzca "uniformemente" niños ansiosos. Aquí es donde tus genes entran en escena.

La investigación de Fox ha aislado algunas de las funciones del cerebro vinculadas a la ansiedad "hereditaria", y dice que aproximadamente un tercio de la ansiedad que varía en los individuos, es atribuible a su carga genética. Ese tercio es un promedio estimado, y puede ser más alto o bajo dependiendo del individuo. Pero es claro que hay personas más propensas genéticamente que otras, a tener desordenes de ansiedad.

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Smoller también tiene trabajos publicados sobre la genética y los trastornos de ansiedad. Dice que el rol que tu genética desempeña en el riesgo que tienes de sufrir de ansiedad no es identificable simplemente al aislar una mutación genética. "La ansiedad es una condición muy compleja, y muchos genes o variaciones dentro de estos en tu genoma pueden contribuir a su desarrollo" explica. Básicamente, no existe un examen que pueda identificar si tienes el "gen de la ansiedad", y probablemente nunca exista.

Junto con el ADN y la educación que recibiste, existe un tercer (y obvio) factor en la ecuación de la ansiedad: el entorno que te rodea. Independientemente de tu ADN o de la manera como fuiste criado, si eres arrojado a un ambiente caótico y estresante —una zona de guerra, un trabajo como médico de emergencias, un controlador de tráfico (un mesero en un restaurante lleno)— tienes que tener poderes sobrehumanos que te permitan responder de manera calmada y no ansiosa.

"La ansiedad es una experiencia humana omnipresente", dice Smoller. "Evolucionó para permitirnos sobrevivir, para protegernos de los peligros, para identificar las amenazas venideras, para movilizar nuestras defensas". Si no tienes ansiedad, es probable que tampoco tengas control o ambición.

Existen verdaderas amenazas en este mundo, añade Robert Sapolsky, catedrático de neurología en la Universidad de Stanford. La ansiedad es necesaria para ayudarnos a enfrentar estas amenazas, o evadirlas, y solo es patológica cuando persiste aún sin existencia de amenaza, o cuando el costo de mantenerte atento arruina tu vida, dice.

Dicho de manera sencilla, algunos niveles de ansiedad son reacciones saludables, normales y razonables a la vida moderna. Tiene una utilidad y evolucionó en nosotros por una razón. Pero cuando se trata de una ansiedad salida de control, qué tiene mayor responsabilidad, ¿tu genética, tu crianza, o la atmósfera que te rodea? "Es realmente imposible responder esto", dice Sapolsky.

Smoller concuerda. "Para un individuo, no hay manera de decir qué tanto de la ansiedad se relaciona a los genes o con la crianza". Junto con las fuentes de ansiedad en tu vida actual, todos estos factores "interactúan", y no se suman hasta un cierto número, dice. Las madres y los padres no se salvan, pero probablemente no merecen recibir toda la culpa.