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La magia y el mito de José Leandro Andrade, el primer gran futbolista negro de la historia

Por momentos, la historia de José Leandro Andrade parece semificticia; algunos aspectos probablemente lo son. Pero en lugar de restarle a su increíble legado, la incertidumbre fortalece la intriga de una de las primeras figuras del futbol mundial.
25.7.17
PA Images

Este artículo se publicó originalmente en la entrega 15 de The Football Pink. Puedes comprarla en su versión impresa o digital en su página oficial.

A ratos, la historia de José Leandro Andrade parece semificticia, y existe una gran posibilidad de que algunos aspectos de la misma lo sean. Sin embargo, lejos de restarle a su increíble legado, la incertidumbre de lo que hizo y no hizo fortalece la intriga que rodea a uno de las primeras figuras del balompié mundial.

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Hijo de un exesclavo, Andrade nació en Salto, ciudad al noroeste de Uruguay que tiempo después sería cuna de Luis Suárez y Edison Cavani. A pesar de haber nacido rodeado de pobreza, el increíble talento de Andrede con los pies lo transformó en una celebridad internacional con todo y las trampas que acompañan la fama. Para cuando su tiempo en las canchas se acercaba a su fin, la vida de Andrade se vio golpeada por la tragedia. Murió como un alcohólico empobrecido, ciego de un ojo y apenas una sombra de aquel hombre que en algún tiempo dominó el mundo con la todopoderosa selección uruguaya.

Hoy en día, Andrade es relativamente desconocido en el mundo angloparlante. Algunas listas donde se relatan las hazañas de los mejores futbolistas de la historia suelen olvidar su nombre. Sin embargo, Andrade es un hombre que ganó tres Copas del Mundo con su selección, es -sin miedo a equivocarnos- el primer gran futbolista negro, y fue considerado uno de los deportistas más famosos del planeta en su era.

El misterio y el mito que envuelve la figura de Andrade data desde el primer momento que vio la luz en este mundo. Se dice que su padre, un exesclavo de nombre José Ignacio Andrade, tenía 98 años cuando nació el futbolista. También se ha dicho que su padre poseía poderes mágicos, lo cual parece ser la única explicación para que hombre de su edad pudiera tener un hijo o, en su defecto, viviera tantos años en el Uruguay de fin de siglo. De adolescente, Andrade hijo vivió en Montevideo y trabajó como músico en carnavales, limpiabotas y, según el consenso popular, como gigoló.

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Brillante futbolista desde temprana edad, Andrade comenzó su carrera profesional en el club de Montevideo, Bella Vista. La primera convocatoria de Andrade con su selección nacional fue en 1923, y formó parte del equipo que ganó la ahora Copa América de ese mismo año. Esto le aseguró a Uruguay un lugar en París para el verano de 1924, donde sería el representante sudamericano en los Juegos Olímpicos y se enfrentaría a las mejores selecciones de Europa –18 en total–, los Estados Unidos, Turquía, y Egipto se unirían también a una lista bastante eurocentrista.

El origen étnico de Andrade resaltó en los Olímpicos de 1924, y su lugar en la escuadra uruguaya lo convirtió en el primero futbolista negro en el mundo en disputar unos Olímpicos. Pero en La Celeste no fue el primero, ya que Uruguay llevaba años alineando futbolistas negros, una política progresiva que causó molestia en sus rivales continentales a principios del Siglo XX (Chile fue tan lejos como acusarlos de tramposos).

En El fútbol a sol y sombra, el escritor uruguayo Eduardo Galeano describió a la escuadra de 1924 como "trabajadores y trotamundos que obtenían nada del fútbol más que el placer de jugarlo". Además del limpiabotas y músico de carnavales Andrade, su once incluía a un empacador de carne, un cortador de mármol, y un vendedor de hielo.

A pesar de ser campeones sudamericanos, Uruguay no viajó a Europa con lujos, ya que tomó un vuelo de tercera clase, sus jugadores durmieron en bancas de madera, y pagó una gira a España para cubrir sus comidas.

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Los europeos les dieron pocas oportunidades. Se dice que previo a su primer partido, los yugoslavos mandaron espías para ver los entrenamientos de los uruguayos. Los reportes describieron sesiones de pases mal dados y mala puntería frente al arco. Días después, Uruguay les metió siete goles. Se habían dado cuenta de los espías yugoslavos y entrenaron con un pésimo nivel con la intención de sorprender a sus rivales. Antes, como ahora, el futbol uruguayo ya contaba con una dosis saludable de astucia.

El equipo de Uruguay en los Olímpicos de 1924. Andrade detrás de su compañero, segundo de izquierda a derecha // PA Images

Después derrotaron a los Estados Unidos, quienes se escaparon con una derrota de tres goles. En los cuartos de final se enfrentaron a Francia, los anfitriones, ante 30 mil fanáticos en el Stade Olympique, donde Uruguay posó por encima 5-1. Para ese entonces, Europa había despertado ante el poderío uruguayo.

La semifinal fue su prueba más complicada, ya que necesitaron un penalti al minuto 81 para derrotar a un excelente cuadro holandés 2-1, antes de vencer cómodamente a los suizos 3-0 en la final y llevarse la medalla de oro. Los elogios no se hicieron esperar: el editor de L'Equipe destacó "el maravilloso virtuosismo para recibir el balón, controlarlo y usarlo" de los jugadores uruguayos. Los pocos videos que existen muestran a los uruguayos muy superiores a los demás, siempre en movimiento, abriendo espacios, en contra de una oposición estacionaria.

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Andrade no se coló entre los goleadores de París, sin embargo fue quien destacó por ser el mejor futbolista de La Celeste. A pesar de tener 22 años en ese entonces, Andrade orquestaba el juego con mucha experiencia. Era físicamente fuerte, pero jugaba con elegancia. Richard Hofmann, jugador alemán que participó en los Olímpicos de 1928, describió a Andrade como "un artista del futbol que podía hacerlo todo con la pelota… Un chico alto con movimientos elásticos que siempre prefiere el juego directo y elegante al contacto físico, y que piensa las jugadas mucho antes de ejecutarlas". Las comparaciones contemporáneas lo ponen a la par de Zinedine Zidane. En los Olímpicos de 1924, los franceses apodaron a Andrade "La Merveille Noire", la maravilla negra.

Como era de esperarse, Andrade disfrutó su nueva fama en París. En ocasiones desaparecía del hotel de concentración y, cuando se le pedía a uno de sus compañeros de equipo irle a buscar, se dice que el jugador estrella se encontraba "en apartamentos de lujo en las áreas más exclusivas de la ciudad, rodeado de hermosas mujeres, como un sultán en su harem". Andrade llamó la atención de aclamada autora y periodista Colette, quien describió a los uruguayos como "una extraña combinación de civilización y barbarismo, más que el mejor gigoló".

Pero el gozo de su nuevo estatus le costó caro. Para el regreso de Andrade, la comunidad negra de Montevideo organizó una fiesta de bienvenida en su honor. Andrade no fue. Es posible que haya sufrido de este tipo de arrogancia mucho antes de hacerse famoso, pero lo mismo se puede decir del impacto que tuvo su nuevo estilo vida en su personalidad.

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En 1924, Andrade se unió al Nacional, y ganó la Primer División de Uruguay el mismo año. Permanecería en el club hasta 1931, pero sin sumar título alguno antes de convertirse en dos veces campeón con el Peñarol, equipo para el que jugó entre 1931 y 1935.

Andrade (al fondo, segundo de izquierda a derecha) con sus compañeros del Nacional en 1925 // PA Images

Pero estos logros lucirían insignificantes comparados con el éxito internacional que obtendría después. Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, Uruguay defendería exitosamente su corona. Aquella vez, Andrade sería un jugador menos influyente (se dice que había contraído sífilis), pero con el mismo número de fans que querían ver a "La maravilla negra". Uruguay venció a los anfitriones (2-0), Alemania (4-1), e Italia (3-2) para enfrentarse en la final a sus acérrimos rivales argentinos.

La superioridad del futbol sudamericano se confirmó en el empate a un gol que convirtió a Argentina en el único equipo en nueve partidos olímpicos que aguantó más de 90 minutos. La repetición del partido también estuvo cerrada, pero los uruguayos retuvieron su medalla de oro con una victoria de 2-1.

Dos años después, Uruguay albergó la Copa del Mundo. A pesar de su influencia cada vez menor, Andrade siguió formado parte del equipo que ganó su grupo y destruyó a Yugoslavia 6-1 en las semifinales para jugar otro partido decisivo ante Argentina. La victoria de 4-2 en el Estadio Centenario de Montevideo hizo que La Celeste se coronara campeona. Andrade sumaba una medalla más a su carrera.

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Como la FIFA reconoció oficialmente las finales de los Olímpicos de 1924 y 1928 como campeonatos del mundo, los uruguayos podían presumir un triplete mundialista, y al día de hoy portan cuatro estrellas arriba de su escudo (la cuarta estrella corresponde al Mundial de 1950). Andrade y sus tres sus compañeros de toda la vida son los únicos que pueden presumir estar a la altura de Pelé.

Sin embargo, la vida de Andrade después del futbol es un triste desenlace. Tiempo después, el uruguayo pedería la vista en uno de sus ojos, tal vez por estrellarse con un poste de portería o por la sífilis.

Como haya sido, esto contribuyó a su declive. En el torneo de 1950, Andrade estuvo presente cuando su sobrino jugó en el conjunto uruguayo que ganó la segunda Copa del Mundo, pero conforme pasó el tiempo su alcoholismo incrementó y su salud se deterioró más. En 1956, el periodista alemán Fritz Hack, salió en busca de Andrade en Montevideo. "Lo que encontré fue horrible", comentó Hack tiempo después al relatar que Andrade estaba en aislado en un sótano sucio. "En una habitación encontré a Andrade, hecho ruinas por el alcohol y ciego de un ojo consecuencia de una lesión. Ya no entendía mis preguntas, la cuales su hermosa esposa respondió por él, hermana de uno de los excampeones olímpicos".

Un año después, Andrade murió. Se quedó en la nada, aunque algunas de las medallas que ganó como futbolista renombrado permanecen en una caja de zapatos.

* * *

A más de medio siglo de su muerte, Andrade sigue siendo una figura relevante. En una época donde los ideales de la supremacía blanca azotaban Europa, Andrade fue la estrella que transformó los paradigmas. Tenía la valentía para ignorar los ideales establecidos por los blancos de cómo debería comportarse un hombre negro. En este sentido, Andrade tiene una cercana relación con los boxeadores Jack Johnson y Muhammad Ali. Sin embargo, su importancia no se limita a una cuestión racial: el académico Hans Ulrich Gumbrecht cree que Andrade fue "el responsable, más que nadie, de poner al futbol en el mapa deportivo internacional en el primer tercio del Siglo XX".

A pesar de su fama de aquellos años, la vida de Andrade luce oscura en el ahora, envuelta en mitos y misterio. Lo único que se siente real es el futbol que practicó, aunque también tiene sus lagunas ya que sobreviven muy pocos destellos de su genialidad.

En 1924, los jugadores uruguayos eran simples nombres sobre una hoja de papel, pero con una increíble capacidad para sorprender al mundo.

El talento de Andrade quedó en evidencia aquel verano, a pesar de la falta de evidencia de muchas cosas. Las historias de su forma de vida en sus últimos años siguen estando abiertas a la interpretación. ¿Qué lo condujo a una vida autodestructiva? La incertidumbre alrededor de Andrade nos permite llenar las lagunas con nuestro propio criterio, creer algunas de las anécdotas más descabelladas y acomodarlas con nuestro entendimiento del mundo.

@TheFootballPink // @Jim_Weeks