John Anderson Fonseca - coleccionista de Queen.
Foto por Mateo Rueda | Noisey en Español

Vimos 'Bohemian Rhapsody' con uno de los coleccionistas más grandes de Queen en Colombia

John Anderson Fonseca es un militar colombiano que le ha dedicado gran parte de su vida a dos cosas: a su país y a Queen.
Mateo Rueda
fotografías de Mateo Rueda
13.12.18

Un apartamento, de no más de 60 metros cuadrados, esconde una de las colecciones más minuciosas y extensas que hay en toda Colombia de una banda que para muchos puede ser importante, pero que, solo para unos pocos, puede significar la vida misma. Dentro de ese selecto grupo está John Anderson Fonseca: un militar de 32 años que, cual adolescente, espera con ansias a que llegue el fin de semana para irse de Bogotá, donde trabaja, rumbo a Tunja, una ciudad ubicada a 130 kilómetros de la capital colombiana donde se resguarda esa extensa colección. Todos los sábados, madrugado, se embarca en su carro para ir a Tunja y hacer lo que más le gusta: entrar a su pequeño apartamento, escoger uno de los más de 200 discos que tiene de Queen, reproducirlo en su sala para finalmente sentarse y disfrutar de una cerveza fría junto a Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor.

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No necesita nada más, ni a nadie más.

"Bohemian Rhapsody"

—“Mire, esto fue lo último que me compré” —me dijo sonriente mostrándome un CD del álbum The Game apenas nos subimos a su carro.

—“¿No tenía este disco o qué? —le pregunté ingenuamente.

—“Sí, varias veces, pero no en esta edición. Es una versión japonesa”.

Ahí supe que esto era en serio: que esta persona, a la cual había llegado por recomendación de un conocido que trabaja con él, estaba realmente obsesionada con Queen.

—¿Cuánto le costó?

—Más de 200.000 pesos —y se rió sabiendo que para los demás, los no coleccionistas, podría sonar ridículo.

John Anderson Fonseca nos invitó a Mateo, el fotógrafo, y a mí a ver Bohemian Rhapsody ––la película que ha estado en boca de todos en la última semana y que rompió récord en Colombia–– gracias a unas boletas que se había ganado el día anterior en un concurso de Radiónica, una emisora de la radio pública. Nos encontramos ese sábado en la mañana en un centro comercial de Bogotá para verla, antes de arrancar hacia Tunja para conocer la colección. Ya se había visto la película como tres veces y planeaba vérsela otras diez en la siguiente semana.

—Tiene algunas imprecisiones, pero igual me gusta mucho— me dijo apenas salimos de ver la película.

—¿Como cuáles?

—Freddie y Jim Hutton no se conocieron así. Él en verdad era peluquero y se conocieron en un bar.

Atrapados en un clásico trancón bogotano y su inherente diluvio, John me empezó a contar su historia y cómo Queen ha sido testigo de gran parte de ella. Cuando tenía 8 años, como suele pasar, el tío rockero de la familia puso el Live Magic, un álbum publicado en 1986 —el mismo año en que nació Fonseca— con versiones en vivo de las canciones que Queen tocó durante su Magic Tour en el verano de ese mismo año: la última gira de la banda con la formación titular. Fue amor a primera escucha: sin tener ni idea de qué estaba sonando, John se abalanzó sobre su tío para saber qué carajos era eso. Ahí conocería la banda sonora del resto de su vida.

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Box set del 'Magic Tour'. Incluye un muñeco inflable, una camisa similar usada en ese gira, bufanda, libros, entre otras cosas. Foto por Mateo Rueda.

— A mí me gustaba Guns N’ Roses y el rock en español, pero Queen hizo algo en mí. Me obsesioné. Quería ser como Freddie Mercury.

—¿Empezó a comprar discos ahí mismo?

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—Sí, en los siguientes años dejé de comer, ahorraba lo que me daban para las onces del colegio y me iba a pie desde mi casa hasta el centro a comprar discos—, me dijo cuando íbamos por la 140 con Boyacá en un insufrible intento por salir de Bogotá.

—¿Dónde vivía?

—Por aquí cerca.

Cada vez que lograba ahorrar 30.000 pesos, John se iba caminando con la sudadera del colegio hasta OVNI 19, uno de los centros comerciales de música más emblemáticos de la capital colombiana. No se iba en bus porque no le alcanzaba la plata: llevaba la cantidad exacta para el disco que había fichado en su última visita. John, durante cuatro años, recorría más de 300 cuadras en un solo día por Queen.

—¿Cuál fue el primero que compró?

—El de Freddie Mercury Album. Fue de los pocos que guardé cuando me tocó vender mi primera colección.

—¿Qué? ¿Cómo así que vendió su colección?

—En un momento de mi vida tuve una calamidad familiar y me quedé sin un peso. Si quería sobrevivir tenía que venderlos.

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'The Freddie Mercury Album' y una edición japonesa de 'The Game'. Foto por Mateo Rueda.

En 1998 su hermano menor murió y más tarde se quedó solo: sin su tío rockero, ni su madre, quien al final terminó apoyando la pasión de su hijo por Queen, por más que, en ocasiones, le sacara plata de la billetera para completar lo de la siguiente compra.

Le tocó vender prácticamente todo lo que había comprado y caminado para poder terminar el colegio y sobrevivir. En ese momento tenía alrededor de 40 discos.

"A Winter’s Tale"

Desde que los descubrió, John no pudo parar: imitaba a Freddie Mercury así creyeran que era gay; logró que el equipo de fútbol del colegio se llamara Queen —aunque más tarde casi lo cambian cuando supieron que la palabra significaba reina en español—, y formó, con un par de amigos, una banda que bautizaron como Smiles en honor a Smile, la agrupación que tenían Brian May y Roger Taylor antes de ser coronados junto a Mercury y Deacon.

Por obvias razones en el colegio dejó de ser John o Fonseca: solemnemente lo apodaron “Queen”. Era lo justo.

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Antes de terminar el colegio, la reina lo había acompañado en una vida que, en general, fluía. Pero más tarde eso cambiaría: Queen lo terminó rescatando de un hoyo negro donde la soledad llegó por obligación.

—En la misma época que pasó lo de mi hermano, me enteré de que Freddie Mercury había muerto hacía varios años.

—¿A lo bien?

—Sí, yo no tenía acceso a mucha información y nadie me contó. Fue muy triste.

John lidió con la muerte de su hermano y de su ídolo simultáneamente. Lo único que lo pudo ayudar fue la música de su banda favorita, en especial Made In Heaven, el disco póstumo a la muerte de Freddie y el cual se convirtió en un placebo para su dolor.

—Lo escuchaba todos los días, sobre todo una canción que se llama “A Winter’s Tale”.

—¿Por qué esa canción?

—No sé, solo me sentía mejor cuando la escuchaba. Me reconfortaba y hoy en día todavía lo hace.

Aunque John no hablaba inglés, sentía que la entendía perfectamente: la voz de Freddie Mercury y la atmósfera cautiva de esa canción ya bastaban para aliviar el vacío que se quería apoderar de él. Unos años más tarde vino a entender lo que decía “A Winter’s Tale” al confesarme, orgulloso, de que Queen le había enseñado lo poco o mucho que ahora sabe de inglés; además de contarme que la banda también lo introdujo en el místico universo de la música clásica y la ópera.

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'Made in Heaven' es uno de los álbumes de Queen más valorados por John. Lo tiene siete veces en distintas ediciones. Foto por Mateo Rueda.

A sus 15 años, John quedó prácticamente solo. Y para poder graduarse del colegio tuvo que dejar ir su vida: vendió la mayoría de sus discos y hoy, con cierto arrepentimiento, dice que no tenía otra opción.

—¿Volvería a vender su colección si estuviera muy mal de plata?

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—No, así me esté muriendo no lo vuelvo a hacer.

—¿A quién se los vendió?

—A una persona que tristemente no apreciaba tanto a Queen, pero tenía la plata que yo necesitaba.

—¿Y cuándo arrancó a coleccionar otra vez?

—Como en 2003 o 2004.

Durante gran parte del camino, John puso varios discos de Queen en su carro desde su celular. Cuando ya no faltaba mucho para llegar a Tunja nos preguntó que si queríamos escuchar otro artista. No, dejamos sonar a su artista favorito, era por esa banda que estábamos todos ahí, viajando por las carreteras que se dibujan a través del verdor cundiboyacense.

—Entré a prestar servicio militar porque no tenía plata para estudiar. Llegué con la idea de que solo me iba a quedar un año y ya.

—¿Y se enamoró de la vida militar o qué?

—Pues vi la posibilidad de quedarme y tener una estabilidad con ese trabajo.

John lleva 16 años en el ejército y más de 20 como coleccionista de Queen. En cuatro años cumple la cuota para pensionarse y, cuando eso pase, espera poder irse a Inglaterra y Alemania a seguir los pasos de Freddie Mercury.

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Foto por Mateo Rueda | Noisey en Español.

"Keep Yourself Alive"

Está agradecido con su carrera militar, pero no habla mucho de ella: Queen siempre termina apoderándose de sus palabras y de él.

—Durante varios años no los pude escuchar porque me tocó vender mis discos. Me tocaba esperar a que los pusieran en la radio. El resto del tiempo los reproducía en mi cabeza, me los imaginaba.

—¿Y cuándo volvió a comprar algo de ellos?

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—Un día estaba en un centro comercial y vi el DVD de su concierto en Japón. Tenía la plata justa y lo compré.

Ahí, esa bestia que había mandado a dormir unos años antes, despertó nuevamente. Y esta vez con más hambre (y presupuesto). Fonseca se empezó a gastar todo su sueldo en Queen: discos, DVDs, LPs, afiches, camisetas, muñecos de acción y todo lo que tuviera el sello de la reina, iban acumulándose en su apartamento.

—Tuve problemas de plata otra vez porque me estaba gastando todo en Queen.

—¿Dejó de comer?

— A veces sí. No me podía controlar y terminaba comprando cosas nuevas todo el tiempo.

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Un demo del álbum 'Made In Heaven' que solo llegaba a las emisoras para promocionarlo, no venderlo. La versión italiana de 'Live in Milano' de 1984. El vinilo original de la época del sencillo “I’m Going Slightly Mad”. Foto por Mateo Rueda.

Trabajaba para alimentar su colección. Era un medio para darle forma a lo que ya, de manera clara y deliberada, se había convertido en su proyecto de vida. Estando en el ejército pudo estudiar sistemas y se ganó la confianza de sus superiores por ser diligente y hacendoso. No tuvo que combatir mucho, por más de que dos cicatrices de balas que le dejó el conflicto armado colombiano digan lo contrario; y luego de haberse desempeñado en diferentes roles, pasó a ser conductor del estado: un puesto que le gusta porque es tranquilo y le da tiempo para irse a Tunja la mayoría de los fines de semana, alejarse del caos bogotano y relajarse en su apartamento, el único espacio totalmente suyo donde puede tener su colección sana y salva.

—Cada vez me volvía más exigente con lo que compraba. Tenían que ser ediciones raras y exclusivas.

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—¿Sin importar el precio?

—No, a veces ni me fijo en eso: si no lo tengo, lo compro, así me endeude.

—¿Qué es lo más caro que ha comprado?

—Una caja con todos los vinilos de Queen en colores.

—¿Cuánto le costó?

—Más de cuatro millones.

Su sed se volvió insaciable y se empezó a volver uno de los coleccionistas más minuciosos y disciplinados de Queen en Colombia. Dice que es el segundo en el país, después de un paisa al que él llama Juan Queen. Duró varios años bajo un ritmo vertiginoso hasta que se topó con Laura, una mujer que le bajó las revoluciones melómanas y, como él dice, le cambió la vida.

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Edición especial de todos los LPs (vinilos de distintos colores) que publicó Queen. Es el artículo más costoso que tiene en su colección. Foto por Mateo Rueda.

"Love Of My Life"

Ya estábamos llegando al destino cuando me contó sobre Laura. Una novia que tuvo hasta hace tres años y la cual lo llevó a conocer Tunja y Boyacá. Se enamoró de esos lugares y, sobre todo, de ella.

—Su familia es de Tunja entonces vinimos varias veces a visitarlos y a mí me gustó mucho la ciudad.

—¿Y qué opinaba ella de su obsesión por Queen?

—No le molestaba, pero igual sí dejé de comprar algunas cosas mientras estuve con ella.

—¿Por qué?

—No, empecé a gastar la plata en nosotros y nuestros planes. Mi cabeza ya no solo pensaba en Queen.

—Claro, lo normal.

—Sí.

Su relación con Laura duró varios años y, pese a todo los giros que ha tenido en su vida, cuando más nostálgico se le siente a John es cuando habla de ella. Se nota que sigue pensándola, que sigue queriéndola por más que el tiempo quiera diluir esos sentimientos.

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—¿Y por qué terminaron?

— Las cosas dejaron de funcionar, pero yo sigo tragado de ella, la verdad.

—¿Y ella sabe? ¿Todavía se hablan?

—Sí, a veces nos hablamos por WhatsApp, pero no he sido capaz de decirle nada.

—¿Es su ‘Love of my Life’?

—Jajaja, sí.

Como él mismo confiesa, su vida social es mínima: se alejó de sus dos mejores amigos y, luego de terminar con Laura, nunca volvió a salir con nadie. Eso sí, más que ser una persona sola, es una persona solitaria que disfruta mucho de esos momentos donde está rodeado únicamente por sus cuatro ídolos.

—Debería hablar con ella, John.

—Agh, no sé. Vamos a ver.

Justo ahí, luego de casi tres horas de viaje habíamos llegado a su apartamento en Tunja. Apenas entramos a su cuarto, empezó a sacar todo lo que tenía de Queen, 15 minutos más tarde no había por dónde caminar: su habitación —que mide por ahí unos 5x5 metros— estaba inundada por los más de 500 artículos que tiene de la banda, en los cuales se ha gastado más de 100 millones de pesos.

Para el ojo mortal, en esa cama sencilla, estaba todo lo relacionado con esta banda: qué más podría faltar. Sin embargo, para John, este es un camino de nunca acabar: tiene algunas cosas en mente que está intentando conseguir a toda costa.

—¿Qué es lo que más quiere tener?

—Estoy intentando conseguir una edición especial de la chaqueta amarilla que usó Freddie en el Wembley.

—¿Muy difícil?

—Sí, pero de que la consigo la consigo.

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—¡O mándela a hacer!

—Jajajaja, no, no puedo hacer eso. Tiene que ser la original.

Mateo, John y yo estuvimos un buen rato sumergidos en esa colección que, con cada minuto y cerveza que pasaba, nos parecía más abrumadora. Al ver ese mar de música terminé de entender que esto era un templo; que Queen es una religión en sí misma que merece ser explorada a fondo; que a veces, por simple costumbre, olvido lo apoteósico que es el rock y lo increíble que es entregarse, por completo, a una banda.

Antes de que John nos acercara a la estación de buses para devolvernos a Bogotá, nos ofreció una última cerveza y volvió a poner a “Winter’s Tale” para recordarnos que es una de sus canciones favoritas y, de paso, controlar el síndrome de abstinencia musical que ya se iba apoderando de él nuevamente.

—¿Entonces en cuatro años quiere irse para Europa?

—Sí, apenas pueda me voy, así me toque vender el carro para poder hacerlo.

—¿Lo vendería por irse un par de meses a Europa?

—Claro, ese es mi sueño. Tengo que conocer los países y lugares en los que estuvo Freddie.

—¿Y después qué quiere hacer?

—No sé, ya iré viendo.

Como pocos, John encontró en Queen su todo, un todo que va mucho más allá de un simple hobby. Esa colección y el viaje que hará en cuatro años es su manera de agradecerle a la banda lo que sus canciones han hecho por él. Al despedirnos y dirigirnos hacia el bus, me lo imaginé volviendo a su apartamento y destapando otra cerveza para sentarse en su sala junto a Mercury, May, Deacon y Taylor, mientras me preguntaba qué hubiera sido de John sin Queen, pero, sobre todo, qué sería de Queen sin personas como John.

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Caja con álbumes "piratas" de Queen. Ha sido uno de los artículos que más le ha costado conseguir. Foto por Mateo Rueda.

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El álbum que tiene más veces repetido: 'Greatest Hits', en diferentes formatos y ediciones. Foto por Mateo Rueda.

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La discografía completa de Roger Taylor, el baterista original de Queen. Foto por Mateo Rueda.

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