Ilustración por @sinmuchasfotos

Por qué vomitar nos revitaliza

Es rara la vez que después de echar todo afuera, los malestares persistan, particularmente los de la fiesta.

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nov. 9 2018, 4:15am

Ilustración por @sinmuchasfotos

Este artículo se publicó originalmente en VICE LATAM/México.

Hay muchas situaciones que pueden provocar el vómito: un malestar estomacal, una borrachera, algún tratamiento, nervios, montañas rusas, estrés y ansiedad, entre muchos otros detonantes. El vómito, según el doctor Joseph Mercola, “es un reflejo natural que a menudo ocurre como forma de protección”.

Pero cada cuerpo funciona de manera distinta y en ocasiones tardará más en presentarse el vómito; por ejemplo, si comemos unos tacos muy pesados a las diez de la noche, quizás nuestro cuerpo tarde cuatro horas en intentar expulsarlo, pero si nos intoxicamos con algo —o si nuestro cuerpo interpreta alguna sustancia como una amenaza— como una bacteria o un alucinógeno, como la mescalina o la psilocibina, las náuseas, esa sensación que indica la proximidad del vómito, no tardarán mucho en aparecer.


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Pero, ¿por qué en ocasiones vomitar nos hace sentir bien casi como por arte de magia? Parece que solo con expulsar lo que hay en nuestro estómago nuestro cuerpo se compone automáticamente, como cuando tenemos una fuerte migraña o hemos tomado varios tragos de más. ¿Quién no ha vuelto a la fiesta después de una buena vomitona? Cuando debatí esta idea con unas amistades no logramos llegar a la raíz de este veloz bienestar, así que busqué en internet y hablé con un doctor para corroborar la información.

Emilio Pérez, médico de la Ciudad de México, me dijo que cada reacción es distinta en cada persona. Pero existen procesos en el cuerpo que pueden generar esta ilusión de bienestar mágico que en ocasiones experimentamos después de vomitar. “Depende mucho de la causa del vómito. Por ejemplo, cuando estás medio pedo, estás intoxicado. Entonces, vomitas y haces un reset de varias cosas que te ayudan: oxigenas mejor, descargas endorfinas, equilibras un poco la presión y sacas algo de alcohol. No es lo más recomendable, pero ya no te sientes tan mal”.

Pero esto funciona en ocasiones muy específicas —sobre todo en el terreno de la fiesta—; si el vómito lo causa otro asunto, no experimentarás la misma sensación de alivio. “Si alguien tiene vértigos o náuseas por alguna razón fisiológica o mecánica, va a vomitar, pero no se va a sentir mejor, porque el vómito es una reacción secundaria, así que no experimentará una mejoría solo por hacerlo varias veces”, me cuenta Emilio.

Ahora, volvamos a las endorfinas, esos bondadosos neurotransmisores que surgen de la glándula pituitaria y el hipotálamo durante la excitación, el enamoramiento, el consumo de ciertos alimentos o estimulantes y los orgasmos, las mismas que se liberan después de vomitar. Son una de las razones principales por la que en ciertos escenarios sentimos ese bienestar casi automático después de vomitar. Durante el proceso de expulsión, todo el sistema nervioso y la mayoría de los músculos están involucrados.

Al vomitar —además de liberar estas endorfinas— se hiperventila y con eso cambia nuestra presión sanguínea y ritmo cardiaco, provocando algo parecido a la euforia que se siente después de practicar algunos deportes o rutinas de ejercicio aeróbicas, cuando nuestra respiración y presión se estabilizan y nuestra sangre está más oxigenada. Pero recordemos que experimentarlo de esta forma excluye ciertas causas del vómito —la mayoría— que no tendrán el mismo resultado.

Dicho de otra forma, ese bienestar es como estar en una alberca que empieza a bajar de temperatura de forma súbita hasta casi matarnos de hipotermia, llenándonos de tristeza y nervios, pero antes de llegar a la muerte, le aumentan unos grados, lo suficiente como para devolvernos esa sensación de seguridad y control sobre los agentes externos en nuestro cuerpo, dándonos una ilusión —que en ocasiones puede prolongarse mucho tiempo— de bienestar automático, mágico y puro. La mayoría de las veces sirve para seguir en la fiesta otro rato.

Luis ya no vomita en las fiestas, o eso dice. Síguelo en Instagram.

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