Zorros, el equipo gay de futbol que patea la homofobia
Fotos por Anne Beentjes.
Identidad

Zorros, el equipo gay de futbol que patea la homofobia

Los zorros tienen edades entre los 18 y 34 años. La mayoría son hombres gays, pero en sus filas han pasado lesbianas, mujeres trans y hombres heterosexuales.

Desde pequeño le gustó correr y varios años se dedicó al atletismo. Mientras entrenaba en 2011, se lesionó la pierna y su vida de corredor se pausó. Buscó otro deporte y el futbol parecía buena opción. Nunca lo había practicado, pero necesitaba moverse. Así fue como Nicolás Pineda, originario de Guerrero y entonces estudiante de ingeniería telemática en el IPN, se incorporó al equipo de la universidad. Se equivocó varias veces pero se aferró al entrenamiento y semanas después aprendió lo básico.

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Curioseando, más tarde halló en internet el sitio web del Tri Gay, un equipo de futbol conformado por personas de la comunidad LGBTQ+. Ni siquiera lo pensó. Al instante se unió al grupo y en el momento más adecuado. Justo en 2012 se celebró en México el Campeonato Mundial de Futbol LGBTQ+, organizado por la International Gay and Lesbian Football Association (IGLFA).

Conformado entonces por 15 jugadores, el Tri Gay participó en la contienda y quedó en cuarto lugar, rebasando a equipos europeos y estadunidenses. Pero lo más relevante, cuenta Nicolás en la entrevista, es que ahí conoció a cinco gays y a una lesbiana: Naxheli, Alfonso, José, Alfredo, Sixto y Moisés.


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Cuando Tri Gay se desintegró, esas siete personas no desertaron. La amistad había surgido y en 2013 formaron un equipo de futbol al que bautizaron Zorros. “Éramos coquetos, un poco novieros, y el nombre surgió de ahí. Un poco de broma”, cuenta Nicolás. Querían divertirse, pasar el rato pateando el balón.

Sin planearlo, su preparación comenzó: otro exintegrante del Tri Gay los invitó a entrenarse en la Liga Gay Azcapotzalco, que surgió a principios de esta década por iniciativa de miembros de la comunidad LGBTQ+ deseosos de un espacio libre de fobias. Ninguno había oído hablar de ese lugar. Nicolás recuerda: “No conocíamos esa liga, pero fuimos y nos quedamos. Como es futbol rápido, éramos seis jugadores, más el portero. Estábamos justos. La cancha es pequeña y al principio fue complicado porque no teníamos cambios”.

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Cada uno mostró que su compromiso con el equipo era elevado. Si alguien faltaba, el grupo quedaba incompleto. Nadie falló.

Ahí en la avenida 22 de noviembre, en Azcapotzalco, comenzó todo. Zorros se incorporó a la liga —entonces de ocho equipos— en la que hoy se efectúan dos o tres torneos al año con una duración de 16 semanas, siempre los sábados y domingos.

A Zorros no le ha ido nada mal: “Desde hace unos dos años hemos crecido mucho. Hoy la liga tiene 14 equipos y de esos Zorros tiene cuatro. A veces son diez jugadores por cada uno”, detalla Nicolás, de 30 años y quien vive en la Ciudad de México desde hace 12.

En redes sociales se ha pasado la voz. Los interesados, casi siempre inexpertos en futbol, piden una oportunidad y, si no dan un paso atrás, su entrenamiento comienza de inmediato. Son pocos los desertores.

Los zorros tienen edades entre los 18 y 34 años. Por el momento, la mayoría son hombres gays, pero en sus filas han pasado lesbianas, mujeres trans y hombres heterosexuales. “Si heteros quieren entrar, para nosotros es bueno porque formamos un equipo diverso”, indica Nicolás, quien retomó el atletismo.


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¿Por qué jugar en una liga gay? El futbolista responde: “El espacio es para que los jugadores se desarrollen sin miedo y libres de homofobia. A veces nos dicen que nos autosegregamos, que para qué queremos una liga especial para nosotros. Y nada de eso. Cuando hemos jugado en ligas tradicionales y saben que somos equipo gay, se escuchan las burlas: ‘Ahí vienen los mariquitas’”.

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Cuando existía Tri Gay y se aproximaba el Mundial de 2012, el equipo entrenaba cerca del metro Normal, en una liga “tradicional”, y nunca faltaban los “ya llegaron los maricas”. “Uno se siente más seguro en una liga gay”, reitera Nicolás.

Zorros comenzó a salir de Azcapotzalco —obtuvieron el primer lugar en el torneo Métele un gol al VIH en Iztapalapa— y de la Ciudad de México a competir contra otros equipos LGBTQ+. En un torneo nacional en Tlaxcala, ganaron el primer lugar. En Colima, el segundo. En Querétaro jugaron un amistoso y, recientemente, en otro nacional en Guadalajara obtuvieron la primera posición. En torneos también LGBTQ+, en Miami se llevaron el cuarto lugar y el primero en Las Vegas, en la categoría de segunda división.

Nada parece detenerlos y ahora se preparan más que nunca: del 4 al 12 de agosto Zorros participará, por primera vez, en Los Gay Games, un evento multideportivo internacional que realiza cada cuatro años la comunidad LGBTQ+ y que es similar a los Juegos Olímpicos. Inició en San Francisco en 1982 y 26 años después se celebrará en París. “Es el evento deportivo de la diversidad más importante a nivel mundial”, festejan Luis Flores y Aldo Lima, otro dos integrantes del fructífero equipo.

Además, el próximo año van a regresar a Las Vegas. “Cada vez queremos ser más competitivos. Tenemos una entrenadora, psicóloga deportiva, que nos apoya a mejorar la técnica. Es una formación más formal”, enfatizan los deportistas.

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Pero además de escaparse a jugar al otro lado del Atlántico, Zorros no olvida otro de sus objetivos: “El granito de arena que aportamos es brindar un espacio a las personas para que se desarrollen en un ambiente seguro. En el equipo, hay casos de chavos que entrenaban en una escuela del Cruz Azul o Toros Neza, y el mismo entrenador les decía: ‘No le vas a pegar fuerte al balón’. O recibían burlas de compañeros. Zorros lo que demuestra es que no importa la orientación sexual para desarrollarte en deporte”, afirma Nicolás.

No les hacen falta las pancartas. Este equipo combate la homofobia con acciones. Si, por ejemplo, juegan contra un equipo conformado por heterosexuales —con el paso de los año, han participado en ligas tradicionales en otras zonas de la Ciudad de México—, la expectativa de ellos es que será fácil vencer a los zorros.

“Si les ganamos o les damos batalla, les demostramos que si eres bueno en la cancha, se verá, y no importa tu orientación. Además, los jugadores se sienten pertenecientes a un grupo y bien con ellos mismos. Empiezan a aceptarse y se abren con sus familias. Hay casos en que el equipo mismo los impulsa para que salgan del clóset”, cuentan los tres amigos futbolistas. Ya luego, agregan, mamás, hermanos y primos van a la cancha a apoyar a sus familiares. Gritan, lanzan porras. Así celebran a sus zorros.

Las burlas, la homofobia, continúan en redes sociales. Concluye Nicolás: “Cuando aparecemos en alguna nota, en los comentarios brota el odio. Aunque en la cancha de juego ya no ha pasado, sabemos que las fobias no se van. Por eso sigue siendo necesario visibilizar a los deportistas LGBT”.

@riveravazg