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Por qué hay tantas mujeres que ven porno gay

Casi el 40 por ciento de las mujeres que ven porno de hombres gais son heterosexuales.

por Christine Ro
18 Junio 2018, 3:45am

VeaVea/Stocksy

Las dos únicas veces que he estado en clubs de striptease —masculinos y femeninos—, he notado importantes diferencias de género. En el local con strippers hombres, las mujeres del público —que eran mayoría— gritaban y reían. La situación se presentaba como algo cómico, una forma de pasar un buen rato juntas, más que una ocasión para dar rienda suelta a la lascivia. Los bailarines ni siquiera se desnudaban del todo. En cambio, en el club con bailarinas, parecía todo mucho más serio, con desnudos integrales y un claro componente erótico, sin tonterías.

No hay duda de que las mujeres se sienten incómodas —o les obligan a sentirse incómodas— respecto al atractivo del cuerpo de un hombre. Hay un episodio de Seinfeld, por ejemplo, en el que Elaine dice que el cuerpo de una mujer es una obra de arte, mientras que el del hombre es como un Jeep: funcional, para ir de un sitio a otro.


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“Se nos ha inculcado la idea de que a las mujeres no debería gustarles el porno y de que los hombres no son tan atractivos cuando están desnudos”, nos cuenta Lucy Neville, profesora de Criminología de la Universidad de Leicester especializada en sexo, violencia y psicología de investigación. Neville escribe escribe narrativa erótica desde los 9 años, y recuerda que a los 17 descubrió una historia de ficción homoerótica en la que dos personajes masculinos de Sospechosos habituales se enrollaban.

Al igual que Neville, muchas otras mujeres se sienten cómodas cosificando el cuerpo del hombre, como demuestra la popularidad del porno homosexual masculino entre una audiencia de mujeres de todas las orientaciones sexuales. Según el famoso sitio web porno Pornhub, el 37 por ciento de las personas que ven porno homosexual masculino son mujeres. Y de las más de 500 mujeres a las que Neville entrevistó o encuestó para su nuevo libro, Girls Who Like Boys Who Like Boys, el 45 por ciento se consideraban heterosexuales. ¿Por qué el sexo entre hombres suscita tanto interés entre este sector de mujeres, tanto heteros como queer? Estas son algunas de las razones.

Hay más en lo que centrarse

Empecemos por lo obvio. “Pocas veces nos paramos a pensar por qué hay tanto porno lésbico hecho para el disfrute de los hombres heteros”, dice Ruth Neustifter, profesora adjunta y educadora sexual de la Universidad de Guelph, en Ontario. Para las mujeres que disfrutan viendo a hombres en la pantalla, el porno homosexual de hombres es doblemente atractivo. Las mujeres heteros y bisexuales de mis talleres de placer a las que les gusta el porno gay muchas veces me dicen que les excitan la sexualidad y el cuerpo del hombre”, señala Neustifter, “por lo que el porno entre hombres resulta todavía más excitante”.

Los hombres son más atractivos

Uno de los tópicos del porno hetero es juntar una mujer que encaja con cierto estándar de belleza con un hombre que parece un ogro o una criatura de los bosques (no en vano la leyenda del porno Ron Jeremy fue bautizada como “El erizo”). En el porno entre hombres se presta más atención al físico masculino y a más partes del mismo, en contraposición con lo que Neville llama “la polla sin cuerpo” en la que la cámara suele centrarse en el porno hetero (y que constituye el principal problema de las típicas fotos de polla).

“Muchas mujeres hablaban de eso, de lo mucho que les gustaba ver sus antebrazos y culos y la marca del abdominal por encima del hueso de la cadera”, explica Neustifter. “Yo estoy convencida de que en el porno gay la cámara se recrea más en todo el cuerpo del hombre y de alguna forma hace el amor con el actor porno”.

La humorista D. Fantastic, de 27 años, recuerda que el porno heterosexual siempre la decepcionaba. “Sentía cómo se me deshinchaba el clítoris”. Esto cambió cuando descubrió kink.com y el porno gay de hombres. “Como mujer heterosexual, puedo ver porno de hombres desde la perspectiva del hombre gay. Físicamente, para mí tiene su lógica”. Aunque no siempre es tan sencillo como eso, y es que la predilección por el porno homosexual masculino puede estar relacionada con un cruce de valores y creencias.

Es más fácil centrarse solo en el sexo

Las mujeres con frecuencia tienen sentimientos encontrados respecto al lugar que ocupan en el porno convencional. Uno de los frentes más recurrentes en la lucha del feminismo moderno es el de considerar si la participación de la mujer en el porno implica necesariamente explotación o perjuicio para ella. Una persona que vea una escena porno gay de mujeres o hetero, oirá muchas voces en su cabeza preguntándose cosas: “¿Estoy traicionando mi parte feminista?”. “¿Debería sentirme mal porque no tengo ese aspecto?”. “¿Se está causando algún tipo de daño a esas mujeres?”. Sin embargo, al quitar a las mujeres de la escena, se eliminan también cuestiones peliagudas como el consentimiento, el abuso o la humillación por motivos de físico y la atención se centra exclusivamente en el sexo.

Esto es cierto especialmente en el caso de mujeres y personas no binarias a las que les gusta el sexo duro y se sienten mal al ver escenas en las que se trata a las mujeres con agresividad. “Casi siempre prefiero ver porno queer independiente o porno gay de hombres”, señala Neustifter. “Cuando veo porno gay o queer, busco escenas físicas, agresivas y duras. Aunque uno de los dos actores tenga el papel dominante, las dinámicas de poder me parecen distintas y me meto más en la escena”.

Varias de las asistentes a los talleres sexuales de Neustifter han expresado sentimientos similares: “Las lesbianas que vienen a los talleres y me cuentan que ven porno gay aseguran que les gusta cuando las escenas son más duras y cañeras pero sin que se humille a la mujer o simplemente que les gusta la masculinidad en general y hay pocas mujeres masculinas en el porno comercial”.

Parece más auténtico

Las mujeres saben que la representación que se hace de la mujer en el porno convencional está muy alejada de la realidad.

D. Fantastic se muestra especialmente sensible a los sonidos en las escenas porno. Me cuenta entre risas que, cuando está sola con su vibrador, parece que en la habitación se esté llevando a cabo un exorcismo. Ella sabe perfectamente los sonidos que emite cuando está teniendo un orgasmo, por lo que, en general, los sonidos de las actrices porno le suelen parecer artificiales y poco sexis. “Me gusta mucho oír el placer los hombres”, señala. Se espera de los actores del cine porno hetero que sean estoicos y silenciosos, mientras que en el porno gay hay más espacio para los gemidos y gruñidos masculinos.

Esto no significa necesariamente que los actores del cine porno gay disfruten más, aunque muchas mujeres creen que sí. Las mujeres a las que entrevistó Neville decían que los actores del cine porno gay mostraban más vulnerabilidad y emociones que los que salen en el porno hetero, por ejemplo. Hay estrellas porno masculinas que ya han empezado a enfocar su trabajo hacia ese público femenino concreto, como el grupo CockyBoys. Por lo general, los hombres gais no se toman muy bien que las mujeres los cosifiquen de ese modo, algo que Neville ha bautizado como “gaypropiación”, mientras que otros se sienten halagados o simplemente indiferentes.

La sexualidad de las mujeres tiene múltiples capas

Neville no ve con muy buenos ojos que se defina la sexualidad femenina como “complicada”, ya que puede llevar a creer que es insondable y que no merece la pena explorarla. Sin embargo, sí admite que “debido a que se nos ha condicionado para que exista una relación menos directa entre nuestro cuerpo y nuestra mente a la hora de excitarnos, el proceso puede resultar más complicado”.

Esta complejidad dificulta también el estudio científico del deseo femenino. Los primeros estudios sobre sexo simplemente aplicaban al estudio de la excitación femenina las mismas herramientas y técnicas que se habían usado para investigar la del hombre. La fotopletismografía vaginal, por ejemplo, consiste en introducir tubos en la vagina para comprobar el flujo sanguíneo y la humedad, datos que luego se comparan con el flujo sanguíneo del pene. Investigadores como Neville sostienen que el torrente sanguíneo del clítoris es un indicador de la excitación femenina más fiable que el de la vagina. En primer lugar, la lubricación vaginal puede ser una respuesta fisiológica automática, incluso en el caso del sexo no consensuado, para proteger el cuerpo. “Por otro lado, tampoco se pueden ignorar las experiencias subjetivas de cada persona”, asegura Neville. Por tanto, el simple hecho de preguntar a las mujeres qué les excita constituye una herramienta más de las que disponen los investigadores.

La sexualidad femenina es compleja, pero también lo es la sexualidad en general. Neville, por ejemplo, se ha imaginado como hombre en distintas situaciones sexuales, aunque se considera cisgénero. Le sorprendió comprobar la frecuencia con la que las mujeres a las que entrevistó narraban sensaciones similares: más de la mitad, tanto heteros como queer, también habían fantaseado con que habitaban cuerpos masculinos durante el sexo.

Seguramente quedan muchas otras sorpresas por descubrir en lo referente a la sexualidad masculina. Hay cosas que damos por sentadas, como que a los hombres heteros les gusta el porno lésbico. Sin embargo, Neville señala que no hay muchos estudios en los que se haya tratado de averiguar en qué piensan y qué sienten los hombres cuando ven este género de porno. Las respuestas quizá nos sorprenderían

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