acoso escolar

Preguntamos a varias personas por qué eran abusonas en el colegio

"Recuerdo recoger un puñado de insectos muertos y arañas del marco de la ventana y metérselos en la boca".

por Jesse Donaldson
02 Mayo 2018, 3:06am

Imagen vía 'Dazed and Confused' 

Para muchos, durante la infancia y adolescencia, la intimidación era algo inevitable.

Si no nos estaba pasando a nosotros, le estaba pasando a alguien que conocíamos; tal vez fue un apodo ofensivo o un chisme malicioso contado a nuestras espaldas. Tal vez fuimos escogidos por algo que nos hacía diferentes —nuestra altura, el color de pelo, el sonido de nuestra voz—. Para otros, el abuso era más bien físico: el calzón chino o la cabeza en el inodoro. Estas eran las “bromas” predilectas del clásico abusón de colegio antes de que los móviles e internet hicieran que el acoso fuera todavía más grave.

Para cualquiera de nosotros que alguna vez haya sido víctima de esto, todos esos empujones, burlas y almuerzos robados suscitaban dos grandes preguntas: "¿por qué?" y, más importante aun, "¿por qué a mí?".

Después de haber planteado esta pregunta a varias personas que habían acosado a sus compañeros en el colegio, he descubierto que la relación entre el acosador y las víctimas no siempre es tan directa como parece. Desde luego, hay niños que están verdaderamente mal de la cabeza. Pero algunos abusones fueron víctimas también. Muchos actuaban así por inseguridades personales o por problemas en su casa. Y, como ilustran las siguientes historias, algunos crecen y cambian y se dan cuenta de cómo sus actos afectaron a los demás.

Aquí recogemos los recuerdos de cuatro exacosadores de colegio —dos hombres y dos mujeres—; historias de cotilleos crueles y golpes en la cara, bocas llenas de insectos muertos y visitas al despacho del director, de disculpas ya como adultos y de enfrentamientos con víctimas del pasado.

*Las entrevistas fueron editadas y resumidas para una mayor claridad.

KAYLEIGH, 29 AÑOS

Cuando estaba en primaria, yo era la líder de una pandilla de niños. Éramos un grupo de dos chicos y yo —Ramsay, Jeff y yo— los que intimidábamos a dos o tres del colegio.

Mis padres estaban pasando por un divorcio muy desagradable en ese momento. Mi madre no lo llevaba bien. Tuvimos problemas durante mucho tiempo. Recuerdo que a los once años estaba bebiendo en el suelo de la cocina con estos dos niños e incluso ellos pensaban ¿qué cojones? Jeff tenía muchos demonios. Se metió de lleno en las drogas en bachillerato. Pero en aquella época simplemente estaba cabreado y no sabía cómo gestionar su ira. Así que la tomábamos con otros niños... Y Ramsay simplemente se dejó llevar.

Por lo general, atacábamos a niños que ya estaban marginados. Había uno llamado Tyler que era pelirrojo. Nos sentábamos y escribíamos canciones sobre él y lo mucho que lo odiábamos. Una vez, Ramsay y yo lo cogimos cada uno un brazo. Luego Jeff tomó impulso y le dio un cabezazo en el estómago. Había otro niño, Leland, con quien éramos terribles también. Por ejemplo, cuando teníamos bolas de tenis, se las lanzábamos para atacarlo. Pero aun así él intentaba estar con nosotros a la hora del almuerzo. No podía entenderlo. Otro de estos niños, Justin, iba a mis fiestas de cumpleaños. Aunque era mi amigo, era el más patético de todos, así que siempre lo jodíamos.

"Lo hice, no creo que haya estado bien, pero tengo que enfrentarme a ello"

Jugábamos a un juego llamado "la casa de Justin". Le dábamos cinco minutos para correr y luego lo perseguíamos, lo arrastrábamos en el parque del recreo y no lo dejábamos irse. Él no quería jugar. Decía: "¿No podemos jugar a ‘pillar’ o algo así?". Pero no lo dejábamos. Y si él no jugaba, le gritábamos: "¡No! Queremos jugar a 'la casa de Justin'".

Es muy raro. Porque Jeff y yo éramos consejeros del colegio. Nuestro trabajo, supuestamente, era ayudar a los niños en el recreo. Estábamos ahí por si alguien quería hablar de sus problemas. Además, sacábamos muy buenas notas. Pero, al mismo tiempo, nos enviaban al despacho del director por cosas como esconder pimienta en un caramelo y dárselo a un supervisor como regalo.

Después de un tiempo me encontré con uno de los niños al que solía joder mucho. Quizá tenía 19 años. Estaba en un bar, se acercó y me dijo: "Hola. ¿Te acuerdas de mí?". Y después de un segundo, dije: " Ah, mierda. Joder. Lo siento". Inmediatamente me disculpé. Y él dijo: "Son cosas que pasan, éramos jóvenes, son cosas de niños. Ahora estoy bien, pero lo que hiciste fue una putada". Le cuento a la gente cosas así ahora, y siempre dicen: "Buf, qué chungo", y estoy de acuerdo. Lo hice, no creo que haya estado bien, pero tengo que enfrentarme a ello.

RICHARD, 35 AÑOS

Yo era más corpulento que los demás cuando era niño y sufrí acoso desde muy temprana edad. Tal vez desde la guardería; había chicos mayores que se burlaban de mí. Para sentirme mejor conmigo mismo y para quedar mejor delante de los demás, o intentar hacer amigos, comencé a burlarme de niños que eran objetivos más fáciles que yo. Nunca lo consideré acoso en ese momento, pero es lo que era... Y luego se hizo evidente que todo formaba parte de un ciclo de abuso.

Por mi peso, siempre pensaba que no era lo suficientemente bueno, ni estaba al nivel de mis compañeros, que eran todos deportistas. Entonces me burlaba de la gente para divertirme y nunca me di cuenta, hasta mucho después, de que las personas podrían sentirse mal por eso. Ahora pienso en esos niños a los que atormentaba y tal vez ni querían ir al colegio por mi culpa, de la misma manera que yo no quería ver a la gente que me había atormentado cuando era más pequeño.

Recuerdo que en bachillerato estaba en clase con un amigo mientras él se burlaba de una chica, llamándola "gorda" mientras se reía. No pensamos mucho en eso, porque para nosotros, ella no estaba gorda en absoluto. Pero en su mente, eso la llevó casi a tener un trastorno alimentario.

O cuando estaba en primaria, recuerdo que iba por un carril bici y me crucé con un niño más pequeño caminando en dirección opuesta. Yo estaba con amigos, siempre con amigos. Esa es la mentalidad de las pandillas. Estás con otras personas y quieres impresionar a los demás. Éramos pocos, pero este chico no tenía espacio para pasar. No recuerdo exactamente lo que dije, pero saqué el pecho y lo miré desde arriba, afirmando mi dominio masculino con desesperación. No pensé nada en ese momento. Pero luego, una o dos semanas después, el director me llamó a su despacho y me habló del "incidente". No me di cuenta, pero el niño estaba temblando. Estaba aterrorizado.

Siempre me pareció divertido ser el abusón. Recuerdo haber perseguido a un niño por el parque del recreo y decir: "Sí, te voy a dar una paliza". Ni siquiera sabía qué era eso. Nunca di ningún golpe. Vale, quizá tiré a alguien al suelo de un empujón o puse motes a la gente. Aquel chico no era rico; su situación era un poco peor que la de mis compañeros y la mía propia. Era por algo tan estúpido como eso. Había un padre cerca, nos decía que paráramos, que tuviéramos algo de sentido común. Pero tal como lo decían, siempre nos sonaba a amenazas. Me habría gustado que en algún momento alguien me hubiera dicho: "Oye, ¿te das cuenta de lo qué estás haciendo?".

"Nunca me pasó por la cabeza hasta que fui mucho mayor, el hecho de que me había convertido en lo que a mí mismo me daba miedo"

Y ese es el problema: si un abusón logra irritar a alguien, a la gente le va a encantar. Es gracioso. Cuando era más joven, si los padres perdían el control, a mí me parecía gracioso y era tema de risas con los compañeros durante años. A veces pienso en esto: a esta edad, si viera a un grupo de niños acosando a otro más pequeño, ¿cómo me lo tomaría? Si tuviera que presenciar algo así hoy, lo abordaría de una manera muy práctica: despreocupado. De la misma manera que hablaría sobre el clima. ¿Entiendes? Me gustaría hablar con ellos, en lugar de perder el control. No es efectivo.

Lo más loco es que recuerdo haber sido víctima del acoso escolar. Era una mierda. Tomaba otras rutas a mi casa para no encontrarme con ese grupo en particular de niños. Porque no podría evitar que me empujaran o se burlaran de mí. Es muy aterrador. Y nunca me di cuenta de que yo era ese imbécil. Nunca me pasó por la cabeza hasta que fui mucho mayor, el hecho de que me había convertido en lo que a mí mismo me daba miedo.

JIM, 27 AÑOS

Conocía a un chico que me parecía muy guapo y no sabía cómo gestionarlo. No sabía que era gay. Simplemente me atraía y no sabía por qué. Así que le pegué. Creo que muchos ven sus problemas personales en los demás, los odian en sí mismos. Probablemente tenía once o doce años, me lo encontré en el patio y le golpeé la cara. Ahora soy una persona bastante abierta, pero no solía serlo.

Durante mi adolescencia, oí la palabra "maricón" con más frecuencia de lo que oí mi propio nombre. En ese momento, mi padrastro me pegaba mucho. Lo aguanté durante once años. Entonces, mirando atrás, si no hubiera estado en esa posición, podría no haber tratado a este niño así. Cuando se mudó a la ciudad, nos volvimos muy cercanos. Nos llevamos bien al principio. Pero comenzó a actuar de forma muy rara. Decía cosas muy raras todo el tiempo. Dijo muchas cosas que me parecían mentira; como que sus padres le compraban porno. Los niños ya estaban empezando a burlarse de mí por ser su amigo.

La primera vez que le pegué, sentí toda esta presión social sin razón. Había varios chicos populares alrededor y yo quería parecer guay. Él vino andando hacia mí y yo sólo atiné a empujarlo y decirle: "Vete a la mierda, aléjate"; recuerdo empujarlo una vez más, contra la pared, dándole una patada en las costillas. A la semana siguiente, volvió a aparecer y lo hice de nuevo. Esto sucedió al menos cuatro o cinco veces. Y a los niños del grupo les pareció gracioso. Me quedé solo todo el día, después de eso.

Luego, después de unos meses, todos hicieron un viaje a la nieve. Él y yo fuimos los únicos de la clase que no fuimos. Estábamos en la sala de ordenadores durante el almuerzo, los dos solos, y de pronto, comenzó a tocarme la pierna. Y me dice: "Oye, no soy gay. Solo estoy muy cachondo". Yo flipé. Al día siguiente, cuando todo el mundo volvió y estábamos terminando un proyecto, expliqué lo sucedido a todos. Al chico le fue tan mal que tuvo que cambiarse de escuela.

"Conocía a un chico que me parecía muy guapo y no sabía cómo gestionarlo. No sabía que era gay. Simplemente me atraía y no sabía por qué. Así que le pegué"

Lo vi una vez años después. Había un centro de jóvenes en la ciudad. Fui allí una vez en verano y él entró, y la verdad es que fue todo muy bien. Empezamos a jugar al DDR [Dance Dance Revolution]. Al final fue expulsado por molestar a un niño. Nunca lo volví a ver.

Lo busqué muchas veces a lo largo de los años. Incluso me puse en contacto con compañeros de mi curso, tratando de rastrearlo porque quería disculparme por lo que había hecho... Y también porque mirando al pasado, pensé: Joder, seríamos una pareja muy sexy si nos conociéramos ahora.

ROXANNE, 30 AÑOS

Crecí en las afueras de una ciudad bastante pequeña, a unos 45 kilómetros de distancia de la ciudad principal, donde iba a clase. En ese entonces, cuando era más joven, la gente no socializaba conmigo. No podía ir a jugar con los niños del barrio, porque no había niños del barrio. Cuando llegué a la guardería, todos se conocían. Todos habían jugado juntos, pero yo no conocía a nadie. Durante toda la primaria y secundaria, la gente hacía cosas —iban a la tienda de la esquina— y yo no podía. Vivía tan lejos de la ciudad, que siempre tenía que irme antes a casa. Siempre me sentí muy aislada y enfurecida, especialmente en mi adolescencia.

Cuando estaba en secundaria, tenía un grupo con el que me llevaba mejor, pero me perdía las cosas que los adolescentes hacen juntos. Por ejemplo: la primera fiesta con alcohol que hicieron y de la que ni siquiera me enteré. Empecé a sentir mucho resentimiento hacia otras personas. Y así me fui convirtiendo en una abusona. Yo no me veía así. Sabía que siempre estaba enfadada, pero no me daba cuenta de que podía llegar a resultar intimidante.

"Me convertí en una persona muy violenta. Fui acusada de asalto en varias ocasiones. Me encantaba golpear a la gente en la cara. No sé lo que estaba pensando, la verdad"

Creo que en gran parte se debía a ser una marginada... Y también por pensar que así era como las personas "superiores" trataban a los que estaban por debajo de ellos. Se metían conmigo cuando era más joven y supuse que las personas que me intimidaban podían hacerlo, porque en realidad eran superiores a mí. Luego, a medida que fui creciendo, desarrollé el sentido del humor y los niños empezaron a fijarse en mí, gané confianza y me encontré a mí misma socialmente, entonces, pensé: Vale, ahora yo soy superior. Y así es como tratas a la gente que no mola tanto como tú.

Por ejemplo, una vez estuve en casa de una niña, y ella estaba durmiendo con la boca abierta, y recuerdo coger un puñado de insectos muertos y arañas del marco de la ventana y metérselos en la boca. También era realmente mala con la gente a sus espaldas. Me inventaba chismorreos terribles. Recuerdo que cuando estaba en bachillerato, le dije a la gente que esa misma niña tenía relaciones sexuales con su gato... Y la gente me creyó.

Había un tío que, supongo, quería algo conmigo y le dije a todo el mundo que era un psicópata, que era muy rarito... Y él no lo era, para nada. Solo quería ser mi amigo. La gente en mi círculo siempre decía: "Oye, ¿cómo está tu acosador?" Yo quería formar parte de eso. De frente, lo trataba bien. Pero a sus espaldas, decía: "Es un bicho raro". Un día se acercó mientras estaba con un grupo de personas y le dije todas esas mierdas terribles en la cara, todas las cosas que había estado diciendo a sus espaldas. Él no se lo esperaba. Recuerdo haber sentido que mi ego y confianza se inflaban. "Voy a mostrarle a la gente lo guay que soy al poner a este paria en su sitio". Simplemente no pensaba. Sabía que lo que hacía no era agradable, pero tampoco me parecía para tanto.

Probablemente fui aún peor con mi madre. Fui horrible con ella, hasta el punto de que ella ni siquiera quería volver a casa. Una vez, se rompió el tobillo y cuando se quedó dormida en la cama en la sala de estar —ya que no podía subir las escaleras—, cogí sus muletas, las metí en el baño y cerré la puerta con llave. Luego la desperté solo para decirle que era un trozo mierda y un fracaso como madre... Mi madre es la persona más cariñosa, servicial y comprensiva que pueda existir. Pero había tanta ira dentro de mí que no tenía idea de cómo descargarla. Simplemente la vi como un blanco fácil. Traté así a mi madre y luego me odié tanto a mí misma que se convirtió en una profecía autocumplida. Iba al colegio y me decía a mí misma: "Bueno, soy una persona de mierda. También puedo tratar a todos como una mierda".

Eso continuó durante mis primeros años como adulta. De hecho, fui por un camino muy oscuro. Dejé el instituto cuando tenía dieciséis años. Me convertí en una persona muy violenta. Fui acusada de asalto en varias ocasiones. Me encantaba golpear a la gente en la cara. No sé lo que estaba pensando, la verdad. Era muy irascible. Un día, estaba en mi casa y tuve una revelación. Es como si mi empatía de repente se encendiera...Y empecé a llorar. Pensé: Dios mío. Mis actos afectan a la gente. A partir de ese punto, me volví extremadamente sensible. Todavía soy muy sensible. Incluso me cuesta ver películas en las que las personas se portan con crueldad con los demás. Creo que llegué a mi límite de maldad.

"Era un asco de persona. Cualquiera que entrara en contacto conmigo, a menos que me intimidara, no pasaría un buen rato conmigo"

Es muy raro. Mirando hacia atrás ahora, soy una persona diferente y viendo mi modo de pensar en ese momento, antes era completamente diferente. Hice cosas que nunca, nunca haría ahora. Nunca. Miro hacia atrás y digo: "¿Qué estaba pensando?". Pero tenía la idea de que nada de lo que hacía realmente tenía el poder de herir a la gente.

Sinceramente, creo que sería muy difícil retomar el contacto con alguna de las personas a las que hice daño. Lo he pensado y me he preguntado con quién podría contactar para disculparme. Pero ni siquiera sé con quién. Nunca fue un objetivo. Era un asco de persona. Cualquiera que entrara en contacto conmigo, a menos que me intimidara, no pasaría un buen rato conmigo.

De alguna manera, todo me ha sido devuelto. Por ejemplo, en el instituto me acosaba una chica, abandoné el instituto y después volví, como a los veinte, y mi acosadora fue mi profesora... Y ella me siguió intimidando en clase, delante de todo el mundo.

Este artículo se publicó originalmente en VICE CA.