Drogas

Cloretilo, el popper de los adolescentes de los 2000

La primera vez que oí sobre ello fue cuando mis amigos volvieron del Camino de Santiago y me hablaron de "un Reflex que, inhalado, te congelaba el cerebro".

por Ana Iris Simón; ilustración de Daniel Romero
28 Noviembre 2019, 5:00am

Ilustración por Daniel Romero

La mayoría de mis amigos del instituto iban a "post comunión", un curso en el que se preparaban para la confirmación, y un verano hicieron el Camino de Santiago. Cuando volvieron me contaron que una tarde entre etapa y etapa se habían alejado del camino del Señor y habían esnifado una especie de Reflex "que te congelaba el cerebro".

El procedimiento había sido —contaban en pasado— y sería —anticipaban el futuro porque pensaban repetirlo— sencillo: ibas a la farmacia en chándal, fingías que un chaval se había hecho mucho daño en un tobillo y que los monitores te habían mandado a comprar algo "parecido al Reflex pero que empezaba por -clo" y empezabas a titubear. Entonces el farmacéutico preguntaría "¿Cloretilo?" y habría que responder "sí, eso". Lo que vendría después sería esconderse en alguna esquina, echar el spray en la manga de la sudadera, inhalarlo y sentir que, efectivamente, el cerebro se te paraba durante unos segundos. Una sensación parecida a la del popper, solo que correría el 2000 y pico y teníamos 15 o 16 años.



Nunca más volvieron a engañar a ningún farmacéutico y mira que lo intentaron, así que yo me quedé sin probarlo. Durante aquellos últimos años de instituto también se pillaban ocasionales ciegos de Romilar, un jarabe que contiene DXM (dextrometorfano), un alcaloide opiáceo análogo de la codeína que actúa deprimiendo la tos pero que ingerido en grandes cantidades te deja flotando.

Años después Somadamantina le dedicaría una canción a un brebaje parecido al que tomaban mis colegas y todo el mundo empezaría a hablar de una bebida morada que venía de Estados Unidos y que Kidd Keo sacó en alguna foto, quizá por esa pretensión suya de hacernos creer que Alicante es en realidad un barrio de Atlanta. Pero los chavales de la periferia de Madrid y seguramente de tantas otras ciudades y pueblos llevábamos no ya años sino décadas colocándonos con jarabe y otras drogas de farmacia sin hacerle temas al asunto. Sin sacarlo en Instagram ni en videoclips.

Pero en el principio fue el cloretilo —al menos en mi instituto— e internet está lleno de sus huellas: foros en los que algunos chavales, muchos de ellos deportistas, hablan de cómo sisaban el bote del vestuario o de cómo se las apañaban para conseguir que el farmacéutico se lo vendiera cuando ya se empezaba a oler la tostada. En YouTube hay un vídeo de 2 007 con casi 20 000 reproducciones donde se ve a unos chavales que debían tener la edad de mis colegas entonces inhalando o al menos haciendo como que inhalanan el analgésico. Se llama "lo q tiene xuflar cloretilo".

"CLORETILO, droga fácil de encontrar", dice el título de un post de 2014 de un foro canábico en el que pueden encontrarse también reseñas de usos, costumbres y sustancias que poco tienen que ver con el cannabis y sus derivados. El usuario habla de una sustancia "parecida al popper" pero "que se puede encontrar y comprar en farmacias (aunque no te la darán así como así)". Para describir su uso dice que "se echa en la manga y se absorbe, te metes un chute y te da un pelotazo impresionante, de 10 segundos, muy corto pero muy intenso. Nosotros lo cogimos del polideportivo de mi barrio, lo tenían para las lesiones", escribía, a lo que otro usuario le respondía, también en 2014 lo siguiente:

"El cloretilo ya no lo dan sin receta porque se puso de moda y saltó la voz de alarma porque de repente hubo aluviones de púberes cantosos pidiendo cloretilo y cerraron el grifo como pasó recientemente con la codeína. Ya no lo dan sin receta salvo en casos contados como una buena puesta en escena o que lo pida una abuela de 70 años. En mis años mozos lo vendían siempre sin problemas. Una vez compramos un bote. Nos lo rociábamos en la manga del jersey e inmediatamente aspirábamos por la boca. De repente estabas como flotado y riéndote sin parar en un trance de 10-20 segundos. Es una cosa para hacer una vez en la vida".

En 2018, un usuario comentaba en Twitter que a los autores del best seller "Yo fui a EGB" se les había olvidado incluir el cloretilo como parte de la infancia y adolescencia de toda una generación en España, en este caso la inmediatamente anterior a la millennial —ok, boomer. Así que probablemente el consumo de cloretilo chemirosa con fines no médicos sino lúdicos por parte de grupos de adolescentes se remonte bastante más allá de los 2000, aunque no hay datos oficiales publicados al respecto.

El último informe ESTUDES (Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España) publicado por el Ministerio de Sanidad, con datos de 2018, no recoge alusión alguna al cloretilo. Se hace mención a los "inhablables volátiles", entre los que se podría encontrar, según el dossier, colas, pegamentos, disolventes, poppers, nitritos o gasolina. "El consumo de inhalables volátiles resulta residual entre los estudiantes de 14 a 18 años, aunque el porcentaje que admite haber consumido este tipo de sustancias alguna vez en la vida se ha incrementado, alcanzando un 1,7% de prevalencia y registrando datos similares a los de 2012. En el tramo temporal de los últimos 12 meses, también ha aumentado el consumo de estas sustancias, superando la barrera del 1%, algo que no sucedía desde al año 2012, cuando se registró una prevalencia de 1,2%", informa.

Pero, ¿cuál es el uso médico de cloretilo? A. G, anestesista, explica que "se utiliza como anestésico local tópico. Es decir, para anestesiar la piel. Produce este efecto porque al aplicarse en spray alcanza muy bajas temperatura, esto se llama crioanestesia. Tiene un efecto de corta duración y a medida que la piel recupera la temperatura va recuperando la sensibilidad. El cloretilo no tiene efecto anestésico local en sí", matiza.

"Los anestésicos locales pertenecen a otro grupo de fármacos que sí bloquean la transmisión nerviosa. Te sonará la lidocaina, la benzocaina y también la cocaína. Todos ellos son anestésicos locales que bloquean los impulsos eléctricos de las terminaciones nerviosas. El cloretilo no tiene el mismo efecto molecular, solamente congela unos segundos la terminación nerviosa y cuando se descongela se recupera la sensibilidad. Como dura tan poco tiempo solo es útil para procedimientos muy cortos, como venopunciones en niños, aunque creo que lo usan también en las farmacias para hacer piercings (no sé si también en los lugares donde hagan agujeros)".

Sobre su uso, A. G comenta que "sigue estando disponible, pero está prácticamente en desuso, imagino que porque han aparecido formas tópicas de anestésicos locales como la crema emla, cuyo uso es corriente antes de depilaciones dolorosas, que tienen un efecto de una duración que las hace más útiles. Es un hidrocarburo halogenado, como la mayoría de los gases que se utilizan en anestesia. Estos gases se han relacionado tradicionalmente a importante toxicidad hepática. Produce vasodilatación y aumento de la frecuencia cardiaca, así como una sensación placentera por letargo".

"Puede dar lugar a risa descontrolada o alucinaciones, principalmente auditivas, con sonidos en eco o reverberaciones"

Luis Jesús Martínez, psicofarmacólogo y colaborador de VICE que trabaja en la prevención y reducción de riesgos y voluntario en Energy Control, me explicó los efectos de inhalar el clorelito en lugar de usarlo como anestésico local tópico y siguiendo las indicaciones de uso de su prospecto. "Es rápidamente absorbido por los pulmones y es lipofílico, es decir, tendría un fácil acceso al sistema nervioso central, lo que explica los efectos neurológicos en el cerebro. En dosis bajas produce una sensación de intoxicación parecida al efecto del popper o del óxido nitroso, un 'globo' característico de los depresores del sistema nervioso central, que cursa con euforia y puede dar lugar a risa descontrolada o alucinaciones, principalmente auditivas, con sonidos en eco o reverberaciones, de corta duración. En general altera la percepción sensorial y cognitiva". Y a eso era a lo que se referían mis amigos a la vuelta del Camino de Santiago, en alguno de los últimos cursos de la ESO como "congelar el cerebro".

"En dosis superiores", añade Luis Jesús, "provoca falta de coordinación e inconsciencia, pudiendo aparecer también calambres estomacales, irritación ocular, disartria (incapacidad para hablar o articular sonidos), náuseas y vómitos. Su inhalación a largo plazo puede provocar efectos neurológicos como falta de coordinación, vértigo, desorientación, pérdida de memoria a corto plazo y alucinaciones. No obstante, son escasos los estudios en humanos sobre las secuelas a largo plazo de la intoxicación por cloretilo. Parece que también podría afectar a los tejidos cardíacos debido a la estimulación vagal. De las pocas publicaciones científicas sobre riesgos y complicaciones relacionadas con el cloretilo, una de ellas es de febrero de 2019, en la que se informa sobre la muerte de una persona relacionada con consumo de cloretilo en Singapur. Existen dos publicaciones que relatan la muerte por inhalación de cloruro de etilo y otras dos en las que se reportan complicaciones neurológicas que remiten al cabo de unos días".

"Después de un minuto riendo descontroladamente y con la baba colgando volvió en sí, pero no recordaba qué había pasado"

Sobre sus riesgos comenta que "el principal podría ser la pérdida de consciencia y las caídas o golpes que puedan suceder por dicha pérdida y que podrían suponer una gran variedad de complicaciones. Este riesgo es bastante común, dado que la gente que lo usa en entornos de fiesta suele inhalar repetidamente o con cierta regularidad tras la desaparición de los efectos, o aumentar la intensidad de las inspiraciones", dice. Y añade una experiencia personal: "recuerdo incluso haber visto, antes de especializarme en psicofarmacología, de adolescente, a un amigo aplicárselo directamente en la boca. No sabíamos cómo le iba a sentar aquello, pero después de un minuto riendo descontroladamente y con la baba colgando, mi colega volvió en sí, pero nos decía que no recordaba qué había pasado".

Luis Jesús trabaja junto a sus compañeros de Energy Control Madrid en la prevención, la información y la promoción del consumo consciente y responsable de drogas, muchas veces en acciones a pie de calle. Y cuando le pregunto si ha visto casos o chavales que hayan pedido información al respecto me dice que apenas. "Este año, en el mes de abril, una compañera de Andalucía alertó de chavales consumiéndolo en unas fiestas de la zona, pero apenas se ve ni es una sustancia de la que se demande información. En general no suele haber demandas sobre inhalantes, quizá alguna consulta sobre el popper pero en general suelen ser drogas de consumo usadas por colectivos de población vulnerable, ya que son productos de utilidad industrial o de precio bajo, con efectos intensos aunque tengan muy poca duración, pero podrían compensar a los usuarios en cuanto a efecto/coste".

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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