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No todos los brasileños odian a Dilma Rousseff

En medio de un escándalo de corrupción que podría acabar con la destitución de la actual presidenta, millones de personas, sobre todo de las clases medias, salen a las calles a darle su apoyo.
13.4.16
Photo by Eraldo Peres/AP Images
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Claudete da Costa jamás ha estado cerca de la élite privilegiada de Brasil. Como niña de la calle que logró sobrevivir a una masacre a manos de la policía en 1993, la mujer de 36 años se la ha pasado en el lado equivocado de la desigualdad social y el abuso de poder.

Sin embargo, da Costa, una de las 11 millones de personas que viven en las favelas, no está contenta con la posibilidad de que la presidenta Dilma Rousseff pueda ser juzgada y que su gobierno se venga abajo por las acusaciones de malos manejos en las finanzas públicas.

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"Nunca pensé que viviría para ver un golpe de estado de cerca. Lo que están haciendo con Dilma es una cobardía", dijo respecto al juicio político contra Rousseff, el cual se espera que sea votado por el congreso el próximo domingo. "Obtuvimos la dignidad al ser reconocidos como trabajadores. El estándar de vida mejoró. ¿Vas a rechazar un gobierno como este?"

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Las cargos presentados en contra de Rousseff se dan en un momento donde los niveles de popularidad de la presidenta están extremadamente bajos, el país está batallando con la recesión y los políticos de todos los ámbitos han sido involucrados en grandes escándalos de corrupción.

Pero muchos aún ven los esfuerzos por quitar a la presidenta de su cargo como una estrategia política, encabezada por varios políticos quienes también están bajo investigación por corrupción.

Uno de ellos es el líder de la Cámara baja del congreso, Eduardo Cunha, quien en diciembre dio luz verde al proceso de acusaciones contra Dilma. Su partido — el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) — fue el principal aliado de coalición del Partido de los Trabajadores (PT). Desde entonces, el PMBD ha roto relaciones con el gobierno; por ello, Michel Temer, vicepresidente de Brasil, espera para reemplazar a Rousseff en caso de que sea suspendida.

El debate sobre la destitución de Rousseff estuvo acompañado el mes pasado por protestas antigubernamentales masivas, en las que millones de personas salieron a las calles de todo el país. Pero, a pesar del gran tamaño de las mismas, las protestas no representaron a la sociedad brasileña en su totalidad.

'Para muchos de nosotros, se trata de un gobierno que le dio dignidad a las personas que estaban excluidas por la sociedad'.

El instituto de investigaciones Datafolha concluyó que los hombres de 36 años o más, con buena educación, estuvieron representados desproporcionalmente en la manifestación más grande en Sao Paulo. A través de más de 2.000 entrevistas, los investigadores concluyeron que tres cuartas partes de los manifestantes habían alcanzado la educación superior, mientras que la mitad contaba con ingresos de cinco a veinte veces más altos que el salario mínimo de 880 reales brasileños, unos 245 dólares.

Por su parte, los votantes de clase trabajadora han estado más presentes en concentraciones pequeñas, pero llamativas del PT. Da Costa, quien habló desde el podio en una de las manifestaciones en Río, dijo que las acusaciones contra la presidenta va más allá de los partidos político y se dirigen hacia el corazón de la lucha de clases en Brasil.

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"No estamos luchando por el Partido de los Trabajadores", dijo. "Para muchos de nosotros, se trata de un gobierno que le dio dignidad a aquellas personas que estaban excluidas para toda su vida por la sociedad", agregó.

La historia de Claudete da Costa es testimonio de la rápida transformación de Brasil en los últimos 20 años, período en el cual millones de personas han sido sacadas de la pobreza gracias a los programas de asistencia social implementados por el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

Claudete da Costa. (Imagen por Donna Bowater/VICE News)

Ella empezó trabajando en las calles desde que tenía 10 años, buscando material reciclable entre la basura para vender. Estuvo entre una docena de niños que dormían en las calles afuera de la iglesia Candelaria de Río, cuando en 1993 la policía abrió fuego y mató a ocho.

Hoy en día, sigue trabajando en las calles, pero también representa a un movimiento nacional de recolectores de materiales reciclables. Da conferencias y ha viajado al extranjero. Sus hijos tienen oportunidades y derechos sociales.

Ella cree que el futuro de un Brasil más inclusivo y democrático está en peligro en medio del caos político actual.

Lula, señala, fue el primer presidente en sentarse con los trabajadores negros y escuchar sus necesidades, un legado por el que ella cree que vale la pena luchar a pesar de las acusaciones de corrupción, aún sin pruebas, en contra del expresidente. Lula está siendo investigado por la masiva operación judicial Lavado de Autos por conspiraciones de sobornos asociados con Petrobras, la compañía de petróleo dirigida por el Estado.

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"Si Lula se equivocó, estoy a favor de que pague por sus errores", añadió. "Pero estoy en contra de lo que están haciendo, porque aún no hay suficientes pruebas".

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Con una desaprobación del gobierno de cerca del 70 por ciento, de acuerdo con la encuestadora Ibope, es claro que el descontento popular por la presidenta no está confinado a la clase media y alta.

Muchos habitantes de barrios pobres en todo el país también se sienten desilusionados por los políticos conforme resienten la peor recesión en 25 años.

Aquellos que critican al gobierno han sugerido en ocasiones que Rousseff fue reelegida simplemente por la fuerza del programa de asistencia social de Lula, llamado Bolsa Familia, que beneficia a las familias pobres siempre y cuando sus hijos permanezcan en la escuela. El programa tiene la fama de haber sacado a millones de la pobreza y ha tenido su mayor impacto en la parte más pobre al noreste del país.

'Si Lula se equivocó, estoy a favor de que pague por sus errores'.

No obstante, en lugares como Sao Miguel dos Milagres, un poblado costero al noreste con 8.000 habitantes donde el salario mensual promedio en 2012 era de 907 reales (250 dólares), no todo mundo está convencido. Existe un sentido de desconexión y descontento de los principales centros de poder en Brasilia, Río, y Sao Paulo, provocando apatía en la población. La ola de protestas — a favor, o en contra de los cargos a Dilma — aún no llega a la región.

El poblado experimenta una apogeo en el turismo donde hoteles boutique sobresalen sobre las playas paradisiacas. Sin embargo, la mayoría de las familias del barrio Toque siguen dependiendo de Bolsa Familia.

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Edvania da Conceição, de 33 años, es dueña de una tienda a un lado de la carretera principal que lleva al poblado. Es madre de dos niños y vive en uno de los humildes edificios de la zona; comenta que la opinión pública está dividida a pesar del alto número de familias que reciben el apoyo del gobierno. Además, añade, tiempo atrás había apoyado al gobierno, pero cambió de opinión en las últimas elecciones y ahora está a favor de las acusaciones, aunque no puede explicar el porqué.

"Había votado por Lula, y voté por Dilma en el pasado, pero no hizo mucho. Lo que está sucediendo es prueba de ello", dijo. "La crisis es muy grande".

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Para muchos otros que se sienten marginados por las clases dominantes, ninguno de los dos lados ofrece una solución atrayente para la crisis, al mismo tiempo que políticos de todos los niveles están siendo manchados por escándalos de corrupción.

'Había votado por Lula, y voté por Dilma en el pasado, pero no hizo mucho'.

Marcos da Silva, sargento de la policía militar oriundo de Porto das Pedras, en el estado de Alagoas, dice que colocó un voto en blanco en las pasadas elecciones como protesta por la falta de líderes "competentes".

"La crisis política es el resultado de la mala administración de ambos lados", comentó el brasileño de 51 años. "Brasil tiene los recursos necesarios para cambiar, pero ellos [los políticos] solo quieren robar".

Da Silva, quien ha trabajado para la policía militar casi 30 años, dijo que estaba a favor de los cargos, pero cree que la única solución para la prolongada crisis es la intervención militar.

"Metan a todos a la cárcel", añadió. "La política en Brasil tiene que cambiar".

Algunas voces han sugerido que una alternativa más democrática sería volver a convocar unas elecciones. Esta opción es respaldada por Rede Sustentabilidade, el partido liderado por la candidata a la presidencia en 2014, Marina Silva, quien perdió en la primera ronda.

Y después están aquellos que para nada ven una solución a futuro, como Maria, de 26 años, quien se negó a dar su apellido, y habita en una casa de ladrillos de barro en las afueras de Porto da Rua, Alagoas. Ella dijo que sobrevivió gracias a Bolsa Familia: su principal preocupación en medio de la crisis política.

Mencionó que los pobres de Brasil estaban "olvidados y eran más" que la élite que protesta a favor de los cargos, pero que la vida para los pobres era mucho más difícil bajo el mandato de Rousseff que antes. El problema, dice, fue no haber visto una mejor alternativa.

"Empezó haciendo bien las cosas, pero ahora todos quieren deshacerse de ella", comentó Maria, actualmente desempleada. "No tenemos forma de saber por quién más votar", dice finalmente.

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