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La bolsa china se colapsa y la desconfianza podría empeorar

Los expertos advierten que las acciones chinas podrían desplomarse más y señalan que el esfuerzo por intervenir y estabilizar los valores podría prolongar el ajuste de la burbuja bursátil.
Photo par An Ming/EPA

Las autoridades chinas se están afanando en aliviar el pánico de sus inversores cuyas acciones han caído en picado en las últimas semanas. Los mercados del país perdieron un tercio de su valor el mes pasado.

Solo el miércoles, el índice de Shangay se desplomó hasta casi el 6 por ciento. Poco después de su apertura, los mercados chinos cayeron a tal velocidad que más de la mitad de compañías de los parqués de Shangay y Shenzen suspendieron la cotización de sus acciones para evitar mayores desmoronamientos.

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A pesar de las dramáticas caídas registradas al abrirse la jornada — el índice de Shangay llegó a caer hasta un 8 por ciento a los pocos minutos de su apertura — el crecimiento registrado disminuyó a la hora del cierre, la enorme confusión ha provocado que el gobierno chino haya intervenido para detener drásticamente las ventas. Sin embargo los expertos ya han advertido que es probable que la renta variable siga cayendo, y señalaron que el esfuerzo del gobierno puede prolongar la desaceleración de un mercado que amenaza con convertirse en burbuja, después de que la compra de las acciones de crédito hubiese disparado el índice de Shangay hasta más de un 150%. De hecho, solo el año pasado, el de Shenzen triplicó su valor.

El miércoles, la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China (CRMV) dictaminó que aquellos accionistas, ejecutivos e inversores que dispongan de más del cinco por ciento de las acciones de alguna compañía, no podrán vender ninguno de sus activos durante los próximos seis meses. La Comisión expresó a través de un comunicado que la decisión se había tomado con la intención de "mantener la estabilidad del mercado de capitales y proteger los derechos legales y los intereses de los inversores". Y añadió que toda infracción será "reprimida seriamente". Los reguladores ya habían dado instrucciones previamente a las empresas públicas que cotizan en bolsa de que no vendieran ninguna de sus participaciones. Y, a principios de este mes, también limitó su apertura de capital.

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Los expertos llevan meses advirtiendo que el mercado de valores chino se había convertido en una burbuja a punto de estallar. El dramático aumento de la renta variable fue alimentado por el incremento del margen comercial, donde las acciones se compran con capital prestado y hay millones de nuevos inversores independientes. Los parqués chinos han padecido la llegada de muchos inversores que han sido alentados a comprar acciones por el Partido Comunista, y que tienen poca o ninguna experiencia en el mercado de valores. Algunos de ellos ni siquiera tienen educación escolar y han invertido sus ahorros en intercambios para luego impulsar sus adquisiciones con dinero del que no disponen realmente, lo cual ha disparado las pérdidas.

Un accionista observa las acciones en una pantalla electrónica en un parqué de Pekín. (Foto de Wu Hong/EPA)

Según la Corporación de Financiación del Mercado de Valores de China (CSF) en 2014 China contaba con 181.5 millones de carteras de negociación — más del doble que hace una década. En junio, las autoridades comunicaron que había más de 90 millones de inversores individuales, una cifra todavía más alta que el número de afiliados al Partido Comunista Chino, que cuenta con 87.8 millones de miembros.

"El año pasado Pekín alentó a la gente a que invirtiera en bolsa", afirmó a VICE News Nicholas Consonery, el director de operaciones en Asia del grupo Eurasia. "Los precios estaban muy bajos y parecía un gran mercado en el que invertir".

Consonery comentó que hacia marzo y abril de este año el gobierno se percató de que los precios de las acciones eran peligrosamente altos y empezó a rebajar su llamamiento. Sin embargo, los índices siguieron aumentando.

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"Yo creo que el gobierno perdió el control sobre la fijación de los precios", señaló Consonery. "Subieron demasiado rápido y demasiado alto, así que ahora estamos asistiendo a su doloroso ajuste".

Los mensajes de los líderes políticos y de los medios de comunicación oficiales en los últimos años, también contribuyeron a allanar el pelotazo inmobiliario, que la clase media china entendió como una formidable oportunidad para apuntalar su riqueza.

"Las autoridades chinas han orquestado una desaceleración inmobiliaria durante los dos o tres últimos años", señaló a VICE News Ángel Ubide, socio del instituto Peterson de Economía Internacional. "Los mayoría de los ahorros de la población chinos fueron destinados a la compra de casas… De manera que se producido un movimiento rotatorio en el mercado inmobiliario… Parte de esos ahorros se han desplazado hacia el mercado de valores".

La concentración en las acciones era parte de un amplio esfuerzo por transformar la manera en que las compañías estatales generaban ingresos y de asegurar el futuro económico del país a largo plazo. Durante muchos años, las empresas chinas han dependido severamente de la deuda para financiar sus actividades. Así que, según cuenta Ubide, para las autoridades chinas impulsar la bolsa era una manera de matar dos pájaros de un tiro: se trataba de empujar a las empresas hacia un escenario ligeramente menos opaco, la generación de capital, a partir de la venta de sus acciones. Y, al mismo tiempo, alentar a los ciudadanos de a pie a comprar esas acciones a largo plazo, a la manera en que sucede en otros países industrializados, donde, a menudo, las jubilaciones están invertidas total o parcialmente en el mercado de valores.

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Un accionista se toma una siesta en un parqué pequinés, junto a un hilera de pantallas de ordenador en las que se puede leer el valor de las acciones. (Foto de Wu Hong/EPA)

Los síntomas del incremento de la burbuja se propagaron por todas partes el año pasado. Uno de los casos más sonados fue el de la constructora Shangai Duoln Industry, que se cambió el nombre por P2P Financial Information Service Co.Ltd. A pesar de no haber cambiado en absoluto su negocio subyacente, el valor de la compañía subió un 10 por ciento en los dos días siguientes, y lo hubiese hecho más, de no haber sido por haber alcanzado su límite de crecimiento en un día. Algunos especialistas han observado que los límites al crecimiento diario — cifrado en movimientos de hasta un 10 por ciento, tanto negativo como positivo, en un solo día — están disuadiendo a algunos inversores a la hora de movilizar o anticipar el ajuste natural de los precios de las acciones.

Sin embargo, a pesar de ejercer un control estricto sobre muchos ámbitos de la economía china, las autoridades se quedaron observando mientras los mercados empezaban a desenredarse el mes pasado. Desde el 12 de junio las acciones del índice de Shangay se han desplomado hasta casi un 32 por ciento. En ese periodo se han registrado pérdidas de más de un billón de dólares entre los inversores. O sea, ocho veces más grandes que la deuda total griega — una preocupación que, hasta ahora, había llenado todas las portadas financieras. Y pese a todo, esta caída no es tan monumental como la registrada a principios de 2007, cuando se produjo la crisis financiera mundial. Entonces las acciones chinas perdieron más del 70 por ciento de su valor.

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Aún contando el reciente colapso de sus acciones, el índice de Shangay sigue estando un 50 por ciento más alto que el año pasado. Sin embargo, en la medida en que China siga invirtiendo en las imaginarias alturas del mercado, la pérdida de ahorros está golpeando de manera dolorosa a infinidad de inversores, en especial a aquellos que abrieron cuentas de margen. Y para empeorarlo todo un poco más, muchos de los que invirtieron su dinero en acciones en los últimos años son miembros son miembros de la relativamente nueva clase media china o tienen un nulo bagaje educativo. Tales inversores es muy posible que queden marginados de los futuros intercambios de acciones que tanto habían alentado las autoridades.

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Según un estudio publicado por la Universidad de Finanzas y Economía del sudoeste de China, la formación académica de los nuevos inversores, raramente rebasaba el graduado escolar. Más de la mitad de los nuevos accionistas no había rebasado el instituto y un cuarto de ellos se había quedado en la primaria. Entre los inversores ya existentes, que acumulaban alrededor del doble del capital invertido que los miembros de la nueva camada, más de la mitad se habían quedado en el instituto.

Para aquellos que han invertido por primera vez, y para toda la clase media a la que se alentó a comprar acciones, la herida durará, aseguró Consonery.

"Hay muchísimos inversores acaudalados que terminarán siendo castigados duramente por el ajuste del mercado — esa es la triste realidad", subrayó. "El impacto sobre la riqueza familiar será importante".

"A nivel político la gran pregunta es que influencia tendrá toda la catástrofe en términos de reforma [fiscal]", añadió, a sabiendas de que la preocupación actual de los analistas es si el gobierno impondrá ahora la intervención económica por encima de la implementación de la economía de mercado. "La gente cree que la administración del presidente Xi Jinping está dirigida a la reforma fiscal. Y yo todavía creo que están buscando la manera de salir adelante".

Sigue a Samuel Oakford en Twitter: @samueloakford