El reino del reggaetón y su indiscutible afán por mantenerse en la cima

El reino del reggaetón y su indiscutible afán por mantenerse en la cima

Más allá de que el reggaetón y sus derivados sean el nuevo pop, vale la pena ver todo lo que está haciendo esta industria para mantenerse en el trono de los charts.

Hace poco J Balvin se coronó como el artista más escuchado a nivel global en Spotify y logró su primer #1 en el Hot 100 de Billboard con “I Like It” junto a Cardi B y Bad Bunny, un trono en el que no solamente está su figura, sino lo que representa: el hecho de ser latino, cantar reggaetón y hacerlo en español.

Básicamente es una cachetada en la cara no solo a haters, sino a todos aquellos que hace 15 años decían que este género era una moda y no iba a durar.

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Pero más importante que esto que ya se ha dicho, es empezar a entender lo que está corriendo en paralelo. Un fenómeno que podría pasar desapercibido, pero que está ahí, ante los ojos de todos: El reggaetón, en su papel de nuevo pop, está generando un orden mundial en el que el español, como idioma, está colonizando a la inversa un territorio históricamente relegado al mercado anglo.

En 2017 “Despacito”, de Luis Fonsi con Daddy Yankee, conquistó los charts como la canción más escuchada en la historia de YouTube, superando a “See you again” de Wiz Khalifa y Charlie Puth. Durante un tiempo también fue la más escuchada en el mundo según Spotify y solo fue superada en agosto de ese mismo año por “Mi gente” de J Balvin. De ahí en adelante se fueron disparando una tras otra, como si fueran balas de ametralladora, las canciones del género urbano que han servido de escalera hacia la cima de todos los charts: "Soy peor" de Bad Bunny, "El farsante" de Ozuna, "Shaky shaky" de Daddy Yankee, "Felices los 4" de Maluma, dentro de una lista larga y cada vez más nutrida de hits.

Y detrás de los charts, hay fenómenos que acompañan esta escalada del género; como romper con los prejuicios que lo acompañan desde su nacimiento: que es machista, que es básico y que es "popular", entendiendo esto como algo clasista, relegado a cierto "tipo de gente". Últimamente es aún más palpable que el reggaetón ha mutado, desde la producción cada vez más exigente consigo misma, arriesgada y efectiva, hasta el discurso, en algo donde ya no prima el prejuicio de la misoginia, o del machismo.

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De hecho, canciones como “Downtown” de Anitta con J Balvin o “Pineapple” y “Ahora me llama” de Karol G, demuestran desde lo urbano el empoderamiento femenino, reforzando el hecho de que son ellas las que mandan, las que también pueden controlar y hacer a su antojo lo que quieran con los hombres, lo que demuestra que la cima también es de ellas en este momento y no de las princesas del pop que cada vez se están quedando hundidas en el olvido o pasándose al reggaetón y al trap como Shakira con Maluma, por ejemplo. Y ni hablar de el clasismo que antes se le adjudicaba, pues el género ha mutado a algo tan global, que logró conquistar todas los sectores de la sociedad y es algo más que evidente en cualquier pista de baile.

Lo que más sorprende es que ya ni siquiera la industria del reggaetón y sus artistas intentan lanzar 10 canciones y esperar que de todas una se convierta en hit. Por el contrario, cada canción representa un reto de superarse a sí misma y a su crew en los charts, y esto no está pasando una vez cada tres meses: la lucha es mensual contra sí mismos y semanal contra otros. Solo por poner un par de ejemplos: un día después de que Daddy Yankee publicó "Dura" en enero de este año, salieron "Machika" de J Balvin con Anitta y Jeon y "Todo comienza en la disco" de Wisin y Yandel. Los tres videos, al momento de escribir esto, tienen números absurdos de views solo en YouTube: Más de 90 millones Wisin y Yandel; más de 140 millones J Balvin; más de 900 millones Daddy Yankee.

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Tres canciones en un mismo día.

Y esta lucha, sin duda, ya no es por el trono de la música urbana entre los artistas que hacen parte de ella, sino por el trono de la música urbana versus cualquier otro género. No se trata de un todos contra todos, aunque sí tal vez contra la industria pop, rock y alternativa. Y la están ganando juntos. La semana en que J Balvin se coronó como el artista más escuchado en Spotify, también cerró con el video de "No es justo" junto Zion y Lennox y el remix de "X" junto a Nicky Jam, Ozuna y Maluma (cerrando de paso cualquier tipo de disputa entre este último), y al mismo tiempo Ozuna publicó el video de "Vaina loca" junto a Manuel Turizo. En el mismo periodo de tiempo, Bad Bunny publicó "Estamos bien" y el mismo día apareció junto a Arcángel en "Original". Mientras tanto, del otro lado del charco C. Tangana representando con "Bien duro".

Seis canciones de nueve artistas en un mismo día, la mayoría dentro del top de tendencias de YouTube, todas con la promesa de convertirse en hits.

Si bien es evidente que estamos inmersos en la era del reggaetón, vale la pena preguntarse hasta dónde nos llevará la industria en su afán de mantenerse en la cima; si la promoción y el músculo para hacer de esto algo cada vez más masivo nos va a terminar metiendo en un ciclo de sobresaturación innecesaria; si una vez siendo los reyes globales de todos los charts y números uno en todo el mundo, va a ser imposible que llegue algo a bajarlo del trono.

¿Hasta dónde llegará el reggaetón después de haber tocado la cima?

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