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Cómo conseguir ahorrar lo que te has propuesto

"Si fumas, desayunas en el bar, juegas lotería y los sábados te pones hasta el culo, no digas que no puedes ahorrar, di que tienes otras prioridades".
3.5.19
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Llevo trabajando desde los 17 años y nunca he conseguido ahorrar. Con nunca me refiero a jamás. En mi vida. Cuando acumulo una cantidad considerable de dinero, cosa que ocurre en contadas ocasiones y siempre por motivos ajenos a mi capacidad de acumular capital como una paga doble o una beca, automáticamente nace dentro de mí la necesidad imperiosa de gastarlo en algo que hasta entonces ni me había planteado y ni siquiera había deseado tener o hacer. O lo que es peor, lo voy gastando y cuando quiero darme cuenta ya no está. Mi madre solía decirme que "parecía que tenía un agujero en la mano" y no se equivocaba. Las madres, nos guste o no, casi nunca se equivocan.

Engroso, pues, ese grupo de españoles que acercan la tasa de ahorro de nuestro país a límites históricos. Y mi caso no es del todo el de esas personas, que no son pocas, a las que les resulta imposible ahorrar por las condiciones de precaridad, las deudas generadas por hipotecas o préstamos, los alquileres prohibitivos o las cargas familiares. Porque carezco de todo lo anterior, pero también de la capacidad de controlar mis gastos y pensar en el futuro. Cuanto más tengo, más despilfarro. Me consuelo a mí misma, camuflo mi realidad con trucos como no mirar la cuenta del día 15 de cada mes en adelante o con mantras como "el dinero está para gastarlo", que normalmente vienen precedidos de un "bah".

Pero cuando llega la conversación entre colegas sobre cuánto tenemos en la cuenta cada uno o alguien menor de 30 me habla de que está ahorrando para un piso o un viaje de más de una semana o tengo una derrama la sensación siempre es la misma: eres un puto desastre, tía. Así que para tratar de ponerle remedio a esta situación, he consultado con dos personas que saben de qué va la movida.

La primera es Guillermo, gran amigo y mejor ahorrador que, a sus 24 años, consiguió guardar durante menos de dos años de trabajo la cantidad suficiente de dinero como para pagarse un máster y seguir viviendo de manera independiente sin necesidad del trabajo asalariado durante el año y medio siguiente. La primera pregunta que le hago es la que me hago a mí misma cuando me doy cuenta de mi incapacidad para ahorrar: ¿por qué?

HORMIGAS VS CIGARRAS

"Porque estoy dispuesto a hacer más sacrificios que tú, supongo. Sacrificios de estar por casa, me refiero. Sé que si, por ejemplo, quiero pedir algo de cenar, si salgo a la calle me va a salir más barato que si me lo traen. Entonces estoy dispuesto a bajar y comprarlo para ahorrarme unos euros. Tú vives la vida de otra manera y esos cuatro euros supongo que prefieres invertirlos en estar a gusto tumbada en la cama viendo vídeos de Youtube. Al final es coste de oportunidad y lo que está dispuesto cada uno a hacer para ahorrarse unas monedas. Yo soy la hormiga y tú la cigarra", me responde.

Guillermo es tan ahorrador que incluso se inventó un dicho del que está muy orgulloso: "florín a florín se hace un botín". Lo peor es que tiene razón. Consulto a Tomás Pulido, autor de Ahorra y sé feliz, un manual que recoge más de 300 trucos para el ahorro, sobre por qué algunos seres humanos somos prácticamente incapaces de ponerlos en práctica o no siquiera nos lo planteamos.

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"La clave es que tendemos a ver el ahorro como cosas que te quitas en vez de como elecciones positivas que te acercan a tus objetivos. Por eso lo primordial es tener unas metas lo suficientemente motivadoras para que el esfuerzo merezca la pena. Por ejemplo, mi objetivo principal es alcanzar la independencia financiera, llegar algún día a poder "vivir de las rentas" y poder dejar de trabajar por obligación", me explica.

Casi a modo de excusa y aunque, como ya he apuntado, no es mi caso, le comento a este gurú del ahorro que no todo el mundo puede guardarse algo de dinero a final de mes. "Lamentablemente en España tenemos algunos salarios de subsistencia que complican mucho que algunas personas puedan ahorrar. Pero al final todo es una cuestión de prioridades, de renunciar a unas cosas para quedarnos con otras. Si fumas, desayunas en el bar, juegas lotería y los sábados te pones hasta el culo, no digas que no puedes ahorrar, di que tienes otras prioridades".

Bien. Esto es lo que a partir de 2011 se convino en llamar zasca, porque menos jugar a la lotería hago todo lo demás. ¿Y ahora qué? Ahora vamos a ver si podemos reconducir la situación, así que le pido tanto a Tomás Pulido como experto en la materia como a Guillermo como la persona más ahorradora que conozco que me den sus trucos, sus claves para no gastarme la totalidad de mi sueldo cada mes.

FIJARSE OBJETIVOS

Suena a discursito de coaching barato pero Pulido da en el clavo cuando apunta a los objetivos, tanto vitales como materiales -esto es: fijarse unos límites de gasto y unos mínimos de ahorro- para conseguir prosperar cuando uno se propone ahorrar.

"Necesitas encontrar algo que te suponga la motivación suficiente par hacerlo: hacer realidad ese negocio que siempre has tenido en mente, construir un hogar, tener hijos, dejar tu trabajo para dedicarte a lo que verdaderamente te entusiasma…", dice. "Además, independientemente de los sueños, todos deberíamos ahorrar también por seguridad. En España la mayoría de personas gastan cada mes el 100% de su sueldo, viven a una nómina de la bancarrota. Tener un fondo de emergencias para afrontar imprevistos o poder aprovechar oportunidades es básico. Y no hablemos ya de la jubilación, porque los millennials lo vamos a tener muy jodido", apunta.

Tener objetivos vitales, vale. Creo que puedo conseguirlo, o al menos puedo trabajar por no verlos como inalcanzables, un pensamiento que, creo, tiene bastante de generacional. La teoría la tengo, pero, ¿y la práctica?

"Lo más importante es cambiar el orden de prioridades en la administración del dinero. Si sólo ahorras lo que te sobra a fin de mes vas a ahorrar poco o nada", me dice. Y tiene toda la razón. Ahorro nada, más bien. "Por eso, para conseguir ahorrar hay que aplicar el concepto "depágate a ti primero". Nada más cobrar la nómina, aparta una cantidad mínima asumible de ahorro mediante una transferencia automática a un fondo o cuenta de ahorro. Es como poner tus finanzas en piloto automático, ahorrando sin esfuerzo, sin tener que hacer nada, sin depender de tu fuerza de voluntad o siquiera de acordarte de hacerlo. Habrá quien sólo podrá ahorrar 50 euros al mes y quien podrá ahorrar 1000 sin esfuerzo. Lo importante al principio no es la cantidad, sino adquirir el hábito y establecer mentalmente la prioridad de situar el ahorro por delante de todo lo demás", expone.

MICROGASTOS Y GRANDES GASTOS

Ahora bien: no hay que ser un lince del ahorro para darse cuenta de que hay gastos y gastos. ¿En cuáles merece la pena ahorrar? Nunca me he parado a contarlo y quizá ese sea el problema, pero creo que en comer fuera, tomarme un café con no se quién un día y con no se quién otro día y comprar en el Carrefour Exprés porque está más cerca de mi casa que el Día se me va un pico.

"Supongo que te estás refiriendo a lo que yo llamo gastos hormiga", comenta Pulido. "Se conocen también como factor Latte, término acuñado por David Bach para referirse a esos pequeños gastos diarios que parecen poca cosa pero que puestos en perspectiva al cabo del tiempo suponen un gran agujero. David Bach ponía como ejemplo el café diario del Starbucks de 4 euros, que al cabo de 20 años son más de 20.000 euros.

En mi libro yo menciono el caso real de un compañero de trabajo que entre desayuno en el bar, cafés, snacks y aperitivos y el menú del día se venía dejando 15 euros al día, más de 3.000 al año. Y no es el ejemplo más flagrante que se me ocurre", apunta. Así que ojo con ellos. Hay que tenerlos en cuenta, hay que comparar precios en el día adía, pero "de poco sirve ahorrar 20 céntimos al comprar un paquete de legumbres si tu casa vale en realidad un tercio menos de lo que pagaste por ella o si negociando mejor podrías haber comprado tu coche 600 euros más barato. En los gastos grandes es donde proporcionalmente se debe poner más énfasis y dedicar más tiempo", matiza el experto. "Sin embargo, eso no quita que también podamos ahorrar en el día a día. Muchos pocos hacen un mucho", concluye.

TRADUCIR LOS GASTOS A HORAS DE TRABAJO, EL MÉTODO KAKEBO Y OTROS TRUCOS

Cuando le pregunto por trucos o estrategias, el autor de Ahorra y sé feliz me cuenta el que considera más efectivo a nivel psicológico: traducir el precio de las cosas a horas vitales. "Por ejemplo, si tu sueldo son 1.000 euros, unas zapatillas de 60 te cuestan 10 horas de trabajo, un Smartphone de 600 son 100 horas de trabajo… Así se aprecia mejor lo que cuestan las cosas", comenta.

"Otra corriente que puede ayudar es el minimalismo, es decir, eliminar todo lo superfluo de nuestras vidas y quedarnos sólo con las cosas que nos hacen felices. Además, siempre recomiendo el método Kakebo para llevar un control de gastos. Consiste básicamente en apuntar los ingresos y restar los gastos fijos previstos junto con una aportación al ahorro, y lo que queda es el dinero que hay para pasar el mes. Después, los gastos se clasifican en 4 categorías: supervivencia, ocio y vicio, cultura y extras. Pero en vez de gastar los casi 20 euros que cuesta un cuaderno Kakebo prefiero una hoja de Excel en el que las formulas se encarguen de automatizar los cálculos", explica.

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En cuanto al uso de efectivo o tarjeta, otra de las excusas baratas que me pongo cuando me justifico por no ahorrar ("es que nunca llevo efectivo porque es un coñazo ir a sacarlo, así que acabo gastando más"), el autor de Ahorra y sé feliz comenta que "en general, pagar con tarjeta al ser un método con menos fricción contribuye a que se gaste más. Por eso Amazon está trabajando en tiendas en las que ni siquiera tendrás que sacar la tarjeta, sólo entrar, coger lo que quieras y salir", dice. La lógica es aplastante, la verdad.

POR DÓNDE EMPEZAR

Que no se te vaya la olla gastando en el día a día pero menos cuando tienes que invertir una gran cantidad de dinero en algo -un teléfono, un ordenador, un coche-, intentar usar efectivo, llevar un reporte de los ingresos y los gastos fijos, desviar una cantidad de dinero automáticamente a una cuenta de ahorro para no caer en la tentación, traducir el precio de las cosas a cantidad de horas de trabajo invertidas para comprarlas…Todo ok con ello. Lección aprendida pero, ¿por dónde empezar?

"Yo soy partidario de establecer metas a corto, medio y largo plazo", expone Tomás Pulido. "Todas ellas han de ser realistas, pero con distinto espacio de tiempo para cumplirlas. Después tendrás que ir revisando y haciendo ajustes sobre el plan inicial para asegurarte de que vas en la buena dirección".

Sin embargo, cuando empiezas, según parece, todo fluye de manera mucho más natural. "Tampoco hay que ser un fiera para saber que las siete copas que te pides cada vez que sales igual están teniendo algo que ver con que no ahorres una mierda", comenta Guillermo, que aunque no es autor de ningún manual, sí es una persona de menos de 30 años que consigue ahorrar cantidades considerables con un sueldo normal y eso por desgracia no es algo que se vea todos los días.

"Yo intento gastar poco, punto. El ahorro ya viene solo y muchas veces es pararte y pensar ¿este gasto es realmente necesario? ¿Esa copa a dos minutos de que cierren la discoteca es dinero bien invertido? ¿De verdad es necesario pedir un menú del Five Guys que cuesta cómo 20 pavos para pasar la resaca? No quiero meterme en dónde decide cada cual invertir su dinero, pero yo lo uso como manera personal de ahorrar. Eso y a tope con la marca blanca. Si al final todas las pizzas las hace Casa Tarradellas, ¿no?".

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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