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sexo

Trabajé mandando fotopollas a mujeres desconocidas

Las fotopollas se pagaban a 10 euros, y tenía la opción de concertar citas y prostituirme.

por DGM; tal y como se lo contó a Pol Rodellar
02 Abril 2019, 6:26am

Ilustración por Teresa Cano

Hace cuatro meses empecé a trabajar para una empresa en la que tenía que chatear con mujeres y mandarles fotos de mi polla. Los chats se cobraban a 10 euros la hora y por cada fotopolla me daban 10 euros adicionales.

No es que estuviera muy desesperado buscando trabajo, pero un día vi un anuncio en la sección de empleo de Milanuncios.com que me llamó la atención y lo probé. Yo ya tengo curro, pero siempre voy mirando ofertas laborales para poder compaginarlas con lo que hago, un poco más de dinero siempre viene bien. Recuerdo que en el anuncio no dejaban muy claro de qué iba el asunto, solo comentaban algo así como “se buscan chicos discretos para conversaciones con mujeres” y pensé que sería rollo teléfono erótico o incluso rollo gigoló. Yo nunca he trabajado en nada relacionado con el sexo o el erotismo, siempre he estado en trabajos de mierda en general: en la obra, en un almacén, en el campo, de vigilante o de figurante, pero nunca en curros en los que tuviera que enseñar mi rabo. Aun así, la historia me interesó y contacté con la empresa.

Pese a que en ningún momento intuí que tendría que hacerle fotos a mi polla, cuando me lo contaron tampoco me dio mucho reparo ya que, por lo que me dijeron, no se vería nunca mi rostro ni las otras personas sabrían cuál era mi teléfono real. Además, joder, en mi vida privada he mandado varias fotos de mi polla cuando me las han pedido, y gratis, así que, ¿por qué no hacerlo cobrando?


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Concertamos una entrevista en un bar céntrico de Barcelona. Allí se presentó una chica sudamericana que rondaba los 40. Fue muy amable y no rehuía ninguna pregunta. Me explicó todo lo que quería saber y cómo funcionaba el asunto y me dio a entender que podría ganar bastante pasta si le ponía ganas y tiempo. Lo que me remarcó es que había que valer para esto. Al principio tendría un tope mensual de 1200 euros y luego, con el tiempo, podría ampliar el sueldo según lo que trabajase.

Como previamente había hablado con ella por WhatsApp para quedar para hacer la entrevista, me comentó que escribía bien, sin faltas de ortografía, y que eso era una cosa que valoraban mucho las clientas. También me comentó que los chicos que escribían en catalán estaban muy solicitados, pero yo soy de Almería y no tengo ni idea de catalán.

La empresa se dedicaba a los chats eróticos con posibilidad de audios, fotos y vídeos y también me dieron a entender que tendría la opción de prostituirme —si esto último se planteaba durante la conversación, podía quedar con la clienta en privado sin que la empresa intermediara pero también podía gestionar el encuentro a través de ellos a cambio de dinero—.

"Escribir bien y sin faltas de ortografía era una cosa que valoraban mucho las clientas. También me comentó que los chicos que escribían en catalán estaban muy solicitados"

Puede que esté equivocado, pero me pareció entender que la empresa se llamaba “Isis”, un nombre bastante complicado. En ningún momento me enseñaron una tarjeta ni nada, nunca vi un solo logo y cuando busqué información en internet sobre esta empresa no encontré nada de nada. Supuestamente tenían la sede principal en Cornellà, en el World Trade Center Almeda Park.

Empecé el mes de prueba y me dijeron que primero me pagarían en negro pero que pasado este periodo podría elegir seguir trabajando en negro o darme de alta, lo que no sé con qué tipo de régimen. Me dieron una tarjeta SIM y una tarjeta de prepago Orange a estrenar. También la chica, ese mismo día de la entrevista, me dio 10 euros para que me comprara un reloj. Me dijo que tontos no son y que tienen que asegurarse de que las fotopollas que mandamos a los clientes son reales y no descargadas de internet, así que en las fotos de mi polla tendría que salir con un reloj para demostrar que las acababa de hacer en ese mismo momento de la conversación. El reloj corría a su cargo así que me dio esos diez eurillos para que me comprara uno barato. Me pillé un analógico normal y corriente, lo más barato, me costó cinco euros.

La cosa funcionaba así: los clientes y las clientas contactaban con la empresa y pactaban un servicio concreto. Podía ser un chat escrito, audios, fotos, vídeos, llamadas, contactos físicos o combinaciones de todo esto. Yo me centré en chats y fotos vía WhatsApp. Los clientes se bajaban una aplicación donde se les adjudicaba un número telefónico temporal con el que contactar con el mío, previamente habiendo acordado con la empresa lo que querían y la duración del encuentro.

Por ejemplo, una mujer podía pedir dos horas de chat escrito y una fotopolla y cuando terminaban esas dos horas se cortaba la conversación. En teoría, llegado ese momento, ni yo ni los clientes podíamos escribir más. Si querían alargar la conversación, los clientes debían ponerse en contacto con la empresa y alargar el servicio antes de que se cortara el tiempo previo contratado. Según me dijo la chica, la empresa mandaba un mensaje recordatorio avisando de que el tiempo terminaba.

Durante las conversaciones llegaba un punto en el que la clienta me pedía una foto, entonces la hacía y se la mandaba. Pero descubrí que no era tan fácil esto de mandar fotos de mi polla a desconocidas. Para mí, tener una conversación escrita con alguien a quien no conozco ni pongo rostro ni voy a conocer, no me resulta demasiado excitante, así que durante la conversación subidita de tono, aunque hablásemos sobre sexo y cosas fuertes, a mí no se me empalmaba. Cuando llegaba el momento de hacer la foto del rabo, tenía que darme mucha caña a la polla para ponérmela dura, porque no iba a mandar una foto de mi polla morcillona o en estado de hibernación. Finalmente llegué a la conclusión de que lo mejor era estar tocándome todo el rato durante la conversación para que el momento fotopolla no me pillara desprevenido.

"Llegué a la conclusión de que lo mejor era estar tocándome todo el rato durante la conversación para que el momento fotopolla no me pillara desprevenido"

Para controlar un poco el servicio, la empresa sabía si se habían mandado fotos o audios, supongo que de alguna forma monitorizaran las conversaciones, aunque me negaron que pudieran leer los chats. Les preocupaba mucho la confidencialidad de los clientes y me dejaron muy claro que nunca preguntase nada sobre su vida privada, por lo tanto no tengo ni idea de qué clase social eran, aunque supongo que sería gente con dinero, porque no creo que la gente pobre pague por estas cosas.

Según me dijo la chica, solían ser mujeres con pasta o con un marido adinerado, señoras aburridas de su vida sexual. En ningún momento se las veía y se suponía que a través de la aplicación se les adjudicaba un número momentáneo que después desaparecía, no sé muy bien cómo funcionaba esa historia. Las clientas tampoco podían ver mi nombre ni mi rostro porque no me hicieron ninguna ficha personal, según ellos, “se trataba de hacer imaginar al cliente, de describir nuestros cuerpos y acciones”; eso es lo que los clientes contrataban, aunque si lo pedían, se podía llegar a mandar una foto de nuestra cara, cosa que no me pasó nunca. Solo llegaron a ver mi polla y un reloj comprado en un chino.

Y bueno, estoy hablando todo el rato de clientas pero, ¿quién sabe? Quizás le había mandado una fotopolla a un hombre. Lo que sí me dijeron es que, si quería, podía hacer el mismo servicio pero con hombres.

Me pagaban 10 euros por cada hora de conversación escrita, la completasen o no, es decir, yo cobraba lo mismo aunque la clienta colgase antes de esa hora. Con las fotopollas igual, si contrataban una foto se te pagaba, aunque las clientas, al final, no las llegaran a pedir. Las fotopollas y los audios se cobraba también a 10 euros. Así que ahí estaba yo, con 32 años, haciéndome fotos de la polla y mandándoselas a señoras adineradas.

Lo bueno del curro este es que podía trabajar tranquilamente desde mi casa —claro, no podía hacerme una fotopolla en el metro— pero vamos, que si tenía un servicio sin fotopolla también lo podía hacer en cualquier lado. Yo podía escoger mis horarios y ellos me ofrecían servicios en horas concretas dentro de esos mismos horarios y días. Luego yo decidía qué citas coger y cuáles no.

Entonces, cuando pasaron las semanas de prueba, me empezaron a hablar de formas de pago que no fueran las que habíamos hecho hasta entonces —en negro y por adelantado—. Les pasé un número de cuenta y luego me dijeron que a la hora de hacer el ingreso habían tenido problemas y me pidieron que me hiciera una cuenta en un banco en concreto, que ellos solo trabajaban con ese banco. Esto me sonaba raro, yo nunca había tenido que abrirme una cuenta en un banco concreto para que las empresas me pagaran la nómina. El caso es que les di varias largas y al final la tía esa se ralló y dejó de contestarme e incluso creo que me bloqueó de su teléfono.

"Llegué a pensar que todo era un enorme timo o incluso que no hubiera empresa ni clientes ni nada y que solo le estaba mandando fotos de mi polla a esa chica sudamericana que se hacía pasar por varias 'clientas'”

Yo tampoco insistí mucho más porque la cosa empezaba a parecerme muy extraña, incluso llegué a pensar que todo era un enorme timo o incluso que no hubiera empresa ni clientes ni nada y que solo le estaba mandando fotos de mi polla a esa chica sudamericana que se hacía pasar por varias “clientas”. Organizar todo este tinglado tan complejo solo para que cuatro desconocidos te mandasen fotos de su polla es un tanto demencial, pero quién sabe, si existe gente dispuesta a cobrar por fotopollas supongo que también habrá gente dispuesta a crear falsas empresas para recibirlas.

Al final estuve poco más de un mes trabajando “por ellos” y no sé exactamente cuántas fotos de mi rabo llegué a mandar. Desde entonces no he vuelto a currar en nada parecido a esto y no creo que lo vuelva a hacer, pero la próxima vez que una chica me pida una foto de mi polla algo dentro de mí se estremecerá, pues tendré la sensación de estar perdiendo dinero. Vale, tampoco es que pagasen mucho por una fotopolla pero con 10 euros tienes un buen menú del mediodía, con pan, postre y café.

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