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Drogas

Intenté colocarme con una hamburguesa de cannabis

El camarero me dijo que sus propiedades psicotrópicas eran mínimas, pero me fui a la cama justo al salir del restaurante.

por Ana Iris Simón
28 Julio 2017, 4:15am

Todas las fotos por la autora

Hacía cuatro años que no corría ni una gota de THC por por mis venas. Aunque en mis primeros años de Universidad no estaba tranquila si no tenía una piedra de hachís pegándose en las monedas de mi cartera —o quizá precisamente por eso— cuando empecé a trabajar decidí dejarlo. Y tuve que hacerlo de manera radical ya que a partir de ese momento, cada vez que le daba una calada esporádica a un porro me daba taquicardia.

Me entero de que el local de enfrente de mi portal tiene en carta hamburguesas hechas con cannabis por un vídeo en Facebook que arranca con sirenas de la policía y muestra sus ingredientes: ternera, tomate fresco, queso, aceitunas, aceite de cannabis, "hierbas de la casa" y germinados de alfalfa.

Las Ilegall Burguers se sirven en Sand Wich (Espíritu Santo, 3, Madrid).

Se llama "Illegal Burguer", aunque después me enteraré de que de ilegal solo tiene el nombre. Quiero probarla. Mis compañeros de piso, Laura y Pablo, también quieren probarla cuando se lo cuento. Cruzamos los diez metros que separan nuestro piso del restaurante y nos disponemos a colocarnos sin humo de por medio, algo importante para Pablo, que nunca ha probado ningún derivado del cannabis porque le da asco fumar.

Entro con el corazón acelerado, como cuando alguien me pasaba un canuto después de haberlos dejado. Voy a reencontrarme con mi antiguo vicio. Se me acelera todavía más cuando no encuentro la palabra cannabis en la carta. Llamo al camarero y le pregunto si tienen "la que se llama Illegal burguer". "Sí, señorita", me responde sonriendo. "¿Y coloca?", le pregunto, consciente de que puede responderme algo que no quiero oír. En efecto, así es.

Me cuenta que el aceite de cannabis con el que cocinan la hamburguesa es totalmente legal y está certificado, aunque su venta no es muy común. Ahora están buscando nuevos proveedores porque es difícil conseguirlo. "Sí que tiene algunas de las mejores propiedades del cáñamo, como el Omega 3 o el Omega 6, pero su efecto psicotrópico es mínimo", me dice.

Le pedimos tres con la esperanza de que esté mintiendo porque haya creído que somos secretas. Cuando las terminamos, Pablo dice "como si me dicen que tiene trozos de persona, no he notado nada". "Pero estaba buena", responde Laura, y le damos la razón.

También es cierto que ninguno de los tres somos David Muñoz y que el menú semanal de nuestra casa se mueve entre los cereales con fruta y yogur y los macarrones con un chorro frío de tomate, así que no podemos debatir sobre las notas de sabor de la hamburguesa. Ni siquiera podemos posicionarnos sobre si el regusto a aceite de cannabis era perceptible o no. Salimos echando pestes por tener las capacidades motrices y perceptivas intactas y diez euros menos.

Les pido que me acompañen a por tabaco al salir del restaurante y Laura dice que se va a la cama. Son las 10. Pablo y yo andamos arrastrando los pies hasta el estanco sin apenas hablar.

Media hora más tarde, también estamos en nuestras camas. Sin tertulia nocturna, sin peli, sin serie y sin espiar por la ventana a los vecinos que discuten todas las noches. Antes de dormirme miro el reloj, pienso que esa hora no es normal y que igual sí que estamos un poco colocados. Me empieza a dar un poco de taquicardia.

A la mañana siguiente, yendo a trabajar, les pregunto si no creen que nos dormimos sorprendentemente pronto la noche anterior. Laura me responde que sí, y que a las tres se despertó y estaba como un búho, así que puede ser que algo nos hiciera ese aceite de cannabis. Bendita sugestión. Y bendito marketing.