crisis climática

Juventud x el clima son la esperanza española en la lucha contra la crisis climática

"A las empresas les viene muy bien que nos concienciemos de la necesidad de ir en bici o no usar plásticos porque la lucha se centra en el individuo en vez de en el sistema".

por Ana Iris Simón
02 Agosto 2019, 4:00am

Todas las fotografías porDavit Ruiz 

En febrero de este año, Irene Rubiera, una estudiante madrileña de derecho de 20 años, empezó a buscar alguna iniciativa a la que sumarse similar a la iniciada por Greta Thunberg, la joven activista sueca, para protestar contra el cambio climático. No la encontró. A nuestro país aún no habían llegado los Friday's for future.

Decidió entonces abrir una cuenta en Twitter. A ella fueron llegando mensajes de otros estudiantes que, como ella, querían sumarse a la que se ha denominado incluso "primavera climática". Fundaron Juventud x el clima, un movimiento social con presencia en distintas ciudades españolas que colabora con otras organizaciones, como Exctintion Rebellion, dentro y fuera de nuestras fronteras. El 15 de mayo organizaron la primera huelga por el clima y ya están preparando la próxima, para el 27 de septiembre.

Irene llega en bici hasta El Retiro, donde nos encontramos con tres de sus compañeros: Alejandro Martínez, un graduado en Bellas Artes y artista de 25 años, Manuela Martín, de 16, que este año empieza primero de bachillerato y Javier Pamplona, un ingeniero mecánico que acaba de terminar un máster en energías renovables.

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Irene fue quien creó la cuenta de Twitter de la que surgió Fridays for future en Madrid

"Somos un grupo de jóvenes mayoritariamente preocupados por la crisis climática que hemos decidido que estamos tan preocupados por nuestro futuro que vamos a manifestarnos todos los viernes hasta que veamos que los políticos toman las acciones legales que vemos que el planeta necesita", me cuenta Irene cuando le pido que defina Juventud x el clima.

Manuela, la más joven, añade que están por toda España, no solo en la capital. "Hay delegaciones y concentraciones en muchas ciudades. Todos coincidimos en exigir la declaración de emergencia climática, luchamos por lo mismo y promovemos actividades distintas en cada ciudad, pero también a nivel nacional e internacional", explica.


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"No estamos vinculados ni a partidos políticos, ni a sindicatos ni por supuesto a empresas o fundaciones, no tenemos un apoyo directo por su parte. Aunque cualquier empresa que quiera sumarse a esta lucha es bienvenida. Pero sin estar con nosotros, claro", explica Javier. Y sonríe.

Cuando le pregunto a Manuela que cómo hemos llegado hasta aquí me responde que "El sistema económico actual ha hecho mucho, creo que en eso estamos todos de acuerdo". El día anterior a nuestra cita se agotaron los recursos naturales de la Tierra correspondientes a 2019, poco después del ecuador del año, la fecha más temprana de la historia. "La educación también es muy importante. Supongo que cuando alguien piensa en cómo arreglar el mundo, en lo primero que piensa es en eso. Pero el cambio climático y todo lo que acarrea ya no podemos revertirlo solo con educación: no queda tiempo", continúa.

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Manuela tiene 16 años y el año que viene empezará primero de bachillerato

"Está claro que el cambio climático es consecuencia del sistema productivo", suscribe su compañero Javier. "Desde la Revolución Industrial aumentan los niveles de CO2 en la atmósfera, pero no deberíamos echarle la culpa, en ningún caso, a la gente. La gente suficiente tiene con llegar a fin de mes como para que encima le digan que compre productos bio, orgánicos, ecofriendly y la responsabilicen del cambio climático si no lo hace. El problema es que ni las multinacionales ni los gobiernos han tomado medidas para paliar esos efectos".

La frase es de Naomi Klein y remata el manifiesto de Juventud x el clima. Les pregunto si cualquier posición ecologista y contra el cambio climático ha de pasar por el anticapitalismo, que si ellos se declaran abiertamente anticapitalistas y Javier me dice que no.

"No es anticapitalista. Es simplemente que queremos un cambio del modelo de producción. Pero no somos "antis" sino "pro", en pro de la vida y del futuro. No venimos aquí a destruir nada, sino a construir, todo lo contrario". Sus compañeros se ríen. A lo largo de la conversación, más de uno hace el gesto de levantar las manos y agitarlas, el signo asambleario de suscribir o estar de acuerdo que popularizó el movimiento 15M.

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Javier acaba de terminar un máster en Energías Renovables. Es Ingeniero mecánico

"Sin duda hace falta una reestructuración económica. El sistema tal y como lo tenemos planteado, de agotar recursos y con una economía lineal, no está funcionando", comenta Irene. "A final de año habremos necesitado 1,7 Tierras, más de la mitad de lo que deberíamos", dice Alejandro.

Aunque no se declaren abiertamente anticapitalistas, todos ellos coinciden en que el decrecimiento y el cambio de modelo económico son necesarios para frenar el cambio climático. Alejandro añade, además, que este decrecimiento ha de producirse con hincapié en algunas naciones del planeta.

"Otras han estado siempre decrecidas. Evidentemente los recursos se han agotado porque hay unos países que consumen muchos más de los que tienen mientras que hay otros a los que se los quitan. Esta desaceleración se tiene que producir también para que se reduzca la desigualad tanto a nivel de cómo nos relacionamos entre nosotros, en nuestras sociedades, como entre los países, a nivel global. El 10% más rico, en el que nos contamos, emite el 50% del CO2 a nivel mundial. Estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y hay que entender que esto es una anomalía, que no es un derecho que tengamos ni una situación que podamos sostener. Aunque hayamos nacido en este sistema económico y nos venga bien, no es justo y tiene que cambiar".

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Alejandro tiene 25 años, es artista y ha estudiado Bellas Artes

Cada vez más, la sociedad parece concienciada y decidida a reciclar, a llevarse la bolsa de tela al súper, la botella de agua en vez de la de plástico al trabajo y a pillar la bici más que el coche. Sin embargo, el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero lanzados a la atmósfera desde el año 88 son culpa de tan solo 100 empresas. Les planteo si no da la sensación de que, de un tiempo a esta parte, la lucha por la protección del medio ambiente se está enfocando prácticamente solo al individuo para evitar atajar la cuestión institucionalmente, para que la culpa cargue sobre nuestros hombros en lugar de sobre los de las empresas, los gobiernos, y un sistema económico que está derruyendo el lugar en el que habitamos.

"Claro. No nos damos cuenta de que las acciones individuales no son suficientes y que en muchas ocasiones son promovidas por gobiernos y empresas para hacernos sentir responsables del cambio climático. Cada vez que te dicen "apaga la luz, recicla, no uses plástico, si no lo haces contribuyes al cambio climático" se enfocan en el tú, en el individuo. Sin embargo nadie te dice, "es que esta o esta otra gran multinacional se está lucrando con todas estas cosas".

Al sistema le viene muy bien que nos concienciemos de la necesidad de reciclar, de ir en bici, porque la lucha se centra en el individuo y de esta manera se opaca. Pero por desgracia hemos llegado a un punto en el que, aunque todo el mundo reciclara, aun así sería tarde. Ya no podemos centrar la lucha en un individuo ni en 100.000. Es una cuestión de cambiar el sistema, hemos llegado a ese punto", reflexiona Manuela. Me cuenta que algunos de sus profesores pensaron que le pasaba algo, que estaba deprimida, cuando empezó a faltar a clase los viernes. Se lamenta de que le quedan dos años para poder votar.

"Pero también es necesaria la acción individual. La gente tiene que entender cuál es su huella ecológica, cuál es la decisión más moral. Yo por ejemplo no tengo carné de conducir o no vuelo porque sé el impacto que va a tener eso en mi meta, que es la de que el planeta siga vivo. Sin embargo, ningún cambio radical se va a producir si no hay un cambio en el sistema, que es el que ha provocado este problema", comenta Alejandro, a lo que Javier añade que la lucha ecologista trasciende tanto esos gestos individuales -como reciclar- como las medidas que parece que atañen solo al medio ambiente.

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Irene, Javier, Manuela y Alejandro

Le pregunto qué ocurriría, ante un posible decrecimiento, con los puestos de trabajo destruidos y la brecha de clase aún mayor que eso supondría y si la lucha por el cambio climático ha de incluir propuestas como la Renta Básica Universal. "La lucha ecologista también consiste, si hablamos del sistema productivo, en preguntarnos si tiene sentido la cantidad de horas que trabajamos, el ritmo de vida que llevamos, la cantidad de dinero que nos gastamos en bienes que no necesitamos, con todo lo que ello conlleva. Es un replanteamiento de todo el sistema", responde.

Me cuentan que el greenwashing o la adhesión a la causa contra el cambio climático por parte de cada vez más empresas con fines puramente mercantiles es una de las cosas de las que debaten en sus asambleas. Manuela dice que es un hecho. Y que está por todos lados. "Es algo que se ha hecho con todas las luchas sociales, desde el feminismo hasta el movimiento LGTBI, y tenemos que ser conscientes de ello. De hecho, a nosotros cada vez nos escriben más mails para valorar posibles sinergias", ríe.

"Las empresas no son ONGs, están para ganar dinero y solo buscan su propio beneficio, eso es lo primero que deberíamos tener claro. Y consumir es un acto político, así que lo que tenemos que hacer es consumir con cabeza. Con el greenwashing lo que consiguen muchas veces las corporaciones es, por ejemplo, vendernos productos como saludables cuando no lo son, o productos ecológicos cuando no lo son, en muchísimos casos con precios altísimos. Y eso se llama estafa", protesta Javier.

"Pero las personas tenemos mucho poder sobre las empresas a la hora de consumir. Aunque ellas no estén concienciadas, si la gente lo está y va a consumir un determinado tipo de producto, eso va a provocar que las empresas tengan que apostar por ese tipo de productos", añade. Manuela apunta a que las empresas vayan más allá de su propio beneficio económico y sean conscientes de su responsabilidad. "Y los gobiernos", dice Alejandro. "Si dejar de usar combustibles fósiles es la única alternativa que tenemos para sobrevivir en el mundo, eso es lo que tenemos que hacer. Y no nos pueden dar ninguna excusa sobre por qué eso no es viable". Manuela asiente y añade "Eso. Basta de montar una fiesta porque la UE va a prohibir las pajitas en cinco años".

Sigue a Ana Iris en @anairissimon.

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