Estás de vacaciones y estás ocupando el apartamento que han alquilado tus padres para este verano. Te sientes como cuando tenías 12 años y aún les acompañabas. Tu madre te dice qué tienes que hacer y tu padre pone el televisor a todo volumen con los programas cutres que echan cada tarde. A veces mira disimuladamente los programas del corazón, aunque él nunca lo reconocerá. Ante esta situación desoladora tienes dos opciones.

