Me hice cirugía para arreglar mis senos masculinos
Walker Davis.
Salud

Me hice cirugía para arreglar mis senos masculinos

"Después de tratar con las cicatrices físicas, tuve que lidiar con las emocionales".

Walker Davis, de 30 años, sufrió de tejido mamario agrandado —conocido como ginecomastia— durante años antes de que decidiera hacerse cirugía correctiva. No podría estar más feliz, y espera que relatar su experiencia ayude a otros hombres a dar el paso.

"Comencé a notarlo cuando tenía alrededor de ocho años, y no fue hasta que crecí que empecé a comprender mi estado emocional en aquella época. Había empezado a ganar peso a esa edad. Fue el año después de que mis padres se separaran y recurrí a la comida como consuelo. Era un niño de tamaño normal hasta entonces, pero el problema se exacerbó. Mi pecho se puso cada vez más hinchado, y después de un tiempo, fue bastante claro que no sólo se trataba de "este niño tiene unos cuantos kilos de más".

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Al principio, pensar en el problema me daba vergüenza. No quería hablar de ello con nadie: ni con mi madre ni con otros amigos míos que eran más gordos. No había forma de verlo como algo positivo. Me ridiculizaron y se burlaron de mí, me dijeron que era extraño, y me sentí como un fenómeno. Pensé: "Voy a esconder esto lo mejor que pueda y no hablaré de ello". Ajusté mi postura y mi ropa para evitar que se notara. Simplemente lo mantuve oculto. Jodió mi imagen corporal durante mucho tiempo.

En realidad hay dos tipos de ginecomastia: la glandular y la que es producto de la obesidad, la cual es en su mayoría grasa. Tenía glándulas muy duras en mi pecho cuando empecé a levantar pesas. Hice mi primer levantamiento de pesas en banco a los 11 o 12 años y traté de corregir el problema de esa manera, lo que en realidad lo empeoró. Estaba generando músculo bajo mi pecho, lo cual hacía que se pronunciara más y exacerbaba el problema. No fue sino hasta las clases de salud en la secundaria que me di cuenta de que lo que tenía era ginecomastia.


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Muchos años más tarde, en la universidad, mi padre falleció. Él y mi madre estaban separados, así que mi hermana y yo nos volvimos los beneficiarios de su herencia. Él no era rico, pero de repente tuvimos el fondo de jubilación de un tipo de clase media en nuestras cuentas bancarias. Había oído hablar de la cirugía, acababa de perder a mi padre, y contaba con ese flujo de efectivo.

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Estaba en Los Ángeles estudiando en la escuela de cine y me enteré de que mi tío se había hecho la cirugía para un caso mucho más leve causado por uno de sus medicamentos contra el VIH. Tenía pezones más pequeños y ligeramente hinchados, y se hizo cirugía correctiva. Le pregunté al respecto y comencé a investigar el asunto. Me di cuenta mientras estaba en la transición a la edad adulta que si tenía dinero podía llamar a un médico y deshacerme del problema. Investigué, llamé a un médico, y programé la cirugía.

El procedimiento en sí fue bastante sencillo. No fue doloroso en absoluto, aunque tuve un poco de dolor en mi pecho después. Hubo una escisión del tejido glandular, así como liposucción para corregir la forma, así que sentía molestias. Tenía unos tubos de drenaje en un costado del pecho, y una bolsa de sangre en mi cuerpo durante los primeros días. Después de la parte inicial donde retiraron los tubos, me puse un chaleco de compresión, que ayuda a que tu piel y tejido conectivo sanen y regresen a la normalidad.

Estaba emocionado de haber dado un paso adelante. Era algo que había odiado de mí durante mucho tiempo. No estaba totalmente emocionado con la forma inicial. En ese momento aún tenía bastante sobrepeso. Sentía que tenía el pecho más blando y redondo de lo que quería. Unos años más tarde, después de haber perdido unos kilos, fui a una clínica de liposucción para que moldearan mi pecho y retiraran la grasa residual.

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Tenía miedo de hacer nuevos amigos o de que me gustara alguien y después casualmente le oyera decir, en broma, algo sobre las 'tetas de Walker'.

Por primera vez, pude ver que el entrenamiento me había beneficiado, ya que tenía un pecho musculoso. Seguí ejercitándome, perdí aún más peso, y tenía la figura que quería. ¿Estoy contento con el resultado? Mucho. No puedo recomendarlo lo suficiente. Después de lidiar con todas las cicatrices físicas, sin embargo, tuve que enfrentar las emocionales. Ese fue el siguiente paso. Vivir así durante tanto tiempo me dejó con una dismorfia corporal muy intensa. Mi cerebro tardó en ajustarse a mi cuerpo.

Walker antes (izquierda) y después (derecha) de la cirugía.

Definitivamente hablo de este asunto con la gente cercana. Cuando era adolescente, me dio un curso intensivo en vulnerabilidad. Era muy sensible al respecto. Con el tiempo, me he vuelto una persona mucho más empática. Me ha hecho un mejor feminista. Me sentía más seguro con las mujeres cuando era adolescente porque sentía que podía relacionarme, tanto como un hombre puede hacerlo, con la idea de tener miedo de ser tratado como si mi cuerpo fuera propiedad pública, para ser ridiculizado o juzgado. Tenía miedo de hacer nuevos amigos o de que me gustara alguien y después casualmente le oyera decir, en broma, algo sobre las 'tetas de Walker'.


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Haber superado la parte física hizo que fuera mucho más fácil hablar del tema. Ya no siento que sea un problema, así que tengo un mayor aprecio por su impacto positivo a largo plazo. Afectó mis relaciones con novias y en citas, distorsionó mi confianza, y afectó fuertemente mi opinión sobre mi valor sexual y mi atractivo. Sentía una enorme dificultad para conseguir un cita. Ahora siento que finalmente hay suficiente distancia para hablar de ello.

Me hizo centrar mi masculinidad en algo mucho más estable, de lo cual estoy muy agradecido. Sé cuánta fuerza es necesaria para hacer frente a ese tipo de actitud hacia tu cuerpo, y aún así tener confianza.

En términos de empatía, me ha hecho más comprensivo con las personas que optan por la cirugía plástica. Esto no tuvo nada que ver con mi salud, fue un procedimiento cosmético electivo; simplemente no me gustaba mi apariencia. Elegí remediarlo, y estoy muy contento de haberlo hecho. Mi capacidad de juzgar a las personas que quieren hacerse un procedimiento ha cambiado. ¿Quién soy yo para decirte que no puedes o no debes hacerlo? Ya que podrías sentirte mejor y más como tú mismo si lo haces".

Este testimonio fue relatado a S.E. Smith.