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Salud

Estos jóvenes españoles se ganan la vida con ensayos clínicos

Si tienes aguante y no te importan las posibles secuelas, es un negocio muy lucrativo.

por Jimena Marcos
08 Febrero 2018, 6:00am

Fotografía de Amanda por la autora. Montaje por VICE vía Wikimedia Commons/ CC0 1.0 Universal Public Domain Dedication

Requisitos: hombres y mujeres sanos, no fumadores, entre 18 y 55 años, sin alergias a medicamentos, ni productos de herbolario desde 15 días antes del reconocimiento inicial, que no hayan donado sangre ni hayan hecho un reconocimiento clínico en el último mes. Que tengan un índice de masa corporal entre 18,5 y 30. Que no sean aprehensivos ni a las agujas, ni a la sangre, ni a pasar largos tiempos de espera, ni a la posibilidad de sufrir náuseas y/o vómitos, mareos, somnolencia, trastornos del sueño, nerviosismo, dolor de cabeza, palpitaciones, sofocos, diarrea, calambres musculares y dolor muscular, dolor en las articulaciones, brazos y piernas, dolor de espalda, problemas de erección en el hombre, sangre en orina, alteración de la conciencia, hinchazón de la piel, insuficiencia renal aguda y un largo etcétera. Serán dos ingresos en dos semanas, seis extracciones ambulatorias. Firma el consentimiento. Informado. Empieza el juego.


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Estas son solo algunas de las condiciones que debes reunir para poder realizar un ensayo clínico. Unas pruebas que se realizan de forma voluntaria, que lleva a cabo Sanidad y dependen del Comité Ético de Investigación Clínica y que son absolutamente legales, lo dice el BOE. ¡Ah! y ofrecen remuneraciones que van desde los 400 hasta los 2.000 euros, que casi se me olvida.

Hablamos concretamente de los “estudios de bioequivalencia”. Es decir, son pruebas que se realizan en el momento en el que caduca la patente de un genérico de una farmacéutica y otra empresa la compra para poder comercializarla. Para ello debe pasar por unos “controles de calidad”. Es decir, los estudios de bioequivalencia, que sirven para comprobar que la referencia del medicamento anterior y el nuevo que se va a sacar son similares, por no decir idénticos. O sea que los voluntarios que participan en estos ensayos no ofrecen su cuerpo a la ciencia para encontrar la cura de una enfermedad rara o mortal. Simplemente buscan el dinerito.

Estas pruebas se suelen realizar con 30 participantes jóvenes, sanos sanísimos, dispuestos a pasar un par de días en un hospital. ¿Todavía no te tienta? Espera y sigue leyendo. Ellos son los protagonistas de los efectos secundarios de los prospectos. Son ese: “1 de cada 5 sufre vómitos, 2 de cada 5 sufren dolores de cabeza o 1 de cada un millón sufre sangrado de la cavidad peritoneal”. Es común que sean estudiantes de medicina o farmacia pero “allí hay de todo” me comenta Carlos* un joven de 25 años que no quiere revelar su identidad. Él ahora es influencer y tiene más de 100.000 seguidores en Instagram.

"Yo me hice uno para tratar la esquizofrenia y me pagaron 2.000€. Ves que no pasa nada y sigues. No te pones límite" — Carlos

“La mayoría somos de la universidad” me cuenta “pero también hay gente muy rara, ya adulta, que no trabaja y que quiere ganar algo de dinero.” Carlos empezó porque un amigo de la universidad le pidió que le acompañara a un análisis. Eso fue en 2014 y hasta 2017 probó desde genéricos comunes que todos podemos tener en el armario de la cocina hasta medicamentos para la tensión o la Viagra. “Una vez que te metes en el mundillo te da igual todo. Yo me hice uno para tratar la esquizofrenia y me pagaron 2.000€. Ves que no pasa nada y sigues. No te pones límite”.

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Amanda Tijeras realiza análisis clínicos

Amanda es otra de las chicas que realiza ensayos clínicos con frecuencia. Tiene 29 años, es músico y decidió comenzar haciendo estas pruebas para financiar la producción del disco de su banda, Derry. Ella y Carlos se conocieron en uno de los estudios “para comunicarnos entre nosotros nos llamábamos por nuestro número de cama, yo era 14 y él el 12, creo. Estuvimos en el primer ensayo clínico y no supimos cómo nos llamábamos hasta la mañana siguiente”.

Amanda conoció la existencia de estos estudios porque circulaba el rumor de que un amigo suyo periodista había participado en algún que otro durante sus años de carrera. “Para mí era como si él tuviera un pasado turbio y me parecía curioso. Me explicó cómo era y vi que no era para tanto”.

Entrar en este mundo no es fácil. Tienes que ser una persona total y absolutamente sana, además de abstemia. Y debes estar muy atento a las redes sociales. Las Unidades de Ensayo Clínico como el Gómez Ulla o La Princesa publican las convocatorias de “reclutamiento” a través de Twitter y tienes que ser rápido porque la cierran a los pocos minutos. “A mí me saltaba la alarma de Twitter y lo mismo me pillaba en clase. Siempre tenía que salir al pasillo para llamar”.

Alejandro, Potter, es también músico, tiene 25 años y la semana pasada participó en su primer ensayo clínico. “Pensé que ser voluntario en ensayos clínicos era algo VIP. En cuanto supe que podía hacerlo... me lo pensé bastante. Tengo miedo a las agujas y a que me pinchen pero es que está muy bien pagado”.

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Alejandro, Potter

Un ensayo clínico tipo consiste en el ingreso por la noche en el hospital para que a la mañana siguiente comiencen con el estudio. “Hay hospitales mejores y peores”, cuenta Carlos. “Hay algunos que no tienen cama sino que son sillas reclinables y compartes habitación con 12 personas. Hay otros que tienen camas bastante guapas y estás en una habitación con 6 personas. En este que te digo hay wifi, tienes tu mesita para estudiar o para ver pelis en el ordenador. Y también tienes tele, desayuno, comida, merienda, cena... vamos, como un hotel con todo incluido”, dice entre risas.

"Esto no es el Olimpo, tú vas ahí a trabajar” — Potter

La pastilla te la dan por la mañana con un desayuno que suele ser hipercalórico para que puedas aguantar las extracciones de sangre durante todo el día: patatas fritas, chistorra, huevos fritos, pan... como un brunch americano. Pero no todo es fabuloso. Solo puedes beber un vaso de agua y un vaso de leche, y tienes 20 minutos para comerte todo eso que además... no está en las mejores condiciones del mundo. No puedes pasarte de esos 20 minutos ni debes empezar antes ni después del tiempo indicado.

Amanda se queja de que en una ocasión empezó a desayunar 10 minutos después de lo que debía y la echaron inmediatamente del ensayo. Potter añade, “es que esto no es el Olimpo, tú vas ahí a trabajar”.

Después de desayunar comienzan las extracciones de sangre a través de la vía. Abren el grifo y cierran: primero cada media hora y luego se va alargando a una hora, dos horas, dos horas y media, etc. Es común que después de 36 o 48 horas te tengan que poner otra vía porque la vena que tenías pinchada no da para más. “Al final acabas como un colador” dice Carlos.

Los efectos secundarios no suelen ser graves. Amanda cuenta que en uno de los análisis de una pastilla para el calcio tuvo fuertes náuseas. “No te dejan vomitar porque no puedes expulsar el medicamento. Si vomitas, te largan. Yo me cagué viva, estaba en medio de la producción del disco, necesitaba la pasta y me estaba mareando y encontrándome fatal”.

"No te dejan vomitar porque no puedes expulsar el medicamento. Si vomitas, te largan" — Amanda

Al final ella aguantó pero su vecina de cama no lo soportó y acabando soltando la pastilla y el brunch americano en el suelo de la habitación para luego, claro, irse directa a su casa. Carlos cuenta que los efectos más fuertes que sufrió fueron a causa del medicamento para la esquizofrenia. “Me dejó planchado todo el día, es como un sedante para caballos. Se me pasó el día volado y soñé cosas muy raras”.

A Potter se le salen los ojos de las órbitas al escuchar esta anécdota. Les pregunto si lo van a dejar alguna vez, Amanda dice que de momento no, que en relación tiempo-dinero-esfuerzo saca más pasta en un ensayo clínico que en un trabajo de mierda y poco remunerado. Potter se encoge de hombros: “no ha pasado nada así que supongo que seguiré”. Carlos confiesa que lo dejó porque llevaba ya mucho tiempo y porque empezaban a no compensarle tantas pinchadas en los brazos.

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En el brazo de Potter aún se ve el pinchazo del último ensayo

Amanda y él calculan que habrán sacado unos 6.000 y 7.000 euros a lo largo de estos tres años. Que no es mucho pero que si te organizas es un buen pellizco extra. Carlos lo tiene estudiado: con el ensayo de primavera pagaba las vacaciones de verano y con el de septiembre las de Navidad.

Amanda, directamente, agradece en su disco a las unidades de ensayo de Madrid por ser las responsables de haber financiado el álbum sin quererlo. Potter no sabe aún que hará con esos 600€ que le han dado por este primer ensayo, “igual para la boda”, dice. Se va a casar dentro de poco y a mí me viene inmediatamente a la cabeza la imagen de “vender un riñón” en toda su literalidad.

Amanda y Carlos calculan que habrán sacado unos 6.000 y 7.000 euros a lo largo de estos tres años

Carlos me cuenta que hay también asiduos a estos ensayos que suelen calcular cuánto tiempo les compensa estar en un ensayo clínico largo. Actúan más o menos como si estuvieran en un concurso de televisión: si aguantas dos meses te llevas 2.000€ pero si aguantas hasta X día te dan la mitad de la pasta y te puedes ir a casa. “A ellos les dejas colgados” dice Carlos, “pero a nosotros nos compensa no estar varios meses jodidos”.

Antes de terminar la entrevista les enseño mi carnet de donante de sangre y les pregunto si alguna vez han donado ellos. La respuesta se veía venir: “¡¿Para qué voy a regalar mi sangre cuando la puedo vender?! ¡Ni de coña, vamos!”.

Carlos* no es su nombre real, lo hemos cambiado para proteger su intimidad. Algunas de las clínicas y hospitales consultados para elaborar este artículo han declinado participar en el artículo y dar su visión de estos ensayos.