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Le puse un GPS a mi gato y lo que descubrí es preocupante

La información es poder y los GatoPS existen.

por Rosie Hewitson; traducido por Álvaro Alarcón Bermejo
11 Octubre 2019, 3:00am

Tu padre está enamorado de su Fitbit, tu compañera de trabajo tiene una obsesión enfermiza con el contador de calorías de su iPhone y tú no puedes parar de mirar tu cuenta de Revolut para averiguar desesperadamente en qué te gastas todo el dinero. (En cervezas).

Hoy en día, nos hemos obsesionados con monitorizar toda nuestra información. ¿Por qué? Porque, tal y como te estuvo explicando el cuñado de turno, “la información es poder”. En un mundo en el que los gigantes de la tecnología se hacen de oro espiando todo lo que hacemos en las redes, desde cuando hacemos clic hasta nuestras conversaciones, no es de extrañar que nos hayamos convencido de que la mejor manera de conseguir bienestar económico, salud y felicidad sea controlando toda nuestra información en la red.

Hay alrededor de 160000 aplicaciones disponibles en la App Store creadas para registrar nuestros hábitos y controlar nuestra salud. Además, se estima que el número de wearables, dispositivos inteligentes portables que controlan nuestra actividad, conectados a ellas rondará los mil millones en 2020.



Y no estamos sólo obsesionados con explotar nuestros datos personales. Hoy en día, nuestros amigos peludos también pueden apuntarse a la moda de los wearables: los Fitbit para mascotas ya están aquí. De hecho, se han vuelto tan populares en algunos países que las aseguradoras de animales han comenzado a ofrecer descuentos a aquellos que se apunten a la moda de monitorizar a sus mascotas con la tecnología wearable, según el Financial Times.

A estas alturas, ya estamos familiarizados con todas las críticas hacia las aplicaciones que registran nuestra actividad que, además, según varios estudios, la información que proporcionan los FitBit o el Apple Watch no es del todo precisa. Otros afirman que hacer uso de este tipo de tecnología no va a suponer una mejora para tu salud. Así que, aparte del potencial económico que puede tener para los dueños de mascotas, ¿hay alguna otra razón por la que le darías a tu gato o a tu perro uno de estos dispositivos?

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Kubrick el Maine Coon, una bola de pelo majestuosa.

Quería averiguarlo por mí misma, pero mis bebés gatunos no son más que una consentida malhumorada que vive al noroeste con mis padres y una señorona que tiene miedo de salir a la calle. Necesitaba un voluntario. Entra en escena mi amiga Izzy y su gato Kubrick, el Maine Coon. Izzy tenía ganas de participar en el experimento para averiguar qué hacía su bebé cuando se levantaba en mitad de la noche y volvía a la mañana siguiente “oliendo a salmón y a Chanel n.º 5.”

Para que este experimento periodístico tan revolucionario funcionara, tenía que hacerme con la tecnología más avanzada para monitorizar mascotas.

Después de ir de compras y sopesar todas las opciones disponibles, muchas y francamente innecesarias, decidí comprar el Tractive IKATI. A la venta por 55,68 € (probablemente más de lo que me gastaría en uno para mí misma), el IKATI es el primer dispositivo que registra la actividad de tu gato y que además lleva GPS.

Por 3,71 € al mes, puedes seguir a tu gato a través de una aplicación que muestra su localización y su nivel de actividad, que se divide en “perezoso”, “activo” o “dinámico”. Según lo activo que sea recibe “Puntos de Mascota”, con una opción que te permite fijar objetivos diarios y compararlo con otras mascotas del barrio o de tus amigos.

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Kubrick luciendo el fabuloso IKATI, un monitorizador de actividad y GPS para gatos.

Además, puedes crear una “valla virtual” en un área determinada que te avisa cuando tu gato sale de ella. El GPS se puede comprobar en tiempo real y la localización se actualiza cada dos a cinco segundos, lo cual es útil solamente en caso de que Kubrick sea raptado y nos viéramos en una persecución frenética para rescatarlo, lo cual es bastante improbable.

Tras ponerle a Kubrick su nuevo dispositivo (que le hacía parecer un criminal en libertad condicional), le dejamos que saliera a explorar las infames calles de Londres y nos sentamos para espiarle. La novedad hizo que los primeros días fuera bastante adictivo y me pasaba el día abriendo Tractive tanto como mi Twitter o mi Instagram. Kubrick tenía algunos comportamientos bastante interesantes, particularmente en mitad de la noche, cuando era más activo, algunas veces hasta hiperactivo, y una vez incluso se atrevió a salir de su valla virtual.

En cierto modo, era parecido a estar mirando tus redes sociales —el subidón que sentía cuando Kubrick de repente comenzaba a mostrar actividad era comparable al chute de serotonina que se siente cuando te encuentras con un meme buenísimo, mientras que la decepción al ver que estaba durmiendo en casa era similar a cuando abres tu Instagram pero no tienes ninguna notificación nueva.

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El perfil de Kubrick y su localización en la app de Tractive IKATI.

Pero a falta de un secuestro, ¿nos servía de algo toda la información que habíamos conseguido sobre Kubrick? Bueno, sí y no. Puesto que Kubrick es un gañán al que le encanta escabullirse y desaparecer durante mucho tiempo (¿para ver a otra?), fue bastante reconfortante descubrir que la mayor parte del tiempo se lo pasaba durmiendo en el jardín del vecino.

Sin embargo, como no existe ninguna guía sobre el nivel de actividad considerado “sano” o “normal” para un gato de su raza, tamaño y edad, no obtuvimos ninguna información interesante sobre su salud en general. Incluso, aunque fuera capaz de decirnos que nuestro gato necesita ser más activo, no hay nada que nosotros podamos hacer al respecto. ¿Alguna vez has intentado salir a correr con tu gato o apuntarlo a clases de spinning?

Al final, lo más útil (y preocupante) que descubrí fue que, según la actividad que habían registrado las aplicaciones de mi iPhone, en una semana, Kubrick —un gato que se pasa más del 40 por ciento del día durmiendo— había recorrido más distancia en sus paseíllos que yo, un ser humano con piernas mucho más largas.

Quizás no he descubierto nada nuevo sobre su salud, pero lo que sí he averiguado es que probablemente debería apuntarme a un gimnasio o hacer algo, lo cual no es la conclusión que esperaba sacar de todo esto.

Este artículo se publicó originalmente en VICE Reino Unido.

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