Cultura

Pepe Espaliú, el artista que convirtió su cuerpo enfermo de sida en una performance

Espaliú agradeció durante sus últimos meses de vida al sida por permitirle renacer como artista.
05 Diciembre 2019, 5:05amUpdated on 05 Diciembre 2019, 7:30am
Carrying San Sebastián fotografia
Pepe Espaliú en San Sebastián

A pesar de los prejuicios y desconocimiento que todavía genera el VIH en nuestra sociedad es innegable que actualmente la lucha contra esta enfermedad y, sobre todo, el trabajo por erradicar los estigmas que rodean al virus están más activos que nunca. Desde la recaudación de casi 1 millón de euros durante la Gala People in Red hasta campañas como la de Imagina Más donde se empodera a personas con VIH, se ha demostrado que la educación y la sensibilización del público respecto a esta enfermedad es cada vez más latente y necesaria.

La presencia mediática que ha ido adquiriendo el VIH no es, precisamente, fruto de la casualidad. Para entender su evolución en nuestro país hay que echar la vista más de 30 años atrás. Fue durante la década de los 80, cuando se denominaba “la enfermedad de las 3 haches” (la padecían principalmente homosexuales, hemofílicos y heroinómanos), cuando contraer la enfermedad significaba la exclusión social automática y cuando miles de personas murieron a causa de este virus el momento en el que el movimiento de reivindicación y visibilización del sida empezó a despertar.



Pepe Espaliú, artista español nacido en 1955 en Córdoba, es un claro ejemplo de esto. Abiertamente homosexual y reconocido por el gremio artístico a nivel internacional, Espaliú fue uno de esos artistas que pertenecía a las minorías, alejado de grandes movimientos de la época como La Movida.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y posteriormente en Barcelona, su consagración artística comenzó a fraguarse a partir de la década de los 70, cuando el arte conceptual en Cataluña estaba en pleno auge. Siempre mostró interés por varias disciplinas artísticas como la pintura y la escritura, pero a lo largo de su carrera estuvo ligado sobre todo a la escultura.

Tras instalarse en París durante una temporada —experiencia que le dotó de un conocimiento del arte de la época nivel internacional— Espaliú acabó construyendo su propio lenguaje identificatorio a partir de lo escultórico; tratando temas como el deseo, la soledad y la identidad y utilizando elementos iconográficos como las máscaras, las jaulas, las cuerdas y los nudos, entre otros. Esta identidad artística tan personal quedó también reflejada a través de sus dibujos y de varias piezas de documentación en video.

Pero no fue hasta 1990, tras descubrir que padecía la enfermedad del sida, cuando el foco mediático se centró verdaderamente en él. Fue el sida lo que, a partir de entonces, marcaría con fuerza la vida y carrera artística del cordobés. En primer lugar porque se trataba de una de las primeras persona en hablar públicamente y sin tapujos de la enfermedad que padecía. Pero sobre todo porque, después de saber que estaba infectado de sida, en 1992 creó una performance bajo el título de Carrying (en español “que lleva”).

La iniciativa Carrying consistía en una hilera kilométrica de personas voluntarias que por parejas y sin dejar que el artista (ya enfermo a causa del sida) tocase el suelo en ningún momento se lo pasaban de unos a otros en brazos desde el principio hasta el final del trayecto. Espaliú llevó a cabo esta acción primero en San Sebastián en el año 1992, coincidiendo con el festival de cine.

Debido al éxito e impacto que tuvo la performance, volvió a repetirla en Madrid desde la puerta del Congreso de los Diputados hasta los alrededores del Museo Reina Sofía. En esta segunda acción participaron algunos rostros notables como Carmen Romero, mujer del entonces presidente del Gobierno Felipe González, y otros artistas como Pedro Almodóvar o la actriz Marisa Paredes.

Espaliú consiguió así mezclar el arte, la política y la humanidad. Todo ello reflejado en esta acción reivindicativa que en su día fue considerada una de las acciones solidarias más innovadoras de nuestro país. Un proyecto que se engloba dentro de lo que se conoce como “artivismo”, el arte que se crea con un contenido reivindicativo explícito.

"Carrying" en Madrid

El propio artista definió su obra a la perfección en este artículo publicado en El País en el año 1992, donde destacan estas palabras:

“El sida es ese pozo por donde hoy escalo ladrillo a ladrillo, tiznando mi cuerpo al tocar sus negras paredes, ahogándome en su aire denso y húmedo... Y sin embargo, es este sórdido túnel el que de forma súbita y violenta me ha hecho volver a la superficie. El sida me ha forzado de forma radical a un estar ahí. Me ha precipitado en su ser como pura emergencia. Agradezco al sida esta vuelta impensada a la superficie, ubicándome por primera vez en una acción en términos de Realidad. Quizás esta vez, y me es indiferente si se trata de la última, mi hacer como artista tiene un sentido pleno, una absoluta unión con un límite existencial que siempre rondé sin conocerlo del todo, bailando con él sin nunca llegar a abrazarlo. Hoy sé cuál es la verdadera dimensión de ese límite. Hoy he dejado de imaginarlo. Hoy yo soy ese límite”.

Pepe Espaliú consiguió romper los esquemas de lo preestablecido. Gracias a su obra, el artista dio un paso adelante en la lucha por acabar con esas ideas preconcebidas impuestas por una sociedad que no entendía (y todavía le falta por entender) que el sida o el VIH no es motivo de vergüenza, algo que tengas que esconder o una excusa para justificar la discriminación.

Espaliú agradeció durante sus últimos meses de vida al sida por permitirle renacer como artista. Yo estoy agradecido a mi amiga Elena, por contarme la historia de este artista, y todos deberíamos estar eternamente agradecidos a Pepe Espaliú por intentar, con todas sus fuerzas y siempre a través de su arte, acabar con la lacra social que suponen los prejuicios hacia el VIH.

Publicidad