Hijos de la crisis: cómo han vivido estos 10 años los jóvenes españoles

"Con 18 años me había preocupado más por el dinero de lo que se preocupará alguna gente en toda su vida."

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28 Noviembre 2017, 4:15am

Sofía en el 2007 y en la actualidad

En 2007, se produjo lo que muchos señalan como el germen de una crisis financiera que llega hasta nuestros días: la inyección de liquidez por parte de los bancos centrales, la crisis de las hipotecas subprime en EE. UU., la suspensión de fondos debida a la falta de crédito de entidades como BNP Paribas... Hechos que hacían presagiar lo que en 2008 se convirtió definitivamente en una pandemia: la recesión económica.

Desde entonces dos generaciones de jóvenes, la Millennial y la Generación Z, fueron condenadas a crecer conviviendo con términos y realidades como recortes, recesión y crisis económica, precariedad laboral, paro juvenil o fuga de cerebros.


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Crecieron escuchando que vivirían peor que sus padres, y se organizaron mundialmente en 2011 para pedirle explicación a un sistema que les había convertido en víctimas. Acamparon en Sol, en Wall Street o en la Plaza Síntagma de Atenas para reclamar un futuro digno al que parecía que nunca tendrían derecho.

Diez años después del estallido de la crisis, una década más tarde de aquellos días en los que, según nos quisieron hacer creer, vivimos por encima de nuestras posibilidades, le preguntamos a jóvenes de entre 18 y 31 años cómo vivieron el estallido de la burbuja.

Algunos estaban en el colegio, a otros les pilló a punto de entrar en la universidad. Unos no entendían por qué sus padres ya no les llevaban al cine ni de vacaciones y otros tenían que explicarles por qué aceptaban ser eternos becarios en multinacionales cobrando sueldos de mierda. Estos son sus testimonios.

Sofía y Rodrigo en la actualidad

Sofía, 18 años y Rodrigo, 19

VICE: ¿A qué os dedicáis y de dónde sois?
Sofía: Estudio Ciencias Políticas y Gestión Pública junto con Periodismo. Soy de Córdoba.
Rodrigo: Trabajo en una tienda. Soy de un pueblo de Ciudad Real.

¿Creeis que determinó de alguna manera el periodo de crisis en el que crecisteis a la hora de escoger estudios o elegir vuestro futuro laboral?
Sofía: Claro. Considero que es necesario informar a la gente para que sean ellos mismos quienes motiven y protagonicen un cambio necesario: por eso estudio periodismo. Y es igualmente necesario conocer la Historia, de dónde viene todo esto, para no repetir errores en el futuro: por eso estudio Políticas. La primera vez que escuché que la economía capitalista tenía necesariamente fases de crisis estaba en 1º de Bachillerato.

Ninguna de mis compañeras pareció inmutarse, pero yo no podía creérmelo. ¿Por qué aceptábamos entonces un sistema que tiene como elemento intrínseco las crisis, como la que había hecho que mis familiares y vecinos lo pasaran tan mal? ¿Por qué nadie me había contado nunca antes esto?

"La primera vez que escuché que la economía capitalista tenía necesariamente fases de crisis estaba en 1º de Bachillerato. Ninguna de mis compañeras pareció inmutarse, pero yo no podía creérmelo" — Sofia

Rodrigo: Dejé de estudiar porque nunca me ha gustado hacerlo. Cuando acabé la ESO, me metí a Bachillerato porque mis amigos lo hacían, pero no sacaba buenas notas. En el verano de primero, me salió un curro y lo cogí, y en septiembre decidí seguir en ese trabajo y no volver al instituto.

Sí que es verdad que también influyó que, mirando a mi alrededor, veía cómo estaba la situación, que no había trabajo por ningún lado, mucha gente muy cualificada en paro.... y tampoco me lo pensé mucho, lo vi como algo que no podía rechazar. Entonces te diría que en el tema académico no me ha influido mucho la crisis, pero en lo laboral en cierta manera sí.

Sofía y Rodrigo en 2007, cuando estalló la crisis, con 8 y 9 años respectivamente

El estallido de la burbuja os pilló de niños. ¿Os disteis cuenta de cómo influía en vuestra vida cotidiana?
Sofía: Recuerdo que influyó mucho en las salidas y en el tiempo libre, porque yo entonces no entendía por qué dejábamos de ir al cine o de vacaciones. Sabía, por una parte, que había crisis, y por otra que habíamos dejado de hacer algunas cosas. Pero no asociaba que lo segundo había sido a causa de lo primero. Tengo muchos recuerdos, como con 8 o 9 años, de conversaciones familiares en las que se mostraba mucha preocupación cuando empezaban a escucharse términos como burbuja inmobiliaria, recortes, crisis... Quizás parezca gracioso porque era muy pequeña, pero yo recuerdo estar muy preocupada a raíz de las conversaciones que oía en casa.


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Rodrigo: Aunque era un crío, sí que recuerdo que en mi pueblo, en el que mucha gente se dedicó a la construcción durante los años de la burbuja inmobiliaria, veías a albañiles con sus Mercedes, con sus BMW, con sus Audis... y mi padre los criticaba bastante, como intuyendo lo que vendría después. En mi familia nadie se dedicó a ningún sector particularmente afectado por la crisis, como la construcción, así que en esos años no tengo la sensación de haberme enterado mucho.

Cynthia y Guillermo en la actualidad

Cynthia, 25 años y Guillermo, 27

VICE: ¿A qué os dedicáis y de dónde sois?
Cynthia: Estudio un Máster en Estudios Árabes e Islámicos contemporáneos. Soy de Aranjuez (Madrid).
Guillermo: Estudié Arquitectura y, tras dos años sobreviviendo en el sector, acabo de empezar un máster de Consultoría de Negocio, a ver si así logro vivir en lugar de sobrevivir. Soy de Valencia.

"Es imposible tener una "vida normal" y ajena a eso cuando los ingresos mensuales que recibe tu familia durante un tiempo son de 400 euros" — Cynthia

¿Cambió algo en vuestro entorno a partir de 2007 que os hiciera notar que había crisis?
Cynthia:
Sí. Mi padre se quedó en paro con 55 años, yo tendría entonces 18 o 19. Vi cómo ese drama tan repetido en los medios, el de personas en esa franja de edad, demasiado mayores para volver a conseguir un trabajo o emprender, se hacía real. Además, justo coincidió con que mi madre estaba pasando por una enfermedad grave y tampoco podía trabajar. Ante esta perspectiva, no había manera de que yo no fuera consciente de lo que estaba pasando. Es imposible tener una "vida normal" y ajena a eso cuando los ingresos mensuales que recibe tu familia durante un tiempo son de 400 euros.


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Guillermo: Afortunadamente, en mi familia nadie se vio afectado directamente por despidos, pero siempre he tenido la crisis muy presente por casos realmente dramáticos en amigos. Mi madre es matrona y trabaja para la Generalitat valenciana, así que tenía el trabajo asegurado. Pero sí que se vio afectada por recortes en su sueldo, y tuvimos que prescindir de comodidades como que una persona viniera a limpiar a casa cada semana, y pasamos a hacerlo entre ella y yo.

Guillermo y Cynthia en el 2007, con 17 y 15 años respectivamente

¿En qué medida influyó aquello en los adultos que ahora sois, en vuestra personalidad?
Cynthia: A mí enormemente. Hay una parte de mí que no se ha olvidado de aquello para todas y cada una de las decisiones que he tomado después. Suena a tópico, pero tuvo su parte positiva: ahora considero un lujo cada pequeña cosa que tengo, cada pequeña oportunidad.

También, a raíz de esa situación, desarrollé un rechazo a nuestro sistema, a la falta de amparo en este supuesto Estado del Bienestar en el que vivimos, y me he vuelto muy crítica con aquellos que no valoran sus privilegios o las oportunidades que han tenido y yo no. Me he vuelto muy realista y muy poco materialista.

"Hemos comprobado que lo que asumíamos como derechos básicos (el trabajo digno, la vivienda, la educación o la sanidad) podía irse a la mierda en cualquier momento" — Cynthia

Con 18 años, me había preocupado más por el dinero de lo que se preocupará alguna gente en toda su vida. Y, aunque es peligroso generalizar porque cada cual ha vivido la recesión de una manera distinta, creo que es algo que le ocurre a toda mi generación: nos hemos formado una visión muy realista. Hemos comprobado que lo que asumíamos como derechos básicos (el trabajo digno, la vivienda, la educación o la sanidad) podía irse a la mierda en cualquier momento.

Guillermo: Yo fui a una universidad privada, el CEU. Ahí me di cuenta de los esfuerzos económicos que realmente hacía mi madre por pagar la hipoteca, mi universidad... Por lo que creo que me sirvió para interiorizar mucho lo que cuestan las cosas y lo que cuesta conseguirlas. Tuve que enfrentarme a no tener paga, a trabajar en verano o en curros temporales...

La situación económica me hizo plantearme también si debía continuar estudiando arquitectura o cambiarme a otra carrera que no me fuera a generar tanta incertidumbre laboral. Soy consciente de que si no hubiese vivido eso, me habría acomodado. Ahora mismo siento presión, en el sentido en el que sé que en cualquier momento puede volver a pasar y quiero estar preparado para ello. Y en eso me ha repercutido, claro.

Rita y Fer en la actualidad

Rita, 30 años, y Fer, 31

VICE: ¿En qué trabajáis y de dónde sois?
Rita: Soy médico, residente de quinto año de Cirugía General y nací en Canarias.
Fer: Me dedico a la publicidad y soy madrileño.

¿Cuándo fue la primera vez que escuchasteis la palabra crisis y qué significó para vosotros después?
Rita: La primera vez que escuché el término crisis creo que fue como a mediados de carrera, en torno al 2008..., pero no le presté mucha atención, y desde luego no fui consciente en su momento de su significado y de lo que podía repercutir en mi vida o en la de mis allegados. En mi caso, la medicina en España siempre ha sido como un camino a recorrer de forma automática, es decir: uno finaliza la carrera y si quiere quedarse a trabajar aquí ha de hacer el MIR, por lo que no buscas, sino que sigues estudiando. En este punto, la crisis me afectó en cuanto a que hubo menos plazas ofertadas para mayor número de gente, situación que ha ido en aumento hasta la actualidad...

"Ahora, a las puertas de finalizar la residencia, es cuando me he dado de bruces con la realidad a la que mi pareja, mis amigos o familiares llevan enfrentándose desde hace 7 u 8 años, como los contratos basura" — Rita

Luego comienzas a trabajar como residente, y en ese momento no sufres directamente los efectos de la crisis como la ausencia de trabajo, aunque sí la reducción salarial que han sufrido casi todos los trabajadores de este país desde que comenzó la crisis. Finalmente ahora, a las puertas de finalizar la residencia, es cuando me he dado de bruces con la realidad a la que mi pareja, mis amigos o familiares llevan enfrentándose desde hace 7 u 8 años: falta de trabajo, pero sobre todo, falta de calidad laboral, contratos basura.

Rita y Fer en 2007, con 20 y 21 años respectivamente

Fer: Fue justo cuando empecé mi primer año de universidad. Recuerdo que comentábamos los amigos aquello de “pues hemos tenido suerte, oye, nos pilla la crisis empezando a estudiar y, cuando queramos terminar la carrera ya se habrá pasado”. Lo que no imaginábamos era que la recesión no solo no iba a haber terminado, sino que estaría en su cénit cuando empezamos a entrar en el mercado laboral.

"Tenía que explicarle a mis padres por qué estaba trabajando para una de las agencias de publicidad más grandes del mundo a jornada completa por 200 euros al mes" — Fer

La sensación entonces fue de desesperación y resignación, y al final acabas por asumir esa realidad. Yo tenía que explicarle a mis padres por qué estaba trabajando para una de las agencias de publicidad más grandes del mundo a jornada completa por 200 euros al mes porque era una gran oportunidad, un trampolín, etc. Era lo que había.

Casi todos mis amigos más cercanos han tenido enormes dificultades para encontrar un trabajo con un sueldo que les de para un alquiler y lo justo para comer. La mayoría con estudios universitarios, máster e idiomas. Me parece, como poco, una situación bastante desagradable.

¿Tenéis colegas que tuvieron que emigrar a causa de la falta de oportunidades y todavía no han vuelto?
Fer: Sí, ¡muchos!

Rita: Sí, varios... a mi pesar.


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Y, ¿cómo os hace sentir eso?
Rita: A mí la verdad que me entristece, me frustra y decepciona ver gente cualificada que, a pesar de sus esfuerzos, no puede conseguir un futuro digno en su país. Me resulta muy, muy triste.

Fer: Pues me alegro por ellos, porque hacen bien. Una persona con carrera, máster e idiomas que cobra 1.200 euros en España, cobraría 1.800 haciendo lo mismo en Francia, 2.500 en en el Reino Unido y 4.000 como poco en EE. UU. La verdad es que somos tontos los que aún no nos hemos ido.