Sexo

La monogamia es más difícil para las mujeres

Los expertos han empezado a cuestionar las ideas clásicas sobre el género y la fidelidad.
MA
traducido por Mario Abad
LC
traducido por Laura Castro
Freestocks.org

La idea de que, a diferencia del hombre, la monogamia es un estado natural para la mujer, es una creencia muy extendida. Mucha gente se aferra a la narrativa de que cada sexo tiene una “configuración” distinta, lo que ha hecho que las mujeres hayan evolucionado hacia la monogamia y los hombres, hacia la promiscuidad.

Pero hay un problema con este razonamiento: que no es cierto, según afirma la escritora Wednesday Martin en su último libro, UNTRUE: Why Nearly Everything We Believe About Women, Lust, and Infidelity is Wrong and How the New Science Can Set Us Free (FALSO: Por qué casi todo lo que creemos sobre las mujeres, el deseo y la infidelidad es erróneo y cómo la nueva ciencia puede liberarnos).

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Martin aporta una perspectiva provocativa basada en los últimos estudios de investigación y en entrevistas con expertos en sexualidad humana, con la que busca hacernos reflexionar sobre las mujeres y el sexo. Asimismo, aclara una serie de falsas creencias respecto a la sexualidad femenina, como las razones por las que las mujeres son infieles.

Hace poco hablé con Martin, que me contó qué la inspiró para escribir este libro y las cosas más sorprendentes que ha aprendido durante el proceso.

VICE:UNTRUE trata, sobre todo, de la infidelidad de la mujer. ¿Por qué decidiste escribir un libro sobre este tema?
Wednesday Martin: A los veintitantos años, yo misma me consideraba un desastre para mantener relaciones monógamas. Una vez casada —muy felizmente, debo decir—, me sorprendía mí misma pensando: ¿Vamos a estar bien mi marido y yo siendo monógamos para siempre? ¿Cómo lo gestionan otras parejas? ¿Cuál es la prehistoria evolutiva de los vínculos de pareja —y, concretamente, de la sexualidad femenina— y qué puede esta revelarme acerca de las dudas que me planteo ahora? Había, por tanto, un componente personal. Por otra parte, en mi trabajo siempre me han atraído las mujeres que suelen ser objeto de odio en nuestra cultura, y la adúltera es una de ellas, sin duda.

"Entre la población de veintitantos años, los casos de infidelidad en mujeres casadas superan a los de los hombres"

¿Hasta qué punto es común la infidelidad entre las mujeres estadounidenses? ¿Y qué diferencia hay entre esta y el índice de infidelidad entre los hombres?
Las cifras varían mucho en función de cómo se plantee la cuestión y lo cómodas que se sientan las mujeres sincerándose. Esto es así porque todavía existe un doble rasero a la hora de juzgar la infidelidad en el caso de las mujeres, ya que se sigue creyendo que es natural que los hombres engañen a sus parejas. Esto hace que se den a conocer muchos menos casos de infidelidad a mujeres de los que realmente hay.

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Algunas fuentes sugieren que un 13 por ciento de las mujeres ha sido infiel a sus cónyuges. Otras estadísticas sitúan la cifra de mujeres que admiten haber sido infieles en un 50 por ciento. Me sorprendió descubrir que, entre la población de veintitantos años, los casos de infidelidad en mujeres casadas superan a los de los hombres. Por otro lado, varios estudios llevados a cabo en EUA revelan que los índices de infidelidad de hombres y mujeres están mucho más igualados de lo que cabría esperar.

En tu libro, sugieres que muchas de las ideas preconcebidas sobre por qué las mujeres son infieles están equivocadas. Una de ellas es la que defiende que los hombres ponen los cuernos porque buscan sexo y las mujeres lo hacen porque anhelan una conexión emocional. ¿Cuál es la verdad?
En EUA, se ha aceptado la idea de que las mujeres son infieles porque buscan “intimidad emocional”. Sin embargo, numerosas investigaciones llevadas a cabo por expertos, entre ellos Alicia Walker, indican que son muchas las mujeres que ponen los cuernos por la misma razón que los hombres: el sexo. Al menos las mujeres a las que observé y con las que hablé en fiestas sexuales no estaban ahí para buscar un vínculo emocional. “He venido para disfrutar del sexo sin compromisos”, me decían. Debemos tener en cuenta esta realidad cuando hablemos de sexualidad femenina y seguir aprendiendo de ella.

Asimismo, los expertos me advierten del peligro de dar por válidos los motivos que esgrimen las propias aludidas. Las mujeres a las que se les dice que ellas son infieles por motivos sentimentales tenderán a esgrimir ese mismo argumento para justificar sus aventuras extramatrimoniales.

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Del mismo modo, los hombres a los que se les dice que ellos solo son infieles porque buscan sexo tenderán a usar ese argumento para justificar sus infidelidades. Si nos desprendemos de esos prejuicios, lo más probable es, según afirma la experta en infidelidades Tammy Nelson, que las motivaciones de hombres y mujeres sean más parecidas de lo que creíamos inicialmente.

“Las relaciones duraderas son especialmente incompatibles con el deseo femenino”

¿Qué otras falsas creencias ampliamente extendidas sobre la infidelidad femenina hay?
Se tiende a pensar que las mujeres no “irán por el mal camino” si son felices con sus parejas. Sin embargo, más de un tercio de las participantes de un estudio que habían cometido una infidelidad aseguraban sentirse “felices” o “muy felices” en su matrimonio. La creencia general es que las mujeres son más caseras y necesitan ese entorno hogareño para sentirse sexualmente estimuladas.

Pero Cynthia Graham y sus compañeros descubrieron que la cifra de mujeres que aseguraban haber perdido el interés por practicar sexo en su relación pasado un año duplicaba la de los hombres. En lugar de suponer que esto se debe a que “a las mujeres les gusta menos el sexo”, muchos expertos consideran ahora que se debe a que necesitan variedad, novedad y aventura sexual tanto como los hombres o incluso más. Y si no lo obtienen, se cierran sexualmente.

La psicóloga Marta Meana me lo resumió de forma muy sucinta: “Las relaciones duraderas son especialmente incompatibles con el deseo femenino”. Damos por sentado que es el hombre el que está “programado para ir de flor en flor” y se aburre más rápidamente que la mujer en una relación monógama. Sin embargo, es la mujer la que tiene más dificultad en adaptarse a esta institucionalización de los roles y a ver atenuado su deseo sexual por su papel doméstico, según las conclusiones de expertas como Esther Perel y Meana.

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Ciertos científicos sociales defienden que la monogamia es un estado más “natural” o fácil de mantener para las mujeres que para los hombres. ¿Qué opinas al respecto?
No nacemos con una tendencia natural u otra, en lo relativo al sexo, así como tampoco hay un tipo de sexo al que tendamos evolutivamente. Al contrario, desde el punto de vista evolutivo, somos estrategas sociales y sexuales muy flexibles. Esa es una de las razones por las que el Homo sapiens no se ha extinguido.

Cuando Darwin observó que las hembras de muchas especies animales se mostraban sexualmente reservadas, selectivas y reticentes y los machos eran de natural competitivo y salido, estableció una tendencia que distorsionaba la lente a través de la que observamos la conducta. Hoy, gracias, sobre todo, al trabajo de primatólogas, antropólogas e investigadoras sexuales, sabemos que, en el contexto adecuado, la sexualidad femenina es asertiva, atrevida y “promiscua”, como hemos dado en llamarla.

"Una vez hayamos interiorizado que la sexualidad femenina ocurre a caballo entre el clítoris y la cultura, seremos más capaces de explicar la variedad de formas en que puede expresarse"

La gran antropóloga y comparativista Sarah Hrdy señala que, en todas las especies, incluida la humana, la mejor madre ha sido, durante eones, aquella que en circunstancias ecológicas específicas y nada infrecuentes, es promiscua. De esta forma se protegía contra la infertilidad del macho y mejoraba sus posibilidades de quedarse embarazada y tener descendencia sana y de crear una mayor red de apoyo al contar con la atención de dos o tres machos que creían que los vástagos podrían ser suyos.

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En las culturas contemporáneas con paternidad compartida, como la de los bari, en Sudamérica, existe la creencia de que el bebé se gesta a partir del esperma de varios hombres, y a veces a las mujeres monógamas se las considera mezquinas y malas madres. Brooke Scelza nos cuenta que entre los miembros de la etnia himba, en Namibia, la infidelidad se considera beneficiosa para las mujeres y su descendencia, y lo mismo ocurre con los pimbwe, de Tanzania. Observar estos diversos comportamientos sexuales femeninos en otras culturas y entre primates no humanos nos obliga a replantearnos todas esas suposiciones sobre la mujer que tan cómodas y reconfortantes resultan.

¿Hubo algo que te sorprendiera o te pareciera especialmente destacable mientras investigabas y escribías el libro?
Me quedé flipada con la práctica del hotwifing —mujeres que se acuestan con otros hombres con el consentimiento y el conocimiento de sus maridos—. Me enteré de lo que era cuando alguien me envió un mensaje privado preguntándome si yo lo practicaba.

Me puse en contacto con David Ley y Mireille Miller-Young, quienes han escrito numerosos trabajos sobre esta subcultura y la del intercambio de parejas. Ley señala que los hombres que disfrutan viendo a sus mujeres acostarse con otros hombres están rompiendo con el guion tradicional que dicta que los hombres deben controlar a sus mujeres, tanto en el ámbito sexual como en cualquier otro. Aprendí mucho de esto y es una de mis partes favoritas de UNTRUE.

Pese a que hay mucha información disponible que rebate las ideas tradicionales sobre las mujeres y el sexo, la gente sigue malinterpretando las cosas una y otra vez. ¿Por qué sigue ocurriendo? ¿Qué se puede hacer al respecto?
Los prejuicios distorsionan nuestra forma de ver las cosas y limitan lo que somos capaces de ver. Actualmente se ha producido un cambio en las ciencias sociales y parece que ahora se entiende que nuestra sexualidad se halla en la intersección entre biología y contexto. Una vez hayamos interiorizado que la sexualidad femenina ocurre a caballo entre el clítoris y la cultura, seremos más capaces de explicar la variedad de formas en que puede expresarse, en lugar de presuponer que la sexualidad femenina es de una forma u otra “por naturaleza”. Creo que esa forma de pensar va a resultar muy liberadora para gran cantidad de mujeres, hombres y personas que no se identifican con ninguno de los dos.

Justin Lehmiller es investigador del Kinsey Institute y autor del blog Sex and Psychology. Puedes seguirlo en Twitter.