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Las redadas del capitán Saprisa son sólo una pequeña parte de una enorme operación que dura 12 días en las llanuras alrededor de Pedro Juan Caballero, el violento pueblo fronterizo en el corazón del próspero mercado de drogas de Paraguay.En total, la SENAD ha limpiado 326 hectáreas de cannabis durante la operación. Cerca de 10.000 plantas por hectárea, eso representa 3,2 millones de plantas en menos de dos semanas. Para tener una dimensión de las cifras, es preciso mencionar que la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) eliminó aproximadamente 4,3 millones de plantas en todo el 2014, a lo largo del territorio estadounidense.Kamba Rembe: el pueblo paraguayo que planta y odia a la marihuana. Leer más aquí.
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Con el tamaño de California, pero con una población de apenas siete millones, Paraguay ha surgido como un gran productor gracias a sus abundantes lluvias, días soleados durante todo el año y suelos fértiles. Junto con la marihuana, el país también produce soja, maíz y carne de res.Paraguay limita con Brasil, uno de los mercados más grandes de marihuana, y un país donde las leyes pueden meter en serios problemas a los consumidores que tengan algo de droga creciendo en su propiedad.Los beneficios económicos también son enormes. De acuerdo a la SENAD, un kilo de marihuana se vende en 30 dólares en Paraguay, pero puede llegar a costar 400 dólares en Argentina, 500 en Brasil y 1.000 en Chile, quizá uno de los mercados más caros en Sudamérica.'La corrupción es la mejor amiga de los traficantes'.
El legado del régimen autocrático del general Alfredo Stroessner, que duró de 1954 a 1989, también ha impulsado la producción de cannabis.Las políticas de Stroesser dejaron el 80 por ciento de la tierra en manos del 1,6 por ciento de la población. Eso quiere decir que los ranchos se extienden a lo largo de más de 250.000 acres. Son vastas áreas que un solo dueño no puede controlar.El problema empeora por una ley ambiental que exige a cada hacienda tener al menos un cuarto de la tierra cubierta por bosque natural, creando el ambiente perfecto para las plantaciones de marihuana clandestinas. La SENAD afirma que 60 por ciento del cannabis del país crece en estas reservas de bosque privado.
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Y la corrupción casi siempre va de la mano con serios abusos a los derechos humanos por parte de los policías y los agentes antinarcóticos, los cuales son denunciados por la Defensoría del Pueblo, la autoridad oficial de derechos humanos en Paraguay.Campesinos residentes de las áreas donde crece la hierba dicen que las medidas en contra de la marihuana los mantienen atrapados en un círculo vicioso de pobreza, narcoviolencia y abusos por parte de los policías."Si sólo vendes semillas, no sirve de nada. Los precios son muy bajos", dice Gabriel Dos Santos, líder comunal en Kamba Rembe, un pueblo remoto donde habitan unas 80 familias en el corazón de Paraguay. "Es por eso que la gente siembra marihuana, aunque es un dolor de cabeza y hay miedo en la comunidad".Dos Santos trata de persuadir a sus vecinos para que dejen el cultivo ilegal, además de ejercer presión sobre el gobierno del presidente Horacio Cartes para que les ayude a desarrollar alternativas en la comunidad, donde la SENAD embargó un botín de 10 toneladas de marihuana empaquetada.El gobierno ha prestado a la comunidad excavadoras para poder limpiar y aplanar los campos para después usar tractores e incrementar su productividad de cacahuates, maíz, frijoles y yuca.
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Sin embargo, muchos lugareños necesitan llegar con suficientes recursos económicos a fin de mes, y no piensan dejar su cultivo comercial mas lucrativo.Uno de ellos, César, que utiliza un nombre falso, dice que la cannabis produce un beneficio anual de 800 dólares por acre."Es de buena calidad", afirma el hombre de unos treinta años, vestido con un traje deportivo desgastado y sandalias, mientras saca de su bolsillo un cogollo de resina y trocito de hachís."La probé una vez y me puso loco por cinco horas" añade, mientras los cerdos y gallinas vagan alrededor. "No hay semillas y tiene pocas hojas. Eso toma mucho trabajo".'La probé una vez y me puso loco por cinco horas'.
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Alguien que sí quiere una nueva política sobre la marihuana es el congresista de oposición, José Ledesma, a pesar de que ha señalado que Paraguay podría "no estar listo para legalizarla". Pero insiste en que el poder de los cárteles y la habilidad para corromper a la policía y a otras instituciones públicas, requiere soluciones novedosas."Uruguay ha iniciado una discusión desde la perspectiva de los consumidores. En Paraguay necesitamos iniciar una desde el punto de vista de los productores", dice Ledesma. "Aquellos que están en prisión están en el último peldaño de la escalera. Los grandes jugadores no están tras las rejas".Chamorro, comandante de las fuerzas especiales de la SENAD, también está consciente de la necesidad de un debate, acentuando el éxito continuo de los narcos frente a los esfuerzos de erradicación de Paraguay.Incluso aplaude el valor de Uruguay al legalizar completamente la cannabis en 2013. Sin embargo, el comandante aún pone su confianza en la represión."El tabaco y el alcohol son ya de por si malos, ¿para qué permitir una tercera droga?", pregunta."Antes podía fumar en un avión o en un restaurante. Ahora no puedo, soy virtualmente un criminal. ¿Y cuál ha sido el efecto de reducir el tabaquismo? ¿Hay más o menos fumadores ahora? La prohibición funciona".El Pulitzer Center on Crisis Reporting financió el viaje para lograr este reportaje.Sigue a Simeon Tegel en Twitter: @SimeonTegelSigue a VICE News En Español en Twitter: @VICENewsEs'Me dispararon nueve veces'.