Canada

Un político sobrevive ocho días perdido en el Ártico comiendo renos y construyendo iglús

Un congresista esquimal canadiense se perdió en compañía de su hijo y su sobrino durante una nevada mientras surcaba en una moto de nieve una zona remota de Canadá. Construyeron iglús con un cuchillo para protegerse y se alimentaron con carne de reno.
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Foto via Canadian Press/Kevin Frayer
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Tenían un saco de dormir, un hornillo para acampar, leña, té y algo de azúcar.

Claro que, posiblemente, el bien más preciado de todos era su navaja, el instrumento que permitió al congresista Nunavut de 62 años cavar dos iglús y sobrevivir 8 días extraviado en la tundra polar, uno de los territorios más implacables del norte del Canadá.

Pauloosie Keyootak, su hijo de 16 años, Atamie Quiyuqtaq y su sobrino, Peter Kakkig, de 47, fueron rescatados el jueves por la noche después que se hubiese activado un desaforado dispositivo de búsqueda por tierra y por aire, que se extendió durante días, una vez que el trío de expedicionarios no logró llegar al destino de su periplo. Finalmente fueron rescatados con ayuda de un helicóptero y trasladados a un hospital, donde se informó que su estado era bueno. Así lo ha informado Canadian Press, que habló con Keyootak el viernes pasado, cuando este ya se encontraba de vuelta en su oficina en el congreso Nunavut.

'Sobrevivimos gracias a la carne de reno'.

Los tres viajeros habían salido de Iqaluit, la capital del territorio, el día 22 de marzo, en lo que se esperaba que fuera un trayecto de 11 horas. Su plan consistía en desplazarse en motos de nieve a través de los 250 kilómetros que les separaban de Pangnirtung, y luego desplazarse a la costa de la isla de Baffin, desde donde se desplazarían hasta Qikiqtarjuaq, sendos vecindarios ubicados sobre la bahía de Baffin, el estrecho del Ártico que separa las aguas de Canadá de las de Groenlandia. Sin embargo, un fuerte temporal de nieve les desorientó y se perdieron a mitad de camino.

"Fuimos sorprendidos por una tormenta de nieve", ha contado Keyootak a Canadian Press. "Esa es la razón por la que me perdí. Se borró el sendero. Y en algún momento entre aquí y Pang, di la vuelta en la dirección equivocada".

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El problema es que cuando se dieron cuenta del error ya era demasiado tarde: no disponían de combustible suficiente como para regresar. La única alternativa que les quedaba para sobrevivir era construir un iglú e intentar cobijarse del viento y de las polares temperaturas de 30 grados bajo cero.

"Mi hijo y mi sobrino cazaron un reno", ha dicho Keytooatak. "Así es como hemos sobrevivido — gracias a la carne del reno". Poco después de construir el iglú, este se empezó a agrietar, de manera que tuvieron que construir otro.

"Teníamos un saco de dormir y un colchón. Era todo lo que teníamos, así que el saco de dormir quedó para mi hijo".

"Lo más importante era mantener a mi hijo en calor. Yo y mi sobrino nos cubríamos con nuestras parkas cuando caía la noche. Sobrevivir en esa clase de condiciones, tan frío de noche, fue lo más complicado".

Así es cómo este lago canadiense se cayó por un precipicio y desapareció. Leer más aquí.

Los renos cerca de Opingivik, en la isla de Baffin. (Imagen por AP/Stephan Savola)

Keyootak es un esquimal de la minúscula comunidad inuit de los Qikiqtarjuaq, cuya población es de 520 personas y cuya lengua materna es el inuit. En febrero de este año Keyootak fue elegido como delegado independiente de la asamblea legislativa Nunavut. Allí, las temperaturas registradas han caído más allá de los 40 grados centígrados bajo cero — que es la temperatura en que los termómetros Celsius y Fahrenheit se encuentran. La remota comunidad, una de las más septentrionales del Canadá funcionó en su día como un puesto de advertencia de futuros ataques rusos

Esta semana, sin embargo, Keyootak y sus compañeros estaban solos.

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"Durante el día, mientras brillaba el sol, todo estaba bajo control", ha relatado a Canadian Press. "Entonces aprovechábamos para estar afuera. Nos despertábamos temprano, bebíamos té, salíamos afuera y nos movíamos un poco, para no estar sentados todo el rato en el mismo sitio".

'No nos dijimos demasiado: simplemente le di un abrazo'.

"Solo nos quedábamos dentro del iglú cuando oscurecía. Bebíamos té y nos acostábamos temprano".

El día que fueron localizados por el avión de búsqueda, se habían quedado sin nada que comer.

"Me puse a dar saltos de felicidad. Estaba muy contento. Lloraba", cuenta Keyootak sobre el momento del rescate.

Las autoridades y los responsables de la misión de búsqueda se habían mostrado confiados, mientras peinaban la zona, sobre las posibilidades de supervivencia de los tres esquimales. A fin de cuentas son cazadores y saben cómo sobrevivir en condiciones parecidas. Pese a todo, después de 8 días de búsqueda, encontrarles desató la euforia.

"La verdad es que me puse a caminar hacia Pauloosie y le di un abrazo", ha relatado a la emisora CBC Ed Zebedee, el director gubernamental de los servicios de protección de los Nunavut. Zebedee se refería al momento en que los esquimales se bajaron del helicóptero en el que habían sido rescatados. "No nos dijimos demasiado: simplemente le di un abrazo".

"Solo esperamos que este caso sirva para que, en adelante, la gente empiece a llevar consigo el instrumental necesario para comunicarse. De tal manera, seremos capaces de localizarles directamente una vez se metan en problemas", ha concluido Zebedee.

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