No sean pendejas, no dependan de un hombre: Una charla con Sabrina Sabrok

La leyenda nos regaló perlas de sabiduría invaluable.
6.6.18
Fotos cortesía de la artista

Corría el año 2002 y me encontraba en el cuarto de mi viejo e infantil amigo Carlos. Los dos, en compañía de Sergio, a quien apodábamos el “Tanque” por su complexión obesa, veíamos la televisión, cambiábamos de canal. En uno que jamás había sintonizado y que se llamaba Mexiquense, apareció un grupo que, para nuestros 14-15 años de edad, no supimos darle una etiqueta, un estilo musical. Su sonido era estridente, incomprensible y ajeno. Hoy podría decir que era la combinación de Nitzer Ebb, Ministry y la estética de cualquier dark de la capital mexicana que se acerca a ofrecerte el periódico de cooperación voluntaria Machetearte.

Pero lo que se quedó atrapado en nuestras mentes aquella tarde de aburrimiento en la Ciudad de México, fue la despampanante mujer pelirroja que estaba gritando en un programa de televisión abierta, vestida de cuero, como una Jessica Rabbit del Inframundo. Recuerdo que vimos toda su presentación y lo único que entendimos fue que se trataba de una banda argentina.

Tiempo después, y como por acto de magia (negra), esa llamativa mujer pelirroja no sé porque apareció en La hora pico, el programa nocturno y de comedia picaresca que salía en el Canal de las Estrellas, bailando con poca ropa junto a otras dos chicas igualmente sensuales, una rubia y la otra morena.

Hoy esto forma parte de mis recuerdos como adolescente. Algunas veces, en charlas que van de todo un poco, tiendo a contar la historia de cómo descubrí a Sabrina Sabrok antes de su vida plagada de fama, escándalos y silicón. Por eso mismo decidí escribirle un correo electrónico para pactar una entrevista sobre sus años de rock con su antigua banda Primeras Impresiones. Casi al instante me contestó, dejándome su número telefónico para llevar a cabo una charla.

Días después Sabrina Sabrok estaba del otro lado de mi smartphone. Ella en Ciudad Juárez y yo en la Biblioteca Vasconcelos de la CDMX. Hablamos de su juventud, sus gustos musicales, el aprendizaje que le dejó estar al frente de una banda, su llegada a México, Televisa, y su filosofía como mujer rebelde.

Noisey: A los 12-13 años te fuiste de tu hogar, lo que me parece te hizo ser rebelde e independiente. ¿Desde aquel tiempo la música ha estado presente en tu vida?
Sabrina: A los 12 años me salí de mi casa. En aquel entonces comenzaba a estudiar algo de música en el Conservatorio Musical de Buenos Aires, Argentina. Y la verdad es que dentro de todo tipo de estilo musical, siempre me incliné por el metal. Mi mamá escuchaba Led Zeppelin y AC/DC. Entonces, de pequeña me veía muy influenciada por estos dos grupos. Hasta el día de hoy me siguen gustando mucho.

¿Pero qué grupos fueron los que tú comenzaste a descubrir por cuenta propia?
Empecé a escuchar mucho a Metallica, o cosas no tan pesadas pero de la misma época como Bon Jovi. Tenía 12 años, eran los ochenta y me encantaba todo eso. Incluso ya tenía la idea de hacer algo relacionado con la música.

En lugar de jugar con muñecas, jugaba a amarrar a mis hermanos y vecinos.

Quiero pensar que en tu adolescencia, aparte de identificarte con el metal, quizás también te influenciaste con algunas cosas dark, cyber punk e incluso con el sadomasoquismo, que podría ir un poco de la mano con estos géneros musicales. ¿Qué otras influencias tuviste en tu juventud?
Desde que era una niña ya hacia cosas sadomasoquistas. No sabía que se llamaba así pero me gustaba pegar y ser dominante. Era algo que llevaba a cabo en los juegos de niños. En lugar de jugar con muñecas, jugaba a amarrar a mis hermanos y vecinos. Y dentro de la música, al principio comencé a escuchar de todo, ya que a los 12 años empiezas a ver qué pedo. La cumbia y la salsa nunca me gustaron. Yo sabía que me gustaba el metal y la música dark, sobre todo por la vestimenta y las cosas oscuras o de brujería. También creo que me vi muy influenciada por las películas de terror y ciencia ficción. No me gustan las películas de amor ni nada de eso.

Entonces siempre has tenido una personalidad ruda.
Sí. Como me fui muy chica de mi casa empecé a tener mucha libertad. Mis papás no me podían decir nada porque yo me rebelaba mucho. Mi mamá me decía: “Te vamos a meter en la cárcel de menores para que no me contestes mal y sepas obedecer”. Yo creo que eso me hizo más fuerte todavía. Mientras las niñas jugaban a las muñecas, yo ya estaba en otro pedo, viviendo la vida en la calle. No tenía dinero y buscaba algún trabajo.

¿Y en aquel tiempo también ya pensabas en lo del modelaje?
Sí. Algunas veces hacía comerciales para la televisión. Sacaba dinero de eso, y también trabaja en tiendas, donde se podía. Hasta jugaba ajedrez, fui campeona en la rama femenil de un torneo en Buenos Aires. Pero en realidad buscaba obtener dinero por muchos lados. Mis papás tenían mucha plata pero yo no quería depender de ellos, yo quería demostrarles que podía sola, que podía lograr todo lo que me propusiera. Mis papás me decían: “No lo vas a lograr, ¿cómo vas a ser modelo?”. Sin embargo, me di cuenta que cuando la gente te dice las cosas que ellos piensan que no podrás cumplir, tú vas más hacia arriba, porque te dan un envión.

Uno tiene que liberarse de muchas cosas que traemos de herencia, de lo que está bien y lo que está mal.

Todo esto que mencionas en algún momento comenzaste a proyectarlo en tu persona.
Yo pienso que sí. Recuerdo que durante la dictadura militar solo se escuchaban bandas nacionales. Pero cuando todo terminó y empezó la democracia, empecé a escuchar cosas bien raras, de otros estilos y algo que no había en el país. Entonces empecé a tener un look más punk-dark, lo cual hizo que comenzará a trabajar más en forma como modelo. Decían que tenía un estilo muy particular. Fue como comencé a llamar la atención en Argentina.

Sé que con tu primera pareja formaste Primeras Impresiones, donde me parece comenzaste a ser tú misma. ¿Qué buscaban proyectar con un grupo tan extravagante como Primeras Impresiones?
Buscamos proyectar el odio hacia la sociedad, el sistema y la religión; a los conformistas o quienes tienen una rutina, que no hacen lo que quieren. Las letras eran sociales, aun cuando tenían un doble sentido: parecían que eran liricas de humillación, pero en realidad era para despertar a la gente.

¿Cómo crees que era el sonido de Primeras Impresiones?
Era muy metal. Al principio todo era electrónico, con maquinas. Tiempo después incorporamos músicos y el sonido se volvió más pesado. Yo prefería que no hubiera una batería en el escenario; queríamos proyectar algo más electrónico, pero ruidoso, lo cual era algo difícil y diferente para esa época: ver a un grupo que no tuviera músicos en el escenario, que sólo esté hecho por computadoras. También era un mundo totalmente diferente a lo otro que yo hacía. En el escenario, con las letras y la música, descargaba toda mi furia a las experiencias que había tenido en mi vida, dejando ver que no quería ser como todo el mundo, sino que quería ser más libre. Y como mujer quería tener los huevos de salir adelante yo misma, de no depender de un hombre.

¿Así has pensado siempre?
Sí. Ese es el mensaje que yo siempre le doy a las mujeres: no sean pendejas, no dependan de un hombre porque ustedes tienen que llevar a cabo sus sueños. Por ejemplo, mi mamá dependía totalmente de mi padre, un científico adinerado. Mi mamá en su juventud había sido Miss Argentina y dejó sus sueños para comenzar a vivir frustrada, criando hijos; luego mira cómo le salen [risas]. Por lo mismo yo no quería vivir igual de frustrada. Mi papá en esa época me decía: “Deja a tu novio, deja todo lo que estás haciendo que acá te damos lo que necesites”.

Esto que mencionas podría parecer un tanto feminista. ¿Te consideras así?
Podría parecer algo feminista, pero en realidad sólo tiene que ver con que la mujer se rebele. Uno tiene que pensar en lograr hacer sus cosas. Esto que digo es más de igualdad. Por ejemplo, yo pongo una foto fuerte en mis redes sociales y muchas mujeres me atacan, aun cuando yo puedo ser igual que los hombres o más cabrona. Uno tiene que liberarse de muchas cosas que traemos de herencia, de lo que está bien y lo que está mal. O de que la mujer tiene que ser de cierta forma y el hombre de otra. A veces eso nos cierra y no nos deja lograr cosas. Aunque igual todo lo que digo es algo de supremacía femenina, como de dominatrix [risas]. Pero recuerda que detrás de un gran cabrón, siempre hay una mujer con huevos.

¿Siempre has llevado el nombre de Sabrina Sabrok o tuviste otros nombres artísticos?
Antes me llamaba XXXicuta, como la planta venenosa [cicuta]. A México llegué con ese nombre. Sabrina comenzó justo antes de entrar a Televisa. Estaba trabajando en un lugar llamado Men’s Club. Ya sabes, tenía que ponerme un nombre que llamara la atención. Lorena, que es mi nombre real, me parecía muy normal. Sabrok lo agregué porque es como la abreviación del apellido de mi abuela materna, que en realidad es Sabrokova. De hecho en el tianguis del Chopo mucha gente de ahí que me conocía por Primeras Impresiones me seguía diciendo XXXicuta. Creo que nunca me aceptaron como Sabrina [risas].

Y regresando un poco al tema de Primeras Impresiones. Creo que tocaban mucho en la movida underground de allá. ¿Qué aprendizaje te dejo haber estado al frente de una banda?
También íbamos a programas de televisión como en Much Music. Siendo mujer sí era difícil estar al frente, más con el tipo de música que hacíamos, por cómo salía vestida y todo lo demás que me ponía a hacer en el escenario. Sin embargo, me imponía mucho. Los hombres veían a una mujer medio en pelotas y comenzaban a gritarme “puta”. Muchos pensaban que sería una gatita dócil, cuando los terminaba mandando a la chingada. Formar parte de Primeras Impresiones hace que aún siga dentro de este pedo, enfrentándome a un público machista, sobre todo en los géneros de música pesada que quieren ver a cabrones gritar, y cuando se encuentran con una mujer arriba del escenario, creen que es otra cosa, que todo va a ser más femenino y que no va a estar a su altura. A mí me pasaba de todo. Muchas veces intentaron tocarme, a lo que mi reacción era darles con el atril del micrófono. Hasta me llegué a agarrar a golpes. Eran muchas cosas jodidas a consecuencia de un público con mucha testosterona.

En general, me gusta que la vida sea roquera. Para mí no existe una cosa sin la otra.

¿Regularmente en qué lugares se presentaban?
Íbamos mucho a lugares de metal. Recuerdo uno que era un sótano. Tocábamos en una especie de jaula, con la gente súper loca del otro lado. Hacíamos cosas medio porno. Ya después, a raíz de que tocamos con Marilyn Manson, la prensa comenzó a decir que nuestro show estaba muy fuerte.

Mencionas que se presentaron junto a Marilyn Manson. A raíz de eso fue como llegaste a México, para dar algunos shows por acá. ¿Qué cosas encontraste en el país que te hicieron quedarte? Incluso creo que Primeras Impresiones continuo presentándose y lanzando discos, casi al mismo tiempo que entraste a Televisa como modelo.
Así es. Llegamos a México después de eso para hacer una gira. Yo me quedé en la Ciudad de México por distintas cosas. No tenía nada por lo cual quedarme en Argentina. No tenía nada que perder allá. Mi familia no me importaba y tampoco nada me ligaba allá. Me gustó mucho conocer un país nuevo. Me sentí cómoda y libre. Tiempo después me fui de México para seguir tocando por Estados Unidos, y cuando regresé fue que entré a Televisa. Aun así seguimos lanzando algunos discos. Pero lo principal que encontré en México fue que tenía un trabajo.

¿Fue difícil esa época?
Para sustentar a la banda, pagar hoteles y comida, tuve que trabajar en los puteros. Entré al Men’s Club, donde ganaba un chingo de lana. En Argentina no existían esos lugares, así tal cual un table dance. En Argentina es otra cosa. Allá los lugares son más extremos. No únicamente bailas y te pagan. Entonces al principio, cuando me dijeron que por bailar me iban a pagar, que no tenía que coger ni nada, empecé a sacar mucho dinero. Así podía mantener a cinco cabrones que vivían a costa mía. Ellos eran extranjeros, no podían trabajar… bueno, eso decía [risas].

También ya tenía a mi hija [Dulcinea] chiquita, en la banda seguía tocando mi ex pareja. Todo era un pedo. Sin embargo, tocábamos mucho en el Chopo. Ahí la gente me conocía. De hecho tenía mi página erótica, me la había hecho un dark de ahí, donde ya cobraba por la página. Tiempo después ese público me vio en Televisa y muchos dijeron “se vendió”. Venderme, no… a la verga. Uno trabaja y gusta de lo que hace. La cuestión es que a mí me gusta la fama. No tiene nada que ver. Para mí eso no es venderse. Hoy sigo haciendo música con mi marido y también porno.

Pero antes de todo esto del porno, Televisa y Primeras Impresiones, mucha gente no sabe que te titulaste como profesora de cultura musical. ¿Por qué estudiar esa carrera?
Incluso di clases en Buenos Aires durante casi seis años, en escuelas secundarias del Estado y algunas privadas. Me gustaba mucho. No lo hacía por el dinero. Ya trabajaba de modelo, pero sentía que debía ejercer mi carrera. Al final terminé fastidiándome. Yo daba clases cuando tenía 19 años, y a veces iba a escuelas nocturnas, donde algunos de mis alumnos me duplicaban la edad. Imagínate, iba a la escuela después de trabajar de modelo, y el director me ponía peros por ir con prendas ajustadas [risas]. Estudié esa carrera porque quería cantar. Hace poco que fui a un programa argentino, el conductor resultó que había sido mi alumno. Creo que hasta escribió un artículo de cómo era como maestra, que era todo un desmadre [risas]. Incluso muchos de mis alumnos me siguen escribiendo. Como maestra les trataba de cambiar la mente a los chavos. No eran clases convencionales. Cuando les dejaba hacer trabajos, les decía que los hicieran de rock.

Hoy en día has hecho covers de Alaska y Dinarama, como el de “Quiero ser santa”. La misma Alaska te definió como “una obra de arte en movimiento”. ¿Tú qué opinión tienes sobre ella? Lo pregunto porque sé que ustedes se conocen en persona.
Nos conocimos en España. Ella se acercó a decirme que hiciera más covers y así pasó. Hice el de “Vamos a jugar”. Me sorprendía que cuando ella hablaba de mí decía que era mi fan. Para mí era un orgullo haberla conocido, ya que Alaska es un icono de toda la cultura pop y lo bizarro. Incluso coincidí con ella en la marcha del orgullo gay de 2006-2007, donde me coronó como reina, en Madrid. Esa noche estuvimos en varias discotecas y hasta fue a uno de mis shows con su marido.

¿Y cómo fue estar dentro de la televisora más importante de México con un espíritu salvaje a raíz de tu pasado musical?
Era difícil. Pero como yo iba a los programas a decir que me había operado las tetas y armaba un desmadre, admitían lo que fuera; me daba el lujo y no pasaba nada. De alguna forma mucha gente conocía un poco del pedo underground [risas]. Cuando estuve en Big Brother yo llevé a la banda. Muchos me decían que por qué no hacia cumbia o banda, lo que hacen todas; pero yo me identifico con el rock, es lo que a mí me gusta. No necesitaba hacer cumbia para que me invitaran a un programa [risas].

Mucha gente dice y piensa cosas sobre ti por el simple hecho de tu imagen. En el Knotfest diste de qué hablar con un performance sadomasoquista. ¿Qué buscabas proyectar? Lo pregunto porque llegué a ver comentarios homofóbicos del estilo: “Cómo en un concierto de metal se pueden estar besando dos hombres”. ¿Qué opinión tienes al respecto?
El metal me parece muy machista, aunque hay muchos gays que no lo quieran admitir. Creo que aquí en México sí falta que abramos más la mente. Lo que busqué con ese performance, “indirectamente” fue provocar eso. Si hubiera puesto a dos viejas besándose no iban a pensar lo mismo. Pero para muchas cosas nos falta abrir la mente. Por ejemplo, ahora que estoy haciendo porno, mucha gente me está diciendo cosas, que soy un mal ejemplo, etcétera. Pero por un lado yo les puedo decir: “Miren, soy mujer y hago lo que quiero”. Eso creo es una forma de abrir la mente. Sin embargo, con el sexo, generalmente en América Latina estamos más atrasados. Por eso te digo que a mí me convenía quedarme más acá. En México soy una hija de puta y todo, sólo que no la abran de más, sino a mí se me termina el negocio [risas].

Por último, alguna vez dijiste que lo que más te gustaba hacer es roquear. ¿Sigues pensando así?
Claro. Lo que me gusta es estar arriba del escenario, ya sea en un show de rock o en un show erótico; como me he estado presentando por México y varios países. El año pasado lanzamos mi marido y yo dos canciones [“Deal with the devil” y “Dangerous love”]. Llevo en esto más de quince años. Pero ahora me he estado enfocando en grabar porno con mi propia productora en Estados Unidos, y a manejarme por Internet. Sin embargo, muy pronto sacaré algo nuevo de música y será en español, con videos más fuertes, ya que estoy en el mundo XXX. Los videoclips voy a tener que colgarlos en Xvideos, porque en YouTube me los van a bloquear [risas]. En general, me gusta que la vida sea roquera. Para mí no existe una cosa sin la otra. Me gusta armar desmadre y decir algo, que la gente se salga de su zona de confort, aun cuando la mayoría de las personas que me conocen a raíz de Televisa, por los chismes y los escándalos, no saben que todo lo otro de lo que hablamos fue antes y ha sido lo de siempre.

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