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actualidad

Qué le pasa al Papa con que le besen la mano

Parece un gag, pero no.

por Gonzalo Herrera
26 Marzo 2019, 9:52am

Captura de pantalla vía Twitter

Vale, a ver: por si no te habías enterado todavía, el Papa de Roma tiene un problema con el hecho de que le besen las manos. Esto no sería un problema de no ser porque la gente (la gente católica, se entiende) se muere de ganas por hacerlo, por ponerse de rodillas y besarle el anillo (a veces incluso los pies), algo que ha sido normal en la Iglesia católica desde el siglo VIII, sino antes, y que no tendría que parecernos raro en una institución que, a ver, no nos vamos a engañar, está caracterizada por la sumisión a una jerarquía que cambiar, lo que se dice cambiar, no cambia mucho a lo largo de los siglos y, además, que Francisco escrupuloso tampoco es que haya sido anteriormente, habiendo lavado y besado los pies de presos y migrantes.

Pero parece que el otro día Francisco no estaba mucho por la labor. Según lo que el periodista católico Edward Pentin ha señalado en su Twitter, el Papa rechaza los símbolos de pleitesía que le rinden los fieles y es algo que ha hecho a menudo durante su pontificado. No lo ponemos en duda, pero por lo histriónico del vídeo (y porque no dice nada a nadie al respecto en ningún momento, que un aviso antes de empezar podía haber dado, ¿no?), da la sensación de que simplemente no le apetecía. Sea como fuere, el Papa acabó protagonizando un gag en vivo, que podría pasar por uno de los Monty Python o uno de los montajes de El Intermedio, rechazando una tras otras las tentativas de besarle el anillo llegando incluso hasta el ridículo: aparta la mano antes de que lleguen, empuja a la peña e incluso arranca su santa pezuña de las garras de los fieles que, como el águila real sujetando a su presa, no quieren soltar la mano del pontífice sin darle un beso. Multitud de besos al vacío han perecido en lo que ya se ha descrito como una "cobra de manos" y que ha dejado, aparte de momentos extraños, algunos tensos y raros, como la mujer que lo intenta hasta de rodillas y ni por esas. Francisco no tiene piedad.

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