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enero

Por qué enero es el peor mes del año

Hasta para quienes vivimos en una cuesta constante, la de enero es la más jodida, económica y anímicamente. Pero tiene su explicación.

por Ana Iris Simón
01 Febrero 2018, 5:00am

Fotografía por VICE

Es difícil ser humano y no caer en los lugares comunes. No sentir que los lunes son una mierda, no hacerse una paja los domingos por la noche para intentar olvidar que los lunes son una mierda y van justo detrás de los domingos o no quedarse de cuando en cuando mirando al infinito con el cajón de las bragas o el microondas abiertos, como si aquello fuera un agujero de gusano.

Los lugares comunes no existen porque los ilustradores los perpetúen en Instagram —que también— sino porque nuestras vidas son más conversaciones de ascensor que ríos que van a dar a la mar. Somos muy convencionales, muy parecidos los unos a los otros, aunque intentemos demostrar que no en la bio de nuestro Instagram. Y, como productos de la trivialidad, de la repetición y del bucle, enero es para casi todos nosotros el lunes del calendario. El mes más jodido del año.


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Las razones parecen más que evidentes: la paga doble siempre dura menos de lo esperado para quien la tiene, y a quien no la tiene le espera la ruina absoluta. Las zapatillas de 100 pavos de las rebajas no eran tan ganga como parecían y ya no tenemos vídeos de primos pequeños ni de manos de abuelos que subir al stories: ya solo nos queda un frigorífico lleno de aire y unos propósitos que no es que no hayamos cumplido, es que ni siquiera hemos intentado cumplir.

"Enero es un mes difícil a todos los niveles", me cuenta la terapeuta Inés Bárcenas, "y eso tiene que ver con causas biológicas contundentes. La carencia de sol empieza a hacer mella en nuestra producción de vitamina D, los excesos alimentarios de las Navidades nos pasan factura, está comprobado que las grasas transgénicas, el alcohol, el tabaco y todos los dulces que se consumen en esas fechas empeoran el funcionamiento del sistema nervioso y eso hace que nuestro estado de ánimo también empeore. Por eso es habitual que a la gente le cueste arrancar más, esté más apalancada", concluye.

"Aparte de todos estos excesos, navideños, también suele haber un bajón notable después de Navidad porque durante las fiestas se produce, normalmente y de repente, una conexión con la familia, con las amistades, con personas que hacía tiempo que no veíamos. De ahí surgen a veces reflexiones acerca de la identidad, de quiénes son aquellos que nos rodean y quiénes somos nosotros y por dónde estamos conduciendo nuestra vida. Con todo esto, llega el 31 y decidimos hacer los propósitos de Año Nuevo, una práctica sana pero que muchas veces se convierte en una zancadilla a nosotros mismos. En vez de fijarnos propósitos realistas, lo que hacemos es proyectar lo que querríamos ser, y en el 90 por ciento de los casos es irrealizable", añade Inés Bárcenas.

Salgo a la calle para comprobar si lo que dice la psicoterapeuta no me pasa solo a mí sino que, como sospecho, es una de esas realidades que compartimos muchos humanitos del primer mundo. Beatriz, que tiene 31 años y es diseñadora gráfica, lo suscribe. "Yo creo que todos nos hacemos propósitos de Año Nuevo, aunque sea en nuestra cabeza, pero sabemos que vamos a incumplirlos. A mí al menos me pasa, que no me los creo ni yo, pero bueno, así no me siento tan mal por no llevarlos a cabo. Lo de no tener dinero en enero sí que es una putada, aunque yo soy freelance, así que me tengo que gestionar muy muy bien mi dinero todo el año, no solo este mes, para llegar al día 30".

"La cuesta de enero es de ricos. Yo nunca tengo dinero así que no noto la diferencia" — Dani, 24 años

Porque, aunque algunos vivimos en cuesta todos los meses, la de enero suele ser especialmente jodida. "En Navidad, empujados por esa alegría y también por el 'imperativo' social de consumir, gastamos mucho. Después llegan las rebajas, en las que estamos bombardeados por una publicidad que nos habla del coste de oportunidad, nos dicen que cómo vamos a perdérnoslas si son una ganga. Y caemos en ello. Consumir nos da ilusión de control y satisfacción momentánea, es una manera de 'aliviar' ese sentimiento de decepción, de no conseguir las propias metas o el bajón anímico tan común en enero".

María tiene 27 años, trabaja como camarera y lleva una semana sin mirar su cuenta. "En Navidad se gasta mucho y luego cuesta recuperarse, pero lo peor es ver que eres incapaz de ahorrar. Te planteas hacerlo, haces cuentas... pero luego pasas. Yo por ejemplo me planteé dejar de salir y dejar de beber en enero para ahorrar, hacer el Dry January, pero no lo he cumplido, claro".

Pero para algunos la cuesta de enero es un privilegio. Justo después de Reyes, cuando le dije a mi hermano de 17 años que iba a hacer una huelga de consumo porque estaba en la bancarrota, me respondió, "Pues esa es mi vida".

La de Dani, que tiene 24 años y está buscando prácticas, también. "La cuesta de enero es de ricos", me dice cuando le abordo en una terraza del centro de Madrid. "Yo nunca tengo dinero, así que no noto la diferencia. Tampoco he podido hacer nada especial como irme de viaje en Navidad, así que la vuelta a la rutina no me ha supuesto un trauma porque no he salido de ella".

Para Jorge, que tiene 22 años, el problema tampoco es el dinero porque, como Dani, no dispone de él. Pero eso no le ha salvado de estar jodido en enero. "Enero ha sido un mes de mierda porque he tenido exámenes. No he podido disfrutar del todo de la Navidad porque sabía que tenía que estudiar pero tampoco me he privado lo suficiente de salir y hacer el vago como para que me salieran bien, así que imaginate", me dice.

Febrero se abre ante nosotros como una nueva oportunidad para hacer propósitos que no vamos a cumplir, para no ahorrar y para no llegar a fin de mes

Sea como sea, para Jorge, María, Beatriz y todos los humanos que habitamos los lugares comunes, enero ya se ha acabado, tanta paz lleve como descanso deja. Y febrero se abre ante nosotros como una nueva oportunidad para hacer propósitos que no vamos a cumplir, para no ahorrar y para no llegar a fin de mes, pero esta vez sin la sensación de que todo es una mierda porque así ha de ser en el lunes de los meses.