Publicidad
Salud Mental

La vida social me genera tanto estrés como el trabajo

"Vivimos orientados al hacer en lugar de al ser". Una experta nos explica las razones del agotamiento por estrés social.

por Ana Iris Simón
25 Octubre 2018, 4:00am

Imagen vía Pxhere/CC0

Entre el momento en el que escribo esto —miércoles— y el domingo no tendré ni una sola tarde libre. Cuando salga del trabajo me dispondré a ir a casa de una amiga a ver La maldición de Hill House porque a las dos nos da miedo verla solas, al día siguiente iré al concierto de unos colegas, el viernes a la presentación de un libro y el sábado a otro concierto con mi padre. Después quizá salga de fiesta. Cuando llegue el domingo tendré la habitación hecha una mierda, una pila de ropa sucia mirándome con ojitos y probablemente resaca. Y seguramente también tendré un pensamiento recurrente en la cabeza: ¿por qué tengo el deseo constante de hacer planes pero también la sensación de que debería dejar de hacer tantos planes porque me agobian?

Aun consciente de que mi problema es una mierda de problema; un problema del primer mundo, de esos que abarrotan las salas de espera de las clínicas y hacen que los libros de autoayuda sean super ventas, me agobiaré. Por todos los planes que hago y por los que rechazo y después veo en formato stories en Instagram. Porque si salgo de fiesta no veo una serie y si veo una serie no voy a una exposición y si voy a una exposición tengo que rechazar ir a un cumpleaños.


MIRA:


"Muchas personas no se han parado a pensar qué es aquello que les hace crecer fuera del trabajo. Pasa a veces que confundimos evasión con relajación y en ese contexto confundimos salir de fiesta, no parar y hacer muchos planes con aprovechar el tiempo libre. Equiparamos llenar nuestra agenda con el verdadero ocio, con la diversión, pero realmente haciéndolo muchas veces estamos evitando pasar tiempo con nosotros mismos y con los demás de manera honda y profunda", me adelanta la psicóloga y psicoterapeuta Inés Bárcenas cuando le cuento lo que me ocurre, que es lo que le ocurre a casi toda una generación.

LA PARADOJA DE LA ELECCIÓN

"En esa sensación de agobio, de estar constantemente haciendo planes y no tener tiempo para uno mismo tiene mucho que ver que a lo largo del día interaccionamos por WhatsApp o redes con mucha gente. Hablamos con un mínimo de 5 o 10 personas y todas nos ofrecen planes, si no de manera directa sí indirecta: los eventos de Facebook, los stories de Instagram que invitan a ir a charlas, conciertos, exposiciones... Y ahí surge el problema: nuestra capacidad de filtrar la información sigue siendo la misma de siempre, nuestros recursos energéticos siguen siendo los mismos de siempre, nuestro tiempo sigue siendo el mismo de siempre y sin embargo estamos expuestos a una cantidad de estímulos y de decisiones que antes no existían y que en muchas ocasiones no podemos asumir", explica.

"Vivimos en la era de la elección en todos los sentidos, ocurre incluso con las relaciones humanas: te metes en Tinder y tienes que elegir entre miles de perfiles de usuarios con quién quedas"

"Esto genera, claro, un estrés", continúa. "Pero no es realmente un estrés real sino de anticipación, un estrés provocado por la elección constante, por la toma de decisiones continua. Si te fijas no es algo que se ciña únicamente a las redes ni a los planes, vivimos en la era de la elección en todos los sentidos, ocurre incluso con las relaciones humanas: te metes en Tinder y tienes que elegir entre miles de perfiles de usuarios con quién quedas igual que decides qué planes hacer el fin de semana", concluye la psicoterapeuta. La paradoja de la elección enunciada por Barry Schwartz que afirmaba que la eliminación de algunas opciones de los consumidores en gran medida puede reducir la ansiedad de los compradores aplicada al día a día. A los planes. A las personas.

LAS REDES SOCIALES Y EL FOMO

FOMO. Fear of missing out. Así se llama el miedo social a perderse algo, la sensación de no abarcar, de no tener el tiempo suficiente para hacer todo lo que uno quiere. O lo que cree que tiene que hacer. "No está tipificado en el DSM-5, el manual diagnóstico de enfermedades mentales, pero cada vez toma más peso como categoría que designa a las personas que tienen miedo a perderse experiencias, llevar a cabo actividades, estar en lugares o con personas con las que no están en ese momento porque están en otros lugares, realizando otras actividades o con otras personas", explica Inés Bárcenas.

"En ese miedo subyace una sensación de omnipotencia generada en buena parte por las redes sociales, a través de las cuales podemos estar en nuestra casa y en la otra punta del mundo gracias a las publicaciones de la gente. Publicaciones que, además, nos hacen de nuevo enfrentarnos a elecciones, que nos hacen preguntarnos por qué hemos elegido una realidad y no otra, estar un lugar y no en otro. Esto se agrava si seguimos a gente, a influencers o a referentes con unas condiciones materiales superiores a las nuestras porque desata, además de la paradoja de la elección, la frustración: ellos pueden estar en ciertos sitios, hacer ciertas cosas, mientras que nosotros no", concluye.

EL HACER EN LUGAR DEL SER

"Además de las redes sociales", explica la psicoterapeuta, "creo que las generaciones más jóvenes experimentan esta ansiedad, este miedo a estar perdiéndose cosas constantemente porque nuestra sociedad vive orientada al hacer en lugar de al ser. El ser requiere presencia, no conoce la inmediatez porque es un proceso profundo y hondo, es biográfico. Sin embargo, en la actualidad basamos nuestro estatus, nuestro yo, en lugar de en lo que somos, en lo que hacemos: ver series, ir al gimnasio, aprender idiomas, hacer cursos formativos... Incluso si te fijas hablamos demasiado del hacer y no del ser, preguntamos "¿qué has hecho esta semana?, ¿qué has hecho hoy?" en lugar de cómo te encuentras o cómo te sientes hoy. Al final son muletillas, pero ilustran a la perfección la manera en que vivimos, en una sociedad basada en la hiperproductividad en la que somos como productos que compiten en el mercado del hacer: yo voy a tal fiesta, voy a tal exposición, viajo a tal país...

"En el querer hacer muchas cosas y llenar el tiempo libre con actividades sin parar hay algo de hedonismo, de búsqueda de aceptación y conexión con los demás, pero al final acaba resultando agotador"

"En este contexto de hiperconexión e hiperexposición nos damos cuenta de que nuestro día sigue teniendo 24 horas y de que cada vez trabajamos más. Así que las cuentas nos salen en negativo, nos sale a devolver. Llegado ese momento, que puede desembocar en agotamiento físico y mental, en ansiedad y en la incapacidad para profundizar en uno mismo o en sus relaciones, lo mejor es pararse a pensar: ¿para qué? ¿Para qué voy a esta fiesta, para qué voy hoy al cine, para qué salgo a correr cada día? Buscar, al final, la congruencia entre el hacer y el ser, entre lo que vamos a llevar a cabo y lo que de verdad necesitamos", explica Inés. "Porque, aunque en el FOMO, en el querer hacer muchas cosas y llenar el tiempo libre con actividades sin parar hay algo de hedonismo, de búsqueda de aceptación y conexión con los demás, pero al final acaba resultando agotador", concluye. Y vaya si acaba resultando agotador.

Suscríbete a nuestra newsletter para recibir nuestro contenido más destacado.