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Identidad

Asistimos a un taller de autodefensa feminista

Estamos acostumbradas a no ser asertivas, a agachar la cabeza o desviar la mirada, pero muchas situaciones se pueden solucionar de otra forma.
23.3.16
Karin en uno de sus talleres de autodefensa feminista vía Karin Konkle

Asisto por primera vez a un curso de autodefensa feminista en un centro cívico de Barcelona. Para este grupo de mujeres, de edades y perfiles diversos, es su última sesión, por lo que hoy será un día en el que pongan a prueba todo lo que han aprendido en las últimas clases. Yo soy de complexión nada atlética, nunca he pegado a nadie –ni siquiera en la escuela– y nunca me he animado a llevar un spray pimienta en la mochila por lo que pudiera pasar. Creo que me pondría tan nerviosa que no sabría usarlo. También me fastidia la idea de tener que llevar un aparato en la mochila para ahuyentar a mi posible futuro agresor, que en ese momento me resulta una figura abstracta y horrible.

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Mientras esperamos que llegue la profesora, Karin Konkle, autora de Autodefensa y las claves de la auténtica seguridad (2012), se forma un corrillo de mujeres y empiezan a charlar. "En el momento en que eres mujer, necesitas hacer un taller como este. Primero, porque desde pequeñas nos enseñan siempre a sentirnos inseguras. Y, segundo, porque alguna que otra vez hemos tenido sustos y eso nos hace sentir aún más miedo", afirma Jenni, de 31 años. Cuando tenía 18 años, Jenni se fijó en un chico que le miraba "raro", pero no le dio más importancia, el tipo se avanzó unos metros por delante de ella. Jenni se cambió de acera, pero al cabo de un rato se lo encontró en una portería bajándose los pantalones.

Sara, de 25 años, se suma a la conversación y relata su experiencia: "A mí me pasó cuando tenía 19 años. Eran las 9 de la noche y volvía de la universidad. Coincidió una época en que había nuevos vecinos en mi edificio, así que amablemente dejé pasar a un hombre que no conocía. Y entonces me empotró dentro de la portería y me dijo 'no chilles', pero yo chillé y se fue". Desde ese día, cuando sale de noche, Sara lleva en su mano izquierda el spray pimienta y en la mano derecha las llaves, colocadas entre los nudillos de los dedos, por si hay que golpear. De fondo, se escuchan algunos murmullos: "¡Qué mierda que nos tengamos que ver así".

Hay cursos de autodefensa impartidos por 'ratas de gimnasio' en los que hay técnica marcial pero no hay una conciencia feminista

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Aparece Karin, la profesora. Hace 15 años que se dedica a estos cursos de autodefensa feminista. "Hay muchos cursos de autodefensa que yo llamo impartidos por 'ratas de gimnasio', en los que hay técnica marcial pero no hay ninguna teoría o conciencia feminista detrás. No te sirve de nada saber defenderte si no sabes cómo gestionar una situación de adrenalina o estrés", me explica. Bajo esta misma premisa se comenzaron a popularizar los cursos de autodefensa feminista a finales de los 70 y principios de los 80 por todo el mundo, y muy especialmente en EE. UU. coincidiendo con la segunda ola de feminismo. Surgieron academias de artes marciales enfocadas específicamente en la mujer, como la Academia de Artes Marciales Femeninas de Brooklyn donde se impartían clases de prevención contra la violencia a la mujer, y también contra otros colectivos oprimidos como el LGBT o minorías raciales. También se empezó a indagar en la autodefensa feminista desde un marco más teórico y surgieron algunas publicaciones independientes como Black Belt Women, una revista de 1975 que indagaba en técnicas marciales de autodefensa y sobre el futuro de este fenómeno que apenas estaba empezando.

Clase de autodefensa feminista en 1981 en EE. UU. vía caeny.org

HABLA CON EL AGRESOR

Frenar una agresión verbal a partir de la respuesta directa al agresor es una de las cosas que enseña Karin en su taller. De hecho, la parte física es lo último que imparte. "Nos encontramos frente a muchas situaciones en las que tenemos que negociar, marcar un espacio", me explica. Para Karin, "la comunicación es la base de la seguridad" y esto incluye el lenguaje corporal, la expresión facial, el tono de voz y la estrategia psicológica. "Estamos acostumbradas a no ser asertivas, a agachar la cabeza o desviar la mirada, pero muchas situaciones se pueden solucionar poniéndote dura, siendo autoritaria. No hay que llegar siempre a la parte física", explica Jenni, una de las alumnas.

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La primera parte de la clase consiste precisamente en esto: recrear una situación en la que un hombre es odiosamente insistente con una mujer en mitad de la calle. Le empieza a hablar y a soltar "piropos". La profesora, ataviada ahora con un casco que le tapa la cara y un protector de torso y rodillas, simula ser ese hombre, el agresor. La chica que está realizando este ejercicio le empieza a hablar manteniendo la calma, marcando la distancia y siendo muy tajante en sus palabras: "Quiero que te marches de aquí, no te conozco de nada, déjame en paz, no me hables", son algunas de las expresiones que escucho. En esta primera fase, la agresión no trasciende y las alumnas logran echar al agresor. "Aunque hay buena parte de las agresiones que se resuelven mediante la comunicación, hay otras en las que desafortunadamente el agresor estará dispuesto a llegar más allá", anticipa Karin, introduciéndonos en la segunda parte de la clase.

PERCEPCIÓN DE LO QUE OCURRE Y EL ESPACIO

"Si una situación no te gusta y estás sentada, levántate. Es mejor que una situación peligrosa no te coja sentada", sugiere Karin. Es una de las pocas recomendaciones que se atreve a dar con seguridad. El resto dependerá exclusivamente del contexto. "Lo llamo defensa pero en realidad no es solo autodefensa, es gestión del espacio personal y de los límites". Entre otras cosas, Karin también recomienda mantener una distancia de seguridad de dos veces la largada de los brazos entre la víctima y el agresor para así evaluar lo que está pasando y preparar un plan comprometiendo lo menos posible tu vida.

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Además, quizás en contra de lo que se crea, Karin está de acuerdo en fiarse de los instintos y en alarmarse si sospechamos que se está dando una situación extraña o sospechosa. "Si crees que alguien te sigue, mira a ver si es verdad, confírmalo. Y si piensas que no vas a poder evitar el contacto físico con esta persona, Karin recomienda siempre tomar la iniciativa y abordar al otro pidiéndole, por ejemplo, la hora.

GRITAR TE DA FUERZA

Observo que todas gritan con fuerza '¡NO!' en el momento de defenderse o contraatacar durante los ejercicios. "El grito tiene varias funciones: primero y principal es que es una forma de canalizar la rabia y el miedo en una situación de enfrentamiento, es decir, sirve para no bloquearse". También incrementa las posibilidades que alguien nos escuche o que el mismo agresor se eche para atrás por miedo a ser visto. "Y, además, gritar también te da un 30 o 40 por ciento más de fuerza", añade Karin.

SI EMPIEZA UNA PELEA, HAY QUE ACABARLA

La segunda parte de la clase consiste en una recreación del peor de los escenarios. Es decir, cuando el agresor está dispuesto a llegar a la violencia física. Karin vuelve a simular ser el agresor mientras que las alumnas van desfilando sobre un tapiz. En este caso, las mujeres se defienden a partir de las técnicas de autodefensa aprendidas. "Lo más importante es priorizar estos tres elementos: primero, tener aire para evitar una asfixia; en segundo lugar, mantener el equilibrio, intentar por todos los medios que no te tire al suelo; y, por último, contraatacar con la parte del cuerpo que tengamos libre, ya sea las manos o los pies". Una de las cosas que más repite Karin en sus cursos es que una pelea "dura segundos" y es importante "acabarla", lo que significa que no bastará con hacer un movimiento, sino que tendremos que hacer alrededor de tres o cuatro hasta dejar inmóvil al agresor o poder huir. "Si crees que puedes correr, asegúrate que puedes escapar a un sitio seguro", le explica a una alumna que ha echado a correr en dirección a la puerta. "Puedes rematar tu huída dando un pisotón en el tobillo al agresor para tener más tiempo de ventaja. Y si te pide dinero, lanza el dinero a metros de distancia de ti, nunca se lo des en la mano", concluye.

***

La clase acaba mientras algunas de ellas levantan la mano y dejan entrever sus dudas: ¿Qué hacemos si lleva un arma? ¿Qué pasa si llevamos un bebé con nosotras?. Pero Karin tampoco tiene respuestas para todo. El curso te da las claves para enfrentar una situación de riesgo a partir del empoderamiento psicológico y algunas técnicas marciales que tendrán que adaptarse en función de la situación, el contexto, el perfil del agresor. Mientras recogen sus cosas todas ellas coinciden en que se sienten más seguras y, sobre todo, más preparadas para responder a las agresiones verbales, hacer respetar sus limites y defenderse ante una posible situación de violencia física.