Los libros me ayudaron a escapar y a soportar los horrores de la guerra
Nuevos vecinos

Los libros me ayudaron a escapar y a soportar los horrores de la guerra

Experimenté mi primer bombardeo cuando tenía 13 años en Homs, Siria. Corrí hasta mi casa presa del pánico, cogí un libro y cuando empecé a leer los gritos y las sirenas pasaron a ocupar un segundo lugar en mi mente.
29.5.17

Este artículo es parte de nuestra serie Nuevos Vecinos, en la que jóvenes refugiados de toda Europa colaboran con nosotros como editores invitados. Puedes leer la carta de la editora aquí.


Mia Z. tiene 18 años y es originaria de Siria. Actualmente vive en Barcelona.

La guerra de Siria empezó cuando tenía 11 años. Ahí es cuando empezó todo: los asesinatos, las torturas… Especialmente en mi ciudad natal, Homs.

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Cuando cumplí 13 años algo cambió para mí. Fue un lunes, en 2011. No recuerdo qué mes era, pero recuerdo el día porque me estaba preparando para ir al colegio. Estaba ya de camino con una amiga cuando empezó el bombardeo, muy cerca de nuestra escuela. Mi amiga y yo corrimos para salvar la vida en dirección de vuelta a casa. Yo estaba en shock y no había nadie en casa. Mi madre estaba en el trabajo y mis hermanas en la universidad. Estaba desesperada y quería olvidarme de todo lo que había visto, así que en medio del pánico decidí ponerme a leer un libro. Estuve un rato navegando por internet hasta que encontré uno llamado Unbroken. Por aquel entonces no me gustaba demasiado leer, pero tan pronto como empecé la lectura me sentí más tranquila. Las voces, los gritos y las sirenas pasaron a ocupar un segundo plano en mi mente. Era algo en lo que podía concentrarme y me encantó. Leer se convirtió en mi manera de escapar de los horrores que estaban sucediendo a mi alrededor.

No recuerdo qué mes era, pero recuerdo el día porque me estaba preparando para ir al colegio. Estaba ya de camino con una amiga cuando empezó el bombardeo, muy cerca de nuestra escuela

Unbroken es un libro de no ficción ambientado en la Segunda Guerra Mundial que trata acerca de un teniente del ejército llamado Louis Zamperini, cuyo avión se estrelló en el Océano Pacífico. Mientras flotó a la deriva durante semanas tuvo que atrapar aves y peces para alimentarse y mantenerse con vida. Leer aquel libro me trajo a la mente recuerdos de las personas que conocía que habían tenido que esforzarse mucho por encontrar alimentos. Sobre todo mi primo, que se vio obligado a comer hojas de los árboles e insectos cuando no había comida en su zona. Pensé en mi madre y en mis hermanas… ¿Qué pasaría si llegara el día en que no tuviéramos nada que comer? ¿Qué haríamos para sobrevivir?

Cuando Zamperini finalmente alcanzó tierra firme después de 47 días, fue capturado y encerrado en una prisión japonesa. Allí fue golpeado y torturado sin piedad durante dos años. Leyendo aquello pensé en los prisioneros de Siria, que estaban siendo golpeados y torturados. Tenía muchos amigos y familiares en prisión, unos pocos habían podido escapar pero otros habían muerto allí. Por fortuna, la historia de Louis tenía un final feliz: su bando ganó la guerra y acabó casándose con su novia. Cada vez que leo un libro espero ansiosa que llegue el final feliz.

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Durante todo el tiempo que pasé en la guerra, no podía dejar de leer. Leí El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Es la historia de Fermina y Florentino, que se enamoran cuando son jóvenes pero no se casan hasta que son ancianos. Todavía recuerdo el momento en que leí la parte en que el padre de Fermina le prohíbe ver a su amor Florentino y la obliga a mudarse de ciudad. Ella es arrancada de su hogar, como un árbol que se tala y se transporta en forma de leña. Así es como me sentí yo cuando me obligaron a abandonar Siria.

También me recordó el momento, allá en Siria, en que dejé de hablarme con mi mejor amiga. Ella y su familia apoyaban al presidente, mientras que la mía estaba en contra. Tuvimos muchos problemas por ese motivo y, al final, dejamos de hablarnos. Si te soy completamente sincera, no pude terminar ese libro. No podía soportar la idea de que dos personas se quisieran y tuvieran que renunciar la una a la otra sin motivo alguno.

Si te soy completamente sincera, no pude terminar ese libro. No podía soportar la idea de que dos personas se quisieran y tuvieran que renunciar la una a la otra sin motivo alguno

Cuando llegué a Barcelona tampoco dejé de leer, aunque no todo eran libros. Un día, buscando en Google, encontré el guión de la película Colonia. La película tiene lugar en el Chile de la dictadura y trata de una pareja, Lena (interpretada por Emma Watson) y Daniel (interpretado por Daniel Brühl) que acaba en una secta real, la Colonia Dignidad, creada por un nazi alemán y que colaboró con la dictadura. En uno de los pasajes, la policía llega a una manifestación y empieza a golpear y a disparar a la gente. Aquello me recordó el inicio de la revolución en Siria, cuando la policía ―el ejército del presidente― asesinaba y arrestaba a la gente durante las manifestaciones solo porque estaban expresando sus sentimientos, expresando su odio hacia el presidente. En el libro detienen a Daniel delante de todo el mundo sin que nadie pueda hacer nada por impedirlo. Nadie tiene el poder para hacerlo, como nosotros tampoco lo teníamos.

Desde la ventana de mi casa veía cómo la policía se llevaba a la gente y yo no podía hacer nada. Cuando los subían a los vehículos policiales yo ya sabía cuál era su destino. Crecimos con miedo. Con miedo a expresarnos, con miedo a todo. No podíamos votar contra el presidente y tampoco podíamos decir nada malo sobre él.

Desde la ventana de mi casa veía cómo la policía se llevaba a la gente y yo no podía hacer nada. Cuando los subían a los vehículos policiales yo ya sabía cuál era su destino. Crecimos con miedo. Con miedo a expresarnos, con miedo a todo

Girl at war fue el primer libro que leí que trataba directamente sobre la guerra. Trata sobre una chica de Croacia, Ana Jurić, que tiene 10 años cuando estalla la guerra civil en Yugoslavia. Puedo identificarme totalmente con su relato de los terribles acontecimientos de los que es testigo y con lo que hace para mantenerse viva y cuerda. Especialmente cuando escribe: "En Croacia, la vida durante el tiempo de guerra significaba la pérdida de control, porque la guerra controlaba cada pensamiento y movimiento, incluso cuando estabas durmiendo".

La gente de Siria también perdió el control. Ana tenía 10 años cuando empezó su guerra y yo tenía 11 cuando empezó la mía. Ella huyó a EE. UU. y tuvo que iniciar una vida normal, tuvo que actuar con normalidad con la gente, incluso después de todo lo que había visto. Yo tuve que hacer lo mismo y fue la cosa más difícil que he tenido que hacer en mi vida. A veces me siento como una actriz, diciéndole a la gente que estoy bien, en plan, "No pasa nada, no estoy pensando en nada. Solo estoy pensando en los deberes". Actúo con normalidad cuando escucho el vuelo de un avión durante las clases en el colegio y finjo que no estoy temblando bajo mi pupitre.

Me dan mucho miedo los aviones. Recuerdo los aviones que sobrevolaban Homs, bombardeando las casas, disparando a la gente… Siento miedo todos los días cuando veo a la policía en las calles de Barcelona, porque recuerdo ver policías golpeando a mis vecinos. Recuerdo las voces, los sonidos, en el colegio, en casa, en la calle, en todas partes. Saber que soy como Ana no hace que desaparezca nada de eso, pero me ayuda saber que no soy la única.

Firma aquí la petición de ACNUR urgiendo a los gobiernos a asegurarles un futuro seguro a los refugiados.

Puedes colaborar con la ONG que ayudó a Mia Z. a llegar a España, Casa Nostra / Casa Vostra haciendo un donativo a este número de cuenta: ES29 1491 0001 2130 0007 0485