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Qué mueve a los tíos a sacarse la polla cuando están de fiesta

Indagamos sobre esta vieja costumbre que impregna bares y discotecas españolas.

por Pol Rodellar
23 Mayo 2017, 4:15am

Foto vía el usuario de Flickr jcardinal18

Barcelona. 02:43 de la mañana del domingo. O sea, el sábado por la noche. El local llamado "Chupitódromo" está a punto de cerrar y Jordi —personaje ficticio inventado adrede para desarrollar el presente artículo— está contento de estar ahí borracho, con sus colegas. Carlos, Marc, la Carol, David G. y Cristina —personajes ficticios inventados adrede para desarrollar el presente artículo—. Jordi está de puta madre y en un momento dice eso que dice él a veces cuando está contento "atiende loco". Todos se giran y ven como Jordi deja su cubata en la barra, se desabrocha el cinturón, se baja un poco los pantalones y los calzoncillos y se saca el rabo, dejándolo ahí colgado delante de todo y todos. Jordi se pone a bailar, como balanceando sus brazos y piernas como si cada extremidad fuera un reloj de péndulo distinto. Está ahí, en medio del bar con el pene sacado, rodeado de todos los clientes del "Chupitódromo". Joder, es que el Jordi siempre se la saca. Es "el colega que siempre se saca el rabo cuando está borracho", ese personaje constante en las mitologías españolas que ha eclipsado por completo al "colega que hace 'la riñonera' —cuando solamente se muestran los testículos—".

Espero que sepáis de lo que estoy hablando —sino es que vivo en una realidad alternativa enfermiza donde la gente se saca la polla a la mínima o mea en barras de bares o no sabe cagar fuera de casa— e incluso que algunos de vuestros amigos hayan sucumbido a la llamada del genital. Desde mi punto de vista, lo veo como una celebración de la felicidad del momento presente. La "polla fuera" es todo lo que la palabra no puede expresar; es la forma definitiva de decirle a todo el mundo que estás profundamente feliz. No, FELIZ (en mayúsculas), una felicidad universal, un sentimiento de amor eterno concretado en el tiempo y en el espacio.

Pero, ¿de dónde sale esta pulsión? ¿Cuál es su origen? ¿Es esta costumbre algo heredado de nuestros colegas y hermanos, los primates? El primatólogo Miguel García —director en acciones de CERCOPAN— lleva cinco años trabajando con diferentes especies de primates y me comenta que ha visto comportamientos similares en diferentes escenarios. Por ejemplo, en los cercopitecos (monos africanos) existe un gran sentimiento de dominancia dentro del grupo —donde hay un macho dominante que, normalmente, es el único que tiene acceso a las hembras del grupo— y me comenta que ha "visto muchas veces a los machos dominantes —o a los contendientes— mostrar sus erecciones como símbolo de dominancia o agresividad, normalmente al mismo tiempo que abren la boca para mostrar los caninos".

No sería tanto un acto de provocación sexual sino como de identidad sexual

La verdad es que no me atrevería a percibir este "sacarse la polla en una discoteca" como una especie de flirteo entre humanos. De hecho, seguramente sea el camino más complicado para lograr un apareamiento nocturno. Me da la sensación de que el hombre que muestra su rabo cuando está borracho no está respondiendo precisamente a ciertas pulsiones eróticas, creo que se trata de algo mucho más inofensivo, como una forma de expresión casi infantil.

Pese a no ser un tema estrictamente sexual sí que se están utilizan los órganos sexuales para comunicar algo. La sexóloga Carme Sánchez Martín opina que este acto "no tiene un objetivo sexual pero sí que tiene un componente sexuado, ya que los genitales nos identifican como personas sexuadas. No sería tanto un acto de provocación sexual sino como de identidad sexual". Independientemente del género, "las personas necesitamos reafirmar —durante todo el día y en un montón de situaciones— que somos seres sexuales" y por eso, aclara la sexóloga, "en el momento en que uno está un poco pasado de copas, la inhibición baja un montón y nos atrevemos a hacer una serie de cosas que normalmente no haríamos".

Foto vía el usuario de Flickr lodekka

Sandra Fernández, doctora en antropología social, profesora de la UNED y secretaria del IMA, piensa que "siempre hay que pensar que estas situaciones suceden en un contexto desenfadado, no trascendente, y siempre entre gente que se conoce, por lo tanto, apreciada por el grupo de iguales". Según ella, esta exposición de sable debe aportar algún tipo de beneficio al personaje que la ejecuta ya que, evidentemente, si los colegas pensaran que lo del rabo es una imbecilidad, este no estaría cada fin de semana sacándose el cimbrel. Según Fernández, enseñar el pene "le redundará en algo positivo, pues a través del cuerpo está haciendo una presentación social que le aportará cierto prestigio". Quizás es una forma de posicionarse con un rol dentro del grupo: el gracioso, el "loco", el desinhibido, el incorrecto.

Las mujeres han copiado estas expresiones, hasta la fecha más masculinas, y han escogido los pechos porque son más visibles [que la vulva] y suponen una reafirmación de la identidad sexual femenina

De hecho, podría ser que esta actitud realmente fuera una forma de transgredir ciertas normas sociales que todos tenemos impregnadas en el tuétano. "Lo interesante es la idea de destapar lo que está tapado, como una transgresión ante cierta moral" me comenta Fernández, "pero en el fondo es una falsa transgresión ya que no supone una alternativa real a un modelo de género". Según la antropóloga, es más bien una transgresión de carácter estético, una demostración. Sería de hecho como confundir lo absurdo con lo transgresor, no existe una reflexión real detrás del hombre que muestra su pene borracho delante de la barra de un bar o en la calle. "Este no piensa en romper un modelo, no lo hace porque tiene un modelo de sexualidad o género detrás que implica otra serie de roles. Es una transgresión de borracho".

Intentando superar mi machismo inconsciente heredado de la historia de la humanidad empecé a pensar en si esto era una cuestión de género. ¿También se sacan la polla las mujeres en los bares? Probablemente no, pero sí que hay situaciones —todos tenemos en mente esos conciertos en festivales multitudinarios o, mismamente, los San Fermines— en las que algunas mujeres no dudan en mostrar sus pechos. "Las mujeres han copiado estas expresiones, que hasta la fecha eran más masculinas, y han escogido los pechos porque son más visibles [que la vulva] y también suponen una reafirmación de la identidad sexual femenina", apunta la sexóloga.

Para la antropóloga, el tema del pecho en nuestra sociedad es una cuestión muy estetizada. Sí que es una transgresión, ya que supone violar un tabú, pero actualmente los pechos de las mujeres están mucho más normativizados —se puedes hacer topless en una piscina pero no puedes hacer downless—. En cambio, "los genitales tienen una carga más fuerte. Cuando los hombres muestran sus genitales en público se considera una broma pero, sin embargo, si lo hiciera una mujer, esto sí que sería una transgresión real, supondría un shock para el grupo de amigos" comenta Fernández.

Cuando los hombres muestran sus genitales en público se considera una broma pero, sin embargo, si lo hiciera una mujer, esto sí que sería una transgresión real, supondría un shock para el grupo de amigos

Ambas profesionales coinciden en que estas actitudes son fruto de este alargamiento de las edades que estamos viviendo en pleno siglo XXI. Pese a que es un comportamiento infantil, hay treintañeros que hacen este tipo de cosas. "Hace 40 años la gente de 30 años estaba casada y tenía dos hijos pero ahora mismo, como la infancia y la juventud se van alargando, la gente, a los 30, está en una construcción social en la que todavía está soltera y sale de fiesta y desarrolla una conducta todavía más juvenil", aclara la antropóloga Sandra Fernández.

Por otro lado, estas acciones no deberían confundirse en ningún caso con una parafilia extraña. La sexóloga cree que no existe relación alguna entre el exhibicionismo y los borrachos que se sacan el rabo. "Otra cosa es que en cada fiesta o momento lo haga pero, generalmente, el parafílico suele buscar a personas determinadas y además lo hace por sorpresa, no en un ambiente lúdico-festivo", afirma.

"El problema actualmente es la filmación, ya que todas las cosas que hagas quedan grabadas y un vídeo puede terminar pasando de móvil en móvil y llegar fuera de tu grupo de amigos, fuera del ámbito de esa fiesta concreta, y moverse, por ejemplo, por el ámbito laboral. Realmente tendríamos que entender que las cosas pasan en un contexto concreto y no tendrían que trascender. Tampoco es normal vivir siempre con el miedo de que nos graben; esta actitud rompería con la espontaneidad", concluye Sánchez.

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