Para la mayoría, "no puedo bailar" regularmente se traduce en "no voy a bailar porque soy torpe y extremadamente cohibido", aún así, para algunos, en realidad significa un déficit fundamental en la percepción sensorial: la sordera rítmica. Algunos de los posibles bailarines y movedores de pies no pueden seguir un ritmo de la misma forma en que algunas personas no pueden ver los colores. No hay ritmo, simplemente no está ahí.De acuerdo con un estudio que publicado en el Diario Transacciones Filosóficas: Ciencias Biológicas, la sordera rítmica surge como un desfase fundamental entre los ritmos biológicos regulares del cuerpo y los estímulos externos. Los investigadores, dirigidos por Caroline Palmer, psicóloga de la Universidad McGill, fueron capaces de modelar vínculos, o la falta de los mismos, entre la cronobiología natural del cuerpo (todo el fenómeno del funcionamiento biológico periódico) con estímulos causados por ritmos externos.Al contrario de las nociones pseudocientíficas que existen con relación a los biorritmos, la cronobiología es una característica razonablemente bien establecida en la mayoría de las formas de vida. En los humanos, tiene un rango que va desde los ritmos circadianos con movimiento lento hasta el latido del corazón y el ciclo nasal, la oscilación cíclica más notable y conscientemente cíclica entre congestión y descongestión ocurre en los humanos una vez cada cuatro horas.Estos ciclos son automáticos pero también sugestionables. Como un ejemplo, Palmer ofrece un trote inducido para correr más rápido en respuesta a música con un tempo más elevado. Los ciclos de sueño sesgados por una serie de cambios durante la noche podrían ser otra forma, o el hambre en respuesta a algún olor interesante.La sordera rítmica es tan rara – con el primer caso identificado en 2011— que Palmer sólo pudo encontrar a dos personas que pudieran participar en el estudio. Esa es una limitación que hay que tener en mente. Este par solitario fue comparado con 32 sujetos sin sordera rítmica, dentro de un grupo de participantes con diversos ingresos y niveles de educación.La primera tarea asignada a los participantes fue crear un ritmo propio, sin estímulos. Simplemente mover el pie en algún tipo de ritmo regular. Los dos, sujetos con sordera rítmica fueron capaces de logar este movimiento "silencioso". Luego, Palmer introdujo un estímulo sonoro: un metrónomo."La mayoría de las personas no tuvieron problemas, los individuos con sordera rítmica fueron muy irregulares con sus movimientos – algunas veces iban a un destiempo bastante marcado", dijo Palmer, en un comunicado de prensa. "La prueba más difícil fue moverse al ritmo de un metrónomo que repentinamente se volvía más rápido o lento"."Los sujetos sin sordera rítmica fueron capaces de adaptarse a los cambios en muy poco tiempo", Palmer continuó, "pero interesantemente, los individuos con sordera rítmica no fueron capaces de sincronizarse con el nuevo compás. El tipo de errores que los individuos con sordera rítmica cometieron indicaron un déficit en los ritmos biológicos, incluyendo las frecuencias naturales o frecuencia con las cuales pulsan las oscilaciones internas, y el tiempo que les tomo responder al nuevo tempo del metrónomo".La sordera rítmica sigue siendo un concepto muy nuevo con implicaciones inquietantes para la psicología, neurobiología y más allá. "Los comportamientos no musicales que involucran coordinación temporal entre individuos, tales como turnos conversacionales o incluso simplemente ajustar el paso personal con el de un acompañante, requieren procesos sofisticados de predicción temporal y cadencia de movimiento", Michael Arbib, un neurocientífico e ingeniero biomédico de la UCLA, escribió en el libro de texto Lenguaje, Música, y Cerebro."Es de nuestro interés saber si tales procesos comparten mecanismos con el hallazgo de ritmos" indicó Arbib. "¿El comportamiento coordinado de forma temporal con el de otra persona fuera del dominio musical utiliza las conexiones cerebrales involucradas con el hallazgo y predicción de ritmos musicales?" La capacidad para bailar podría significar mucho más que el simple baile.
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