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El piloto británico que ondeó la bandera de la Alemania nazi

Admirado, valiente y talentoso. Richard Seaman fue una de las estrellas más brillantes de las carreras de los Grandes Premios. Su olvido se debe en gran parte a sus estrechos vínculos con la Alemania nazi.
PA Images

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Poco después de que James Hunt, el excampeón de Fórmula 1, muriera de un ataque al corazón en 1993, fue incinerado en el cementerio de Putney Vale. Las más de 28 hectáreas de parque, en el suroeste de Londres, fueron la silenciosa parada final de un pintoresco personaje único a quien nunca le entusiasmó mucho seguir los pasos de los demás.

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Sin embargo, él no fue el primer piloto de carreras británico de primera categoría en ser llevado a Putney Vale. Otra figura polémica de la historia del deporte se le adelantó más de medio siglo. Pero a pesar de que Hunt flirteaba desinteresadamente con la controversia por su hedonístico estilo de vida, el legado de Richard Seaman es considerablemente más complicado. Estando entre los mejores, se convirtió en el preferido de un programa de carreras en la Alemania nazi en un momento en el que en Europa se avecinaba un conflicto devastador.

Seaman, a quien sus amigos llamaban Dick, creció en un ambiente acomodado. Su padre, William Beattie-Seaman, acumuló una fortuna con el negocio de las destilerías y se casó con una mujer mucho más joven que él. Dick fue su único hijo, nacido en febrero de 1913. La señora Lilian Beattie-Seaman se ha descrito como "una dama ferozmente pomposa, digna del corsé más rígido". Aun así, el engreído de Seaman acostumbraba a tomar su propio camino.

De niño lo mandaron a la escuela privada, y más tarde a la universidad, al Trinity College de Cambridge. Pero al final de su adolescencia su interés se había decantado mucho más por las carreras de coches que por sus estudios. Sus padres esperaban que se le pasara y fuera al servicio diplomático para convertirse en un miembro del parlamento, pero el hobby de Dick fue convirtiéndose en una pasión que le consumía cada vez más.

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Su padre en particular estaba horrorizado por lo que él veía como un despilfarro de tiempo y dinero. En los años veinte y treinta, el automovilismo en Gran Bretaña era una actividad para aficionados, un hobby para ricos sin propósito ni dirección. En una carta a su hijo, William Beattie-Seaman dijo del automovilismo que era "un entretenimiento que no iba a ningún lado". A pesar de que su padre no viviera para verlo, Dick demostraría que se equivocaba.

A pesar de las dudas que albergaban, Dick convenció a sus padres de que le compraran un Bugatti, aunque es posible que les engañara sobre su verdadero propósito. Al año siguiente dejó la universidad para unirse a un equipo de carreras profesional y se apuntó su primer podio en Pescara, Italia. En el Gran Premio de Berna, disputado en los bosques suizos de Bremgaten, consiguió su primera victoria importante, pero la muerte de un compañero de equipo arruinó el acontecimiento. Se dice que cuando el padre de Seaman leyó un artículo sobre la carrera, pensó que el fallecido era su hijo y sufrió un ataque al corazón. Aunque sobrevivió, se puso completamente en contra de las carreras.

Seaman (izquierda) en el circuito británico de Brooklands // PA Images

Pero los sucesos no hicieron mella en el entusiasmo de Dick por el deporte. El historiador de automovilismo y biógrafo de Seaman, Chris Nixon, creyó que el hijo "se llevó por delante a sus padres". Dick era particularmente bueno en manipular a su madre, quien consentía a su único hijo. Cuando la convenció de comprar un avión, ella lo hizo con la esperanza de que le distrajera de las carreras, aunque de hecho lo usaría para viajar a los eventos en el extranjero.

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Tan poco atractivos como puedan parecer, esos atributos no son precisamente raros en pilotos de carreras exitosos o, desde luego, en deportistas de alto nivel. Quizás su padre viera esos rasgos en él. En un estado frágil de salud y preocupado por el futuro de su hijo, William Beattie-Seaman amenazó con eliminar a Dick de su testamento. Sin embargo, no le daría tiempo: se desmayó y murió el 3 de febrero de 1935, el día antes de que Dick cumpliera 22 años.

Tras la muerte de su padre, Seaman pudo satisfacer su pasión sin tanta oposición. Era más fácil sacarle el dinero a la madre, y todavía le haría falta financiación durante un tiempo.

Dick decidió sabiamente disputar carreras en el extranjero desde muy pronto, entendiendo que el amateurismo británico no tenía punto de comparación con el profesionalismo continental. En ese época, Italia y Alemania estaban considerablemente más avanzadas que Gran Bretaña.

La primera vez que Seaman compitió en un Gran Premio fue en 1936, en Alemania, pero su coche no era competitivo. El equipo que dominaba en el momento era el Auto Union, con la bandera nazi izada por encima del podio para el ganador Bernd Rosemeyer.

Igual que muchos otros aspectos de la vida, el automovilismo se convirtió en una herramienta propagandística de la Alemania nazi. El Reich alemán exhibía sus proezas de ingeniería construyendo los coches de carreras más veloces y aplastando a los oponentes en todo el continente. Inicialmente, Hitler destinó 500.000 marcos imperiales anuales al programa automovilístico de Mercedes-Benz, más tarde lo repartió con el equipo rival, Auto Union. Los equipos eran ultraprofesionales, y los coches, muy avanzados para la época, arrasaban con sus oponentes. Como ambos equipos corrían con vehículos de color plateado, por haber raspado la pintura para perder peso, la prensa los apodó las "flechas plateadas". Así, este nombre (usado actualmente por el equipo de Fórmula 1 Mercedes Benz) tiene su inicio en un programa financiado por el estado nazi. Mercedes incluso usa a veces fotos de la época, aunque elimina las esvásticas.

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En noviembre de 1936, llegó un telegrama al hogar de la señora Beattie-Seaman. Era del equipo Mercedes-Benz, que invitaba a Dick a una sesión de prueba. Al principio se la escondió, por no querer fomentar su trayectoria automovilística, pero recapacitó. Desde luego, Dick estaba encantado y viajó a Alemania para las pruebas, en las que impresionó al equipo y a su corpulento jefe, Alfred Neubauer, quien supervisó la alineación de estrellas de Mercedes-Benz dirigida por el alemán Rudolf Caracciola. Que Seaman fuera contratado por un equipo así pone de manifiesto su habilidad al volante.

Sin embargo, el acuerdo no se pudo firmar inmediatamente, ya que se requería la autorización de las altas esferas del gobierno. Finalmente, en febrero de 1937 y con contrato, presentaron a Dick. Como extranjero que era, el mismo Hitler aprobó personalmente su incorporación al equipo.

Desde ese momento ya era un piloto profesional con un buen salario y, aunque parte de Alemania era una maquinaria de propaganda, Dick era un hombre libre que no dependía del dinero de la familia. Le pagaban 3.000 libras anuales además de una porción de los beneficios, pero tenía prohibido llevarse lo ganado fuera de Alemania, así que vivió y alquiló una villa cerca de Múnich. Durante 1937, Seaman corrió más bien poco, solo una carrera del campeonato europeo en el evento en la sede de la marca alemana. Aun así, disputó varias carreras fuera de campeonato en las que hizo lo suficiente para que Mercedes-Benz lo quisiera para el 1938, como acabar quinto en el aterrador circuito de AVUS bajo la mirada de Joseph Goebbels. Así iba a ser la llegada a la cúspide de su carrera profesional.

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También fue el año en el que conoció y se casó con Erica Popp, una bonita mujer de 18 años cuyo padre era el cofundador de BMW. Se encontraron por primera vez en una fiesta en junio y su relación avanzó rápidamente. Su compañera alemana (con lazos en la industria del motor) reforzó todavía más los lazos de Seaman con la patria alemana.

Dick y Erica posan con uno de sus trofeos en marzo de 1939 // PA Images

A inicios de 1938 ya había conocido al hombre más famoso del país, Adolf Hitler, en el Motor Show de Berlín. Le presentaron al caudillo como conductor de Mercedes-Benz, que dio un discurso de 17 minutos. Lo que pensaba Dick de él es una cuestión controvertida. Se ha escrito que Seaman era un antinazi acérrimo, aunque en una carta a su madre ofrece un buen contraargumento: elogia el efecto de Hitler sobre los alemanes y piensa que debería tener el control de Austria "para que se sentaran y cooperaran". Es igualmente improbable que alguien con un punto de vista muy antinazi fuera a firmar por el equipo que oficialmente respaldaba el régimen con el beneplácito de Hitler y que hiciera el saludo nazi en el podio.

Tanto si a Dick le importaba como si no, pronto conseguiría una victoria en casa para las flechas plateadas de Hitler. Ese día, Seaman fue uno de los únicos conductores no alemanes al volante de coches Mercedes-Benz o de Auto Union en el circuito de Nürburgring (siendo el otro el fenómeno italiano Tazio Nuvolari). No cabe duda de que el plan era que ganara Alemania, pero cuando se le prendió fuego al coche del líder Manfred von Brauchitsch, Seaman se puso por delante. Su carrera había sido calmada y tranquila, y había conseguido cuidar sus neumáticos. Después de casi cuatro horas, alcanzó la bandera a cuadros en la primera posición, con 300.000 fans vitoreándole en casa. Ya en el podio, Seaman realizó dos veces el saludo nazi, aunque de manera poco convincente.

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Desde la perspectiva propagandística, se podría haber interpretado de dos maneras: o bien la excepcional tecnología alemana había condujo a un británico a la victoria, aunque los propios coches alemanes no tenían punto de comparación; o bien un conductor británico había conseguido derrotar en casa a los rivales alemanes, supuestamente superiores.

En cualquier caso, la victoria asentó a Seaman como miembro merecido del mejor equipo de carreras y lo convirtió en algo parecido a una estrella en Alemania.

No mucho después de su triunfo, la señora Beattie-Seaman viajó para visitar a su hijo y conocer a Erica. Se dice que la madre de Dick se sintió "abrumada" cuando la llevaron al cine para ver las tomas del noticiario sobre su reciente victoria. Pero a ella le preocupaba la idea de que Dick se casara con una alemana, quizá por tensiones mal curadas de la Primera Guerra Mundial, o bien porque deseaba ser la única mujer presente en la vida de su hijo. A pesar de ello, la pareja se comprometió poco después e hicieron una fiesta en la casa de un amigo, a la que la señora Beattie-Seaman no quiso ir. La pareja se casó en diciembre de 1938 y se mudó a una villa que compraron los padres de la esposa.

Mientras tanto, Dick participó en los dos eventos del campeonato europeo de 1938 que quedaban, y acabó segundo en el Gran Premio de Suiza y se retiró en Italia. Una vez más, le renovaron el contrato con Mercedes-Benz para la siguiente temporada.

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Pero la tensión en el ambiente político fue aumentando. Alemania anexionó Austria, como esperaba Dick, y las tensiones fueron escalando en todo el continente. Consciente de ello, el equipo lo puso en la reserva. Sopesó seriamente dejar su sitio en el equipo, pero salirse no sería fácil: después de su matrimonio, su madre cortó todos los lazos con él, y necesitaba el sueldo de Mercedes más que nunca. Algunos compañeros de deporte le aconsejaron que aguantaran, quizás teniendo en mente que la oportunidad de conducir maquinaria tan avanzada no se presentaba con frecuencia.

A pesar de los miedos por desempeñar un papel secundario, convocaron a Seaman para conducir en el Gran Premio de Bélgica de 1939, la primera ronda del campeonato europeo, el día 25 de junio. Tuvo lugar en el imponente circuito de Spa-Francorchamps, una carrera en la que Seaman estaba decidido a destacar.

Seaman durante su carrera final en Spa en 1939 // PA Images

El clima ese día fue terrible: la lluvia empapó la región de Ardenas y el circuito quedó en unas condiciones peligrosas. Por si fuera poco, Incluso Caracciola, conocido por ser un especialista con lluvia, tuvo un accidente en la séptima vuelta. Seaman se movió por la pista demostrando un increíble dominio a bordo de su Mercedes-Benz, y se puso relajadamente a la cabeza. Una vez estuvo en la primera posición, empezó a desmarcarse. Se puede afirmar que esta fue su mejor actuación al volante de un coche de carreras. La victoria en Alemania tuvo un elemento de suerte, pero Seaman estuvo impecable, aguantando en la cuerda floja a la vez que completaba las vueltas mucho más rápido que los demás. Por desgracia, en la vuelta 22 se salió del circuito a gran velocidad. El coche impactó contra un árbol y se le prendió fuego. Hizo falta más de un minuto para liberar al conductor, que sufrió quemaduras graves.

Seaman fue llevado a un hospital cercano, mientras se debatía entre la vida y la muerte. En un momento de lucidez, se disculpó a Neubauer, el jefe del equipo, por el accidente, diciendo que había sido culpa suya, y le dijo a Erica que fuera al cine sola esa noche. Falleció poco después de medianoche. En su funeral, entre las pilas de flores se colocó una corona enorme hecha de lirios blancos adornada con el nombre "Adolf Hitler". Le gustara o no, Seaman había muerto conduciendo para el Reich.

* * *

Richard Beattie-Seaman falleció el 25 de junio de 1939. Justo dos meses después, Reino Unido y Alemania estaban en guerra. Su madre murió en 1947, y Erica se volvió a casar y se mudó a América, donde murió en 1990. Ya no quedan muchas personas vivas, o ninguna, que estén vinculadas con la gran carrera de antes del conflicto bélico.

Pero después de 80 años de su muerte, la tumba de Seaman en el cementerio de Putney Vale, sigue cuidada. Se cree que Mercedes-Benz sigue pagando una pequeña cantidad anual para asegurarse de que su olvidada estrella conserve por lo menos una pequeña muestra de reconocimiento.