la fuerza en los drones poderosa es

Estética Star Wars y potencial inmenso: así son las carreras de drones

¿Qué te parecería ver una carrera de cazas rollo Star Wars? Los drones, uno de los mayores éxitos comerciales de los últimos tiempos, podrían ofrecer este tipo de espectáculo... y convertirse en el deporte del futuro.
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All images courtesy Drone Racing League

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En un centro comercial abandonado de Los Angeles, a 15 minutos del aeropuerto, los drones zumban haciendo eco a través de los 80.000 metros cuadrados del recinto. El cemento frío y las redes que se elevan desde el suelo al techo —para atrapar a los drones que van por mal camino— dan la impresión de entrar en una zona de guerra distópica.

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Los vándalos destruyeron gran parte del centro comercial durante unos disturbios en 1992 y el lugar nunca recuperó su brillo, de modo que cerró sus puertas en 1995. El edificio es algo más que un bloque de hormigón: se han rodado películas de Hollywood pero se ha mantenido vacío y silencioso durante la mayor parte de los últimos veinte años. Es un lugar extraño… y por lo tanto, perfecto para una carrera de drones.

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Hace un par de semanas recibí una invitación de la Drone Racing League (DRL) para asistir a su segundo evento oficial. La DRL es una de las organizaciones que tratan de profesionalizar este curioso deporte: comenzó sus actividad en enero de este año programando cuatro carreras y el campeonato del mundo.

Durante una carrera estándar de la DLR se pueden contar hasta doce pilotos que hacen volar sus drones —el mismo modelo para todos— a través de un circuito diseñado para poner a prueba sus habilidades. En esta ocasión se trata de una carrera de obstáculos urbana que disputan a velocidades de hasta 130 km/h: arcos estrechos, círculos iluminados con neones y un falso metro.

Hace un año que Nick Horbaczewski, fundador de la competición, me habló de su proyecto para convertir las carreras de drones en un deporte profesional: yo no estaba seguro de que lo serían algún día. Aún así seguí todas las noticias en torno a estos controvertidos aparatos: los vídeos, la controversia sobre su regulación, la seguridad, los avances tecnológicos…

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Desde mi punto de vista, las carreras aeronaves no tripuladas eran un páramo yermo, un territorio sin explorar bastante grande como para para atraer a inversores sin obviar las complejidades de la organización.

"En el mundo de los drones, la gente se apresura demasiado: piensan que será un nuevo fenómeno que les permitirá ganar un montón de dinero", dice Gary Mortimer, director de la página web Small Unmanned Aerial Systems News —pequeños sistemas aéreos no tripulados. Entonces enumera a un seguido de organizaciones que se han lanzado al ruedo y que compiten por el mismo mercado.

Dos buenos ejemplos de esta naciente carrera son Rotor Sports, que organiza los campeonatos nacionales en Estados Unidos, o Multi GP, una empresa basada en Florida. "La cuestión es: ¿quién lo tendrá más éxito? ¿Qué organización será capaz de consolidarse y llenar un estadio de Super Bowl?", se pregunta Mortimer.

Mortimer piensa que pase, lo que pase, triunfe una liga DRL u otra, la competición deberá desarrollarse unos años antes de llegar a un público masivo. Según él, Horbaczewski y la DRL han conseguido suficiente dinero para tirar adelante durante los primeros años, los más complicados.

Para que la DRL pueda convertirse en un deporte viable, Horbaczewski deberá afrontar problemas de producción audiovisual… y también de regulación legal sobre la navegación aérea. Además, tendrá que introducir a un público general e inexperto al mundo técnico de los drones. La reacción a la primera carrera, sin embargo, fue esperanzadora.

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"Es el comienzo de un efecto de bola de nieve", nos explica Horbaczewski minutos antes del inicio de la primera prueba del día. "El propósito de todo esto es ver a miles de aficionados gritando en un estadio y tener una retransmisión televisiva en directo de un evento deportivo que quiere a cautivar a la gente. Para hacerlo aún queda un largo camino por recorrer".

Horbaczewski es un cerebrito de Boston. Después de estudiar en la universidad de Harvard trabajó en varios campos. Empezó su carrera en una consultoría; posteriormente, fundó una productora que dio títulos de éxito moderado como Some Girls y Addicted to Fresno; luego,volvió al sector privado en el sector de la seguridad industrial; y finalmente terminó emprendiendo de nuevo y convirtiéndose en un distribuidor internacional de armas.

En 2013, la carrera de este James Bond de los emprendedores le llevó a Though Mudder, una empresa organizadora de carreras de obstáculos fundada en 2009 por otro graduado de Harvard, Will Dean. La empresa, que organiza las famosas Mud Runs (carreras de barro), se convirtió en un fenómeno global bajo su liderazgo.

"Though Mudder era solo un nicho de negocio y nadie pensó que la gente estaría interesada en eso", comenta Hobaczewski, que dejó la empresa con 35 años después de engrosar su facturación hasta los cien millones de dólares anuales en menos de dos años. En la cabeza tenía un nuevo negocio.

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Horbaczewski oyó hablar de los drones por primera vez en 2009, cuando trabajaba en un proyecto de su escuela de negocios. Se puso en contacto con Chris Anderson, exeditor jefe de la revista Wired y fundador de 3D Robotics, un fabricante de aeronaves no tripuladas.

"Tan pronto como lo vi pensé que era algo muy entretenido", explica Horbaczewski. "Es una competición muy atractiva ya que combina a los drones con la última tecnología. Pensé que esto tenía el potencial de convertirse en algo mucho más grande de lo que era entonces".

En sus primeros años de vida, las carreras con drones eran un producto plagado de fallos técnicos: colisiones en el aire, constantes cortes de transmisión entre los pilotos y sus equipos, máquinas estrelladas contra las paredes…

En el Mundial celebrado en Dubai el año pasado, los pilotos competían por un premio de un millón de dólares: a pesar de ello, los problemas técnicos causaron largas demoras entre las carreras y deslucieron el espectáculo. La DRL está intentando homogeneizar la tecnología para conseguir un producto fiable que consiga enganchar a la gente.

Para Mortimer, el apartado audiovisual es clave para asegurar el futuro de la competición. Las carreras de coches teledirigidos, por ejemplo, nunca han sido muy populares ya que jamás han logrado producir imágenes espectaculares. Con la inclusión de cámaras frontales en los aparatos, la DRL quiere sumergir al espectador en la experiencia que viven los pilotos.

"El número de visualizaciones del evento Miami Lights sobrepasa los diez millones", explica Horbaczewski. "Nuestro objetivo para el próximo año es transformar este número de visitas en aficionados".

El rediseño de la competición incluye el uso de leds luminosos para diferenciar los drones, la reducción del tiempo de carrera a dos minutos o menos y un sistema de clasificación por puntos. La experiencia del espectador todavía no es perfecta, ya que a 130 km por hora es difícil diferenciar los pequeños drones que se usan actualmente: la solución sería pensar en grande.

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"Eso sería volar contra los reglamentos federales de EEUU", lamenta Mortimer. "La idea comenzó a germinar con la creación de un superliga con drones de mayor tamaño, pero esto va a ir en contra de la ley".

La Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos no tiene un marco legal adecuado para regular el uso de los aviones no tripulados, lo cual podría causar confusión y problemas legales de cara al futuro.

"La regulación actual impide los vuelos en el exterior y por eso hemos propuesto hacer las competiciones en recintos cerrados, donde en teoría sí se puede", explica Horbaczewski, que destaca que preparan también planes de seguridad de cara a asegurar la integridad de los espectadores.

Hay pilotos de drones en todo el mundo, desde jóvenes de 15 años que ya tienen un título mundial en sus manos hasta calvos barrigones que podrían ser nuestros padres. La DRL cuenta con 20 pilotos en nómina, pero la competencia para hacerse con un puesto fijo en las carreras es cada vez mayor.

"Además de piloto soy albañil", comenta Steve 'Zommas' Boumas, que ganó la carrera de Miami Lights el pasado enero. "Era solo un hobby cuando empecé, pero ahora veo que puedo ir más allá y hacer dinero con esto. Yo no me considero un profesional, pero hay otros que piensan que sí que lo soy. Crecí haciendo motocross y nunca he sentido un subidón de adrenalina similar al que siento cuando piloto mi dron".

La DRL intenta dar facilidades a sus pilotos: organiza competiciones de entrenamiento y les proporciona prototipos de drones para que puedan familiarizarse con ellos lo más rápido posible.

En la actualidad, las carreras de drones están en una fase prematura. Prueba de ello son las únicas cuatro carreras y el campeonato mundial que organiza la DRL anualmente, aunque las esperanzas son elevadas.

"He descubierto que el deporte es como un planeta: necesita personas (atletas), organización, patrocinadores, aficionados… todo debe converger para crear un evento autosuficiente", sentencia Horbaczewski.

Sigue a la autora en Twitter para leer más historias de altos vuelos: @tiniv