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Gottfried von Cramm, el tenista gay que desafió a Hitler

Gottfried von Cramm no solo fue uno de los tenistas más grandes de Alemania: también fue un deportista ejemplar que se atrevió a desafiar a Hitler y que honró Wimbledon con su juego y su honestidad.

por Will Magee
30 Junio 2016, 3:55pm

PA Images

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Cuando los aficionados al tenis del Reino Unido piensan en la final masculina de Wimbledon de 1936, les viene a la cabeza Fred Perry. Es fácil de entender el porqué: fue la última vez, antes de que Andy Murray lo hiciese en 2013, que un británico ganaba el torneo.

Cabe decir, no obstante, que nunca se ha prestado mucha atención al oponente de Perry de esa final. Cuando el británico se acercó a la red al acabar la paliza de tres sets, le dio la mano a un hombre alto, rubio, de facciones suaves.

Ese hombre era Gottfried von Cramm, uno de los más grandes jugadores de tenis que ha dado jamás Alemania... y también uno de los tipos más interesantes que haya jugado jamás a este deporte.

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Gottfried se dio a conocer cuando venció el as australiano Jack Crawford y ganó Roland Garros en 1934. Von Cramm había sido campeón de Alemania, pero su triunfo en el torneo francés representó su primer Grand Slam. El germano llamó la atención de todos, especialmente debido a su nacionalidad y a la inestable situación política que se vivía en Alemania en ese momento.

Gottfried, de hecho, era un aristócrata de Sajonia: el tercer hijo del Barón von Cramm Burchard, concretamente. Era rico, alegre y generoso, y encima su éxito deportivo le hizo muy popular cuando volvió a casa. Tenía una personalidad ganadora, así como reputación de tener buenos modales, deportividad y una conducta honorable hacia sus oponentes.

A pesar de que solo se susurraba en el momento de ganar su primer Grand Slam, se decía que era homosexual y que tenía una relación discreta con Manasse Herbst, un joven actor judío radicado en la región de Galitzia —sí, Galitzia, en la Europa del Este, no donde los percebes—.

Hitler en un enceuntro de su partido en 1934. Imagen vía Wikicommons

En la Alemania de 1934, la posibilidad de que existiera esa relación era seriamente problemática. Adolf Hitler había consolidado su poder como Führer: en apenas un año había tipificado la homosexualidad como delito. Los ciudadanos judíos ya empezaban a ser discriminados. El odio, la violencia y el miedo estaban empezando a calar en la sociedad.

Fue en este contexto que Gottfried von Cramm se convirtió en uno de los atletas más famosos de Alemania. Es fácil de entender que se le pidiera que representara a un país que se hundía rápidamente en el abismo totalitario: rubio, atlético y arquetípicamente ario, Gottfried fue visto como un símbolo de gran alcance por parte del régimen.

Debido a sus propias circunstancias y convicciones, sin embargo, Von Cramm no quería ni oír hablar de desempeñar el papel que le requería el nazismo. A pesar de que se vio obligado a usar zapatillas blancas estampadas con una esvástica y realizar un saludo a la romana antes del inicio de los partidos, Gottfried se resistió muchas veces a que su persona e imagen fuera una parte central de la campaña de propaganda de los nazis.

Mientras que otros deportistas se apuntaron con entusiasmo a la idea de la supremacía deportiva aria, Gottfried continuó jugando a tenis como un caballero y trató de seguir adelante con su vida.

Gottfried (izquierda) felicita Fred Perry después de perder la final de Wimbledon de 1936. Foto vía PA Images

La tensión entre Gottfried y el régimen creció de manera constante después de la final de la Copa Davis de 1935, en la que Alemania perdió contra EEUU. Von Cramm, de hecho, se negó a jugar el último punto del juego decisivo del partido tras informar al árbitro que el balón había roto su raqueta durante el intercambio de golpes.

Nadie había visto el error, pero Gottfried indicó que ese punto no lo podía jugar. Alemania finalmente perdió y toda la culpa recayó sobre los hombros del honorable Von Cramm.

Después de ese partido, el capitán de Alemania, Heinrich Kleinschroth, supuestamente golpeó la pared del vestuario del equipo. Lleno de rabia, gritó a Von Cramm que era "un traidor a la nación".

La respuesta que dio Gottfried resume perfectamente su carácter. "En absoluto, no creo que haya fallado al pueblo alemán. De hecho creo que los he honrado".

Las autoridades, en cambio, no compartían esa visión de la derrota y empezaron a vigilarlo más de cerca. Gottfried se negó reiteradamente a unirse al partido nazi a pesar de la insistencia amenazadora de, entre otros, el mismísimo Hermann Göring. No sólo despreciaba sus políticas discriminatorias, sino que también le molestaba el exilio forzado de su ex compañero de equipo —y judío polaco— Daniel Prenn.

De manera anecdótica, se recuerda que quizás Von Cramm utilizaba la frase "el pintor de casas" para referirse a Hitler, una burla que a principios de los años del Führer se decía mucho haciendo referencia a Hitler como un artista fracasado en Viena. Esta era una actitud peligrosa en la Alemania nazi... sobre todo para un gay que tenía a los ojos de toda la nación sobre él.

Gottfried (derecha) con su pareja de dobles, Heinrich "Henner" Henkel. Foto vía WikiMedia Commons

A pesar de todo, Von Cramm continuó sobresaliendo en las pistas de tenis. Triunfó en Roland Garros una vez más en 1936; un año después ganó el título de dobles masculino, tanto en Roland Garros como en el Open de Estados Unidos, junto a su protegido Heinrich Henkel.

Las hazañas más famosas de Gottfried, sin embargo, fueron en Wimbledon. Aunque nunca ganó el torneo, sus actuaciones en el All England Club consiguieron que todo el mundo lo alabara.

Von Cramm fue subcampeón en Wimbledon durante tres años consecutivos. Perdió la primera y segunda final contra Fred Perry en 1935 y 1936, y la tercera contra la leyenda estadounidense Don Budge en 1937.

Aunque cayera en los tres partidos en dos sets, lo hizo contra las más grandes estrellas del momento y jugando un tenis muy bueno: es más, su primer partido contra Perry y el último contra Budge han pasado a la historia como clásicos por haber ofrecido algunos de los mejores momentos del deporte de esa época.

Gottfried von Cramm jugó un papel muy importante en la época dorada de Wimbledon... pero por desgracia, el All England Club pronto le abandonó y pasó a convertirse en el gran olvidado del torneo.

Aquí podéis admirar el buen estilo de Von Cramm en la final de Wimbledon de 1935.

A medida que la situación política en Europa se deterioraba y la Segunda Guerra Mundial se alargaba, la tensa relación entre Von Cramm y los nazis fue empeorando. Antes de un infame partido contra Budge en la Copa Davis 1937 se rumoreó que Gottfried había recibido una llamada de Hitler en la que le había ordenado que ganase a a toda costa.

Von Cramm, sin embargo, llegó a ir 4-1 por delante en el último set... pero al final dejó que su juego perdiera enteros por momentos y acabó perdiendo 8-6. Budge simpatizó con su cansado oponente: el régimen nazi no lo hizo.

El 5 de marzo de 1938, dos agentes de la Gestapo irrumpieron en una cena de la familia Von Cramm. Gottfried fue detenido y encerrado bajo la acusación de ser homosexual y de prestar ayuda financiera a un judío. Aunque los cargos fueron motivados por política, Von Cram no podía negarlos: Manasse Herbst había huido hacía Palestina en 1936 y Gottfried había financiado y ayudado a planear su fuga.

Gottfried admitió la verdad a las autoridades y fue condenado a un año de prisión. Su abogado logró disminuir la sanción alegando que Herbst le había chantajeado para que enviase el dinero, ya que era "un judío astuto". Esto era solo una estratagema, porque de hecho Von Cramm alojó a Herbst después de la guerra y tuvieron una amistad duradera.

Si no hubiera sido por el dinero de Gottfried, es muy posible que Herbst no hubiera sobrevivido a los horrores que estaban por venir.

Don Budge fue uno de los mejores rivales con los que se enfrentó Von Cramm. Imagen vía WikiMedia Commons

Como había hecho muchos amigos en el mundo del tenis, varios jugadores de perfil alto saltaron en defensa de Von Cramm. Se presentaron denuncias a las autoridades alemanas; Don Budge recogió muchas firmas de profesionales antes de enviar una carta de protesta a Hitler. Por desgracia, la jerarquía del tenis era menos comprensiva.

Después de la liberación temprana de Von Cramm a principios de 1939, el tenista fue condenado al ostracismo por el All England Club. El clima político era, sin duda, el principal factor en su exclusión de Wimbledon ese año, pero el pretexto oficial fue que era un criminal convicto y por lo tanto no era apto para jugar ese torneo.

Wimbledon, pues, dio la espalda a Von Cramm a pesar de los ataques que había tenido que aguantar de los nazis. Gottfried se había opuesto con valor a su ideología, pero aún así fue tachado de enemigo y de delincuente. Su solicitud de visado temporal para poder jugar el Open de Estados Unidos no prosperó: fue expulsado del torneo, según los estadounidenses, por su condena por cargos morales.

Y luego llegó el conflicto.

La Segunda Guerra Mundial acabó con la carrera de Von Cramm —y casi con su vida. Gottfried fue reclutado por el servicio militar en mayo de 1940 y lo enviaron a la helada carnicería del frente ruso: aún así, fue galardonado con la Cruz de Hierro al valor antes de ser evacuado en avión de las líneas del frente por congelación grave.

Cuando el avión recogió a Von Cramm, la mayor parte de su compañía había muerto. No muy lejos, en la batalla de Stalingrado, su compañero de dobles Heinrich Henkel falleció tras recibir un tiro.

Gottfried sobrevivió al frente del este, pero su protegido y amigo Heinrich Henkel no lo consiguió. Imagen vía WikiMedia Commons

Von Cramm, afortunadamente, sobrevivió a la guerra y continuó viviendo en Sajonia. Jugó un poco más hacia el final de la década, e incluso logró ganar el campeonato nacional alemán de nuevo en 1948 y 1949; no obstante, tenía 40 años en este momento y pronto se retiró definitivamente.

Tras colgar la raqueta, Gottfried pasó a trabajar para la Federación Alemana de Tenis y se convirtió en un empresario de éxito hasta que murió en un accidente de tráfico durante una visita a El Cairo en 1976.

En la pista, Von Cramm ganó algunos de los torneos más prestigiosos del circuito: fuera de ella desafió a los nazis y se negó a ser una marioneta más de su régimen totalitario. Ser deportista gay y negarse a ceder ante los prejuicios le llevó a enfrentarse a muchas dificultades y dudas mentales que incluso costarían de soportar a los atletas más resistentes.

Gottfried fue una víctima de su tiempo y de las circunstancias: lo vergonzoso es que torneos que se habían hecho grandes gracias a él le dieran la espalda cuando más lo necesitaba. Puede que el El All England Club rechazara a Von Cramm antes de la guerra, pero aún así el tenista sigue siendo una parte indeleble de su historia.

Si bien no pudo ganar a Fred Perry y Don Budge, el alemán dejó un legado enorme, basado sobre todo en la calidad deportiva y humana. Cuando pensemos en los grandes campeones que han adornado el tenis, sin duda tenemos que pensar en Gottfried von Cramm.

El autor se ha pasado la mayor parte de su vida esperando a que un británico ganase Wimbledon, de modo que ahora se lo recuerda a todo el mundo en Twitter: @W_F_Magee