vale vergara el guadalajara

Pumas y su parálisis en el mundo

La mitad de una vida. Eso significa el último triunfo de Pumas en Guadalajara.
3.4.16

El mundo del cine se estremecía con el estreno de ET. Eran tiempos de peinados extravagantes, pantalones de mezclilla deslavados en los que la música era la continuación de la vida.

Rocky III confirmaba su condición de zaga boxística en la pantalla grande cuando Manuel Negrete se lanzaba de espaldas al arco con una chilena que le dio la última victoria a Pumas contra Chivas, en Guadalajara.

Han pasado 34 años desde aquel lejano 7 de febrero de 1982. Y Jorge Vergara, dueño del Rebaño, recuerda, en entrevista, que en aquella época "estaba muerto de hambre".

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El emporio empresarial no existía. Jorge tenía 27 años. Y nada más. Después se confirmó como mandatario rojiblanco, equipo con el que ha ganado un campeonato y una Copa. Y nada más…

El mundo ha girado y desde el recuerdo de unos 49ers de San Francisco ganadores del Super Bowl al vencer a los Bengalíes de Cincinnati, todo ha cambiado menos la paternidad rojiblanca sobre los auriazules en su feudo.

"Es media vida", recuerda Vergara, entre risas.

José López Portillo era un recuerdo fugaz de un gobierno con el peso devaluado en contra del dólar y Joe Montana era la estrella de anuncios de pasta de dientes con sonrisa inmaculada.

Los Lakers dominaban las duelas ante Filadelfia en las finales y ganaban su octavo campeonato, mientras Cabinho movía 32 veces las redes en el futbol mexicano.

La Guerra de las Malvinas paralizaba el mundo de la paz.

Italia ganaba la Copa del Mundo ante Alemania con aquel grito desaforado de Marco Tardelli, en contra del eterno Dino Zoff.

Los neumáticos contaban sus historias en las pistas desde la habilidad en el volante de Keke Rosberg, que se confirmó como el mejor en aquel año de Formula 1.

Madonna era una señorita.

Diez años después de aquel triunfo de Pumas, en los Países Bajos se establece la Unión Europea. En España se realiza el primer transplante de páncreas.

Donald Trump y su copete tenían 36 años.

Los Simpsons no existían y el mundo era un poco más triste y el cine menos violento. O más aburrido sin la presencia de Quentin Tarantino.

Una taza de café solo podía tomarse con cafeína. Lo descafeinado era para los débiles. O los soñadores.

Los cassettes se atoraban y usabas lápices para rebobinarlos y en aquella época cuando ponías la direccional a la izquierda, el otro auto te cedía el paso.

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La luz amarilla en el semáforo era señal de prevención para frenar y no para acelerar en la esquina.

El futbol se jugaba en los horarios de misa y no todo lo que comías daba cáncer.

El mundo era más tranquilo con autos en forma de botita. O Caribes.

Una Naranja era la mascota de aquel Mundial en España y los fotógrafos no podían subir las fotos de su comida a Instagram.

Si querías que nadie te localizara no descolgabas la bocina del teléfono y si alguien tocaba el claxon lo hacía con una ligera sonrisa para avisarte que avanzaras porque estabas distraído, no porque estabas tuiteando.

El mal de Parkinson ya le había quitado gobernabilidad a las manos de Muhammad Ali.

El perro siempre fue el mejor amigo del hombre.

La gente leía y las plantas seguían necesitando agua.

El sol quemaba menos y existían las Torres Gemelas.

Y Pumas ganaba por última vez en Guadalajara…