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No puedes conocer a las monjas de clausura de Barcelona, pero puedes comer sus galletas

Las monjas de clausura de Barcelona rara vez se ven en público. Casi igual de secretas son las galletas que hornean siguiendo una receta antiquísima.
Phoebe Hurst
London, GB

Las monjas de clausura de Barcelona rara vez se ven en público. Casi igual de secretas son las galletas que hornean en su convento, siguiendo una receta antiquísima.

Poco se sabe sobre los orígenes exactos de las llamadas "galletas de clausura", hechas con huevos, azúcar morena y anís estrellado, pero se cree que las monjas españolas desarrollaron su destreza para hornear en el siglo XI, cuando la hambruna golpeó el municipio de Toledo, en el corazón del país. Sin trigo en sus almacenes para hornear, las monjas del convento local de San Clemente juntaron los únicos ingredientes que tenían —azúcar y almendras— para crear una mezcla que hoy conocemos como mazapán.

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A partir de este triunfo culinario, las monjas de clausura españolas desarrollaron una habilidad especial para el horneado de productos dulces, lo que las llevó a experimentar más allá con el buñuelo español llamado "suspiro de monja" y las torrijas, parecidas al pan tostado.

Pero fueron las galletas las que resultaron ser las más populares, repartiéndose desde Toledo hasta los conventos en los alrededores de Madrid, Sevilla y Barcelona, donde todavía se producen y se venden hoy en día. La parte difícil es encontrarlas.

Inicié mi búsqueda en el norte de Barcelona, cerca de los jardines arquitectónicos del Park Güell antes de pasar por las iglesias en todo el centro comercial peatonal turístico de La Rambla. Los eclesiásticos sombríos no tenían ni idea cuando les pregunté por el paradero de estas "galletas clandestinas", por lo que me retiré y seguí mi camino.

Nuns' cookies and other baked goods on sale at Caelum bakery. Photo by the author.

Las "galletas de clausura" y otras delicias dulces se venden en la panadería Caelum. Foto del autor.

El guardia de seguridad en la casa-museo Gaudí me dice que, a diferencia de Madrid, en Barcelona es casi imposible comprar las galletas de las monjas a través de ranuras en las paredes de las iglesias, pero que en el Barri Gotic, o Barrio Gótico, de la ciudad hay una panadería oculta que las vende. Pero no puede recordar el nombre.

Buscar galletas horneadas por monjas como un drogadicto desesperado puede parecer una manera inusual de obtener tu dosis de azúcar, pero en España es una especie de tradición consagrada. Tras el triunfo del mazapán de Toledo, los devotos y las familias ricas de España le encargan a las monjas hacer pasteles dulces, panecillos y galletas. Las monjas utilizan este ingreso extra para ayudar con el costo de la gestión de sus respectivos conventos.

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Buscar galletas horneadas por monjas como un drogadicto desesperado puede parecer una manera inusual de obtener tu dosis de azúcar, pero en España es una especie de tradición consagrada

Después de mi encuentro con el guardia, camino más allá de la catedral de Barcelona y entró en un laberinto de callejuelas que eventualmente es absorbido por el Barri Gotic. Cada vía estrecha está recubierta de calles empedradas y gárgolas, llenas de tiendas donde venden productos locales. Mientras más me adentro en el laberinto, más siento como si retrocediera siglos en el tiempo. Incluso el fuerte olor a orina y carne curada parecen estar a un millón de kilómetros de las vapores habituales de viernes por la noche en La Rambla.

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Tras desviarme dentro de una tienda de cosméticos, le pregunto a la dueña si sabe dónde puedo encontrar las galletas de las monjas. Con una sonrisa y un gesto entusiasta, apunta hacia un lugar llamado el Caelum, una panadería construida en la cima de un baño judío medieval.

Pronto encuentro el lugar en la esquina de dos vías sin gracia al fondo del barrio. Una pareja de ancianos muerde un pastel, peleando en silencio por las últimas migajas, mientras que un par de adolescentes hablan y beben café. Veo a una mujer robusta empaquetando galletas detrás del mostrador. Sé que estoy en el lugar correcto.

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"Hola, ¿los productos que se venden aquí los hornean las monjas?", pregunto.

"Sí", responde. "Son € 8.95 euros, por favor".

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Galletas hechas en el Monasterio Cisterciense Nuestra Senora de Vico. Foto del autor.

No hablamos más, pero finalmente tengo las escurridizas galletas de clausura en mis manos, envueltas en una bandeja de papel de estaño y adornadas con una estampilla que dice que se hornearon en el Monasterio Cisterciense de Nuestra Señora de Vico, un convento a aproximadamente cuatro horas de Barcelona.

Y se ven igual de secas que los ladrillos de la ciudad en la que se hornearon.

Encuentro un lugar con sombra y tomo mi primer bocado. Extrañamente, las galletas no son tan quebradizas como se ven y tienen un toque inquietante de anís. No son nada parecidas a las Óreo que se venden en las tiendas de abarrotes turísticas de Barcelona, ni a los placeres pegajosos que se venden en sus panaderías especializadas.

A diferencia, éstas son un pedazo de historia por el cual vale la pena la búsqueda.