Salud Mental

Un psicólogo explica los cambios bruscos de humor que sufrimos durante el confinamiento

Te enseñamos formas en las que puedes gestionar un día de esos en los que te levantas con el morro torcido.
MA
traducido por Mario Abad
14.5.20
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Ilustración de Sander Ettema

Antes de empezar, quiero dejar clara una cosa: la pandemia del coronavirus es una situación terrible en la que muchas personas han muerto, han perdido el trabajo y están teniendo dificultades para llegar a final de mes. Además, los bares llevan semanas cerrados y la gente no puede echar polvos.

Pero también hay un aspecto positivo, y es que este virus ha sacado el lado más solidario de todos nosotros. Y no hablo de la solidaridad que lleva a los famosos a cantar juntos, sino al simple hecho de habernos dado cuenta de que estamos todos luchando contra el mismo mal y subidos en la misma montaña rusa de emociones durante el proceso. Hay días en los que no queremos salir de la cama y otros en los que nos sentimos optimistas y nos consolamos pensando que la cosa podría estar mucho peor. Vamos, que todos hemos pasado por estos cambios bruscos en el estado de ánimo.

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Pero, ¿a qué se deben y qué podemos hacer para controlarlos? Y, si vives con alguien que los experimenta, ¿deberías intervenir para hacerle sentir mejor? Llamé a Jean-Pierre van de Ven, psicólogo y autor del libro It Should Be Drastically Different, para que me explicara hasta qué punto tenemos la capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo.



VICE: Ultimamente tengo cambios de humor muy repentinos. ¿A ti te pasa?
Jean-Pierre van de Ven: Sí que he notado que estos días estoy más irascible. Me impaciento con la gente cuando no se aparta en la calle o cuando no mantienen la distancia de seguridad establecida. También me sorprendo pensando que estoy harto del tema este del coronavirus.

¿Y qué provoca esos cambios?
En primer lugar, las noticias, todas esas malas noticias con las que nos bombardean a diario. En segundo lugar, ahora todo se siente más real. Por lo general, tendemos a interiorizar la idea de que somos supuestamente invulnerables, de que las cosas malas solo les pasan a los demás. Pero ahora vemos que también nuestra familia y nuestros amigos pueden verse afectados y nos damos cuenta de que somos mucho más vulnerables de lo que pensábamos.

Pero también hay días en los que me siento bien.
Eso es porque hay dos poderes presentes. Del primero ya hemos hablado: esa sensación melancólica. El otro es la resiliencia, sobre la que influyen varias circunstancias. La pregunta es: ¿qué circunstancias tienen un impacto positivo en ti?

"Tendemos a interiorizar la idea de que somos supuestamente invulnerables"

Entiendo. Porque quiero saber si puedo hacer algo respecto a esos cambios de humor.
Eres tú quien debe determinar cómo potenciar tu resiliencia. Varía según la persona. Has de ver si eres capaz de mentalizar la situación, de establecer asociaciones entre tus estados de ánimo y los acontecimientos de tu vida. No es algo que se le dé igual de bien a todo el mundo. Imagínate que has tenido una pelea con tu pareja por la mañana y, por la tarde, te pillas un cabreo irracional con un compañero de trabajo. Tal vez no te des cuenta de inmediato que esas dos peleas están relacionadas, pero es positivo si lo adviertes, aunque sea después.

Averigua qué elementos hacen que estés de buen humor. Tal vez sea consumir menos noticias o llamar por teléfono a alguien. Quizá te inspiras leyendo un libro o con algo que has visto en Netflix. Es bueno dedicar tiempo a buscar patrones, al menos cinco minutos al día.

¿Hay patrones comunes?
Es muy probable que mucha gente llegue a las mismas conclusiones: mantener el contacto con los demás. El sexo suele poner de buen humor, también. Las muestras de agradecimiento. El hecho de expresar gratitud es positivo.

Otro factor importante es la franqueza. Si tienes el valor de mostrarte ante alguien tal como eres ⎯con tus miedos y dudas⎯, de algún modo estás demostrando a esa persona que confías en ella y a cambio también ella confiará en ti, por lo general. Esto estimula la resiliencia.

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Puedes hacer una lista de cosas de las que te sientes orgulloso. Determinados rasgos de personalidad o cosas que hayas hecho, o cumplidos que te hayan dedicado. Una vez hecha la lista, guárdala un tiempo y, cuando la vuelvas a leer, habrá cosas que te harán sonreír. Puedes convertir esta práctica en una rutina diaria.

"El cerebro está habituado a establecer conexiones con los demás. Muchas de esas conexiones han desaparecido y no es algo a lo que uno se acostumbre"

Si mi pareja tiene un día especialmente malo, ¿debo intentar animarla o es mejor no intervenir?
Es mejor no intervenir. Tendemos a olvidarnos de que no somos responsables de nuestras parejas. Puedes mostrarle apoyo, pero hay que ir con cuidado. Mucha gente da por sentado que debe encontrar soluciones para todos los problemas de su pareja, pero eso implica presuponer que sabes mejor que ella misma lo que le conviene.

Quizá tu pareja no necesita o no quiere que le busques soluciones. Es mejor limitarse a ofrecerle apoyo. Si quiere hablar de algo o expresar sus sentimientos, escúchala. A veces, “apoyar” significa simplemente dedicar a tu pareja una mirada determinada, pasarle el brazo por encima de los hombros o darle un beso.

Llevamos ya varias semanas confinados y parece que la cosa va para largo. ¿Crees que nos acostumbraremos a esto?
No. El cerebro está habituado a establecer conexiones con los demás. Muchas de esas conexiones han desaparecido y no es algo a lo que uno se acostumbre.

No es un mensaje muy esperanzador. ¿Crees que podremos sacar algo positivo de esta crisis?
Lo que estamos viviendo va a tener consecuencias tremendas comparables a las de una guerra. Potenciará el sentimiento de solidaridad de la gente y, cuando echemos la vista atrás, guardaremos buenos recuerdos de los momentos de lucha y resistencia. En esta crisis se han tomado medidas de mucho calado en muy poco tiempo. Todos somos responsables de eso. Todos hemos logrado cambiar nuestra conducta. Recordaremos, sobre todo, que juntos conseguimos superarlo.

Este artículo se publicó originalmente en VICE Países Bajos.