Este artículo fue publicado originalmente en Vice.
Una vez más comprobamos que nuestra relación con el alcohol es única. No existe nada ni nadie que nos haga perder la dignidad y hacer el ridículo tan bonito. Gracias a esta sustancia podemos compartir experiencias inolvidables y probablemente repetibles, desde vómitos, hasta peleas y sexo sin protección: porque en el amor, en la guerra y, al parecer en la peda, todo se vale, le preguntamos a nuestros amigos sobre sus peores pedas resumidas en seis palabras.
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Vomité mientras me daban un blow. – Dani, 30 años.
No recuerdo ni una puta madre. – Raz, 25 años.
Me dormí encima de mi vómito. – Dani, 25 años.
Se acabó el trago; ley seca. – Andrés, 55 años.
Deme una pastilla del día siguiente. – Arturo, 27 años.
Se me montó, y no funcionó. –Roy, 25 años.
Según yo era una bonita mujer. – Coki, 26 años.
Destrucción emocional-física, pero bien bailado. – Marce, 22 años.
Acapulco, adiós dignidad, moretones, cámaras, desgreñadero. – Sofi, 29 años.

Mi abuela me cambió de ropa. – Carlos.
Desperté en los separos en Puebla. – Joe, 25 años.
Vómito atorado en mis fosas nasales. – Marcela, 26 años.
Hice moonwalk en mi propio vómito. – Iván, 27 años.
Organicé una pelea masiva en Ceremonia. – Alejandro A., 29 años.
Vomité confundiendo el baño por recámara. – Daniel, 27 años.
«Obligué» a mi ex a besarnos. – Erika, 29 años.
Me vomité encima y me oriné. – Fernando, 25 años.
Me quedé dormido en el baño. – Víctor, 31 años.

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