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Cultura

Lo que las chicas deben saber sobre mear al fresco

Unos consejos para que echar una meada al aire libre no sea una odisea.
24.8.12

Cuando nos ofrecieron pases de prensa para otro festival al aire libre nos pusimos a hacer, seriamente, una lista de pros y contras. Estos festivales de música veraniegos que duran todo el día siempre son cosa de suerte: os puede tocar ver un grupo que os gusta entre otras 10.000 personas sucias y sudorosas, o puede que os lo paséis bomba. Si tenéis suerte, incluso podéis descubrir algún grupo que no sea una completa mierda, marearos un poquitín después de algunas (bastantes) cervezas y deshidrataros un poco y si tenéis mucha, mucha suerte, conseguiréis que os hagan una paja detrás de una carpa de propaganda de alguna ridícula marca de refrescos. Si no tenéis suerte, el escenario se caerá y os matará, o todo el festi se convertirá en un infierno.

Por supuesto, algo con lo que siempre podéis contar es que ir al baño será una odisea. Especialmente para nosotras, las chicas. Todo el mundo sabe que el problema que tienen las chicas con eso de mear en público –no solo en los conciertos– es que la cola del lavabo siempre es jodidamente quilométrica.

Es triste que algo tan natural y bonito como el acto de orinar se convierta en un inconveniente para las hembras, especialmente en un lugar donde todo el mundo está bebiendo continuamente y mear se vuelve inevitable. Sin embargo, lo que muchas de vosotras ya debéis saber es que las mujeres seguras de sí mismas se han estado escabullendo en los bosques para mear desde hace siglos y, chicas, ya es hora de que todas nos expongamos al mundo de las “meadas libres”. Considerad lo siguiente:

POLYKLYN MANDA
Para empezar, no abogo por la anarquía urinaria. Cuando pilléis un lavabo portátil Polyklyn, haced buen uso de él. Mead como si no hubiese mañana. ¡Qué diablos! Mead sangre si hace falta, vaciad vuestra copa menstrual, recolocaos los calcetines que lleváis en el sujetador, haceos un dedo, restregaos contra la taza del váter, lo que sea. Usad la privacidad mientras podáis y agradeced que no estéis en medio de una muchedumbre que solo se sabe la mitad de esa canción de Gotye pero aún así insiste en cantarla.

NO PASA NADA POR MEAR AL FRESCO
Las mujeres, en general, y especialmente las mujeres que han nacido y se han criado en ciudades, tienen mucho que aprender en cuanto a mear como Dios manda en el bosque. Y por “el bosque” me refiero a parkings, callejones, paradas de autobús, bancos y casi cualquier lugar público donde los tíos también mean frecuentemente. El mito de que las tías no pueden mear en la calle es obviamente falso. He aquí la verdad: para que una chica mee en la calle no necesita nada más que una vagina, piernas, un rincón privado que haga un poco de pendiente y una planta decorativa que la mire mientras se menea un poco para sacudir las últimas gotas. No hay nada en la anatomía femenina que no permita a las mujeres mear en la calle. Ambos sexos lo hacen diferente. Sólo eso.

LUGAR
Mientras buscáis vuestro lugar secreto, caminad con un objetivo fijo y no perdáis el tiempo. Buscad áreas bien protegidas que no estén muy lejos del camino. Los arbustos son ideales porque os podéis agachar y esconderos mientras hacéis lo que tengáis que hacer. Además, os permiten emerger rápido, de forma elegante y segura. Tres paredes de seguridad son lo mejor, pero solo con dos también os las podéis arreglar. Recordad que también podéis usar vuestra ropa como barrera, a veces es tan efectivo que os podéis construir vuestro propio compartimento. Las faldas son lo mejor para mear en la calle, pero los shorts también están bien. O, si sois muy guays, no llevéis ni bragas.

TÉCNICA
Venga, chicas, ¡a hacer glúteos y cuádriceps! Doblad las rodillas, bajad el culo y, voilà! Agachaos tan cerca del suelo como podáis para minimizar el efecto spray y el ruido. Un último consejo, y este es importante: apuntad lejos de vuestros pies.

LIMPIAOS
Haced un poco de efecto epilepsia y sacudíos. No demasiado violentamente, ¡si no os caeréis para atrás! Si eso os hace sentir incómodas o inseguras, intentad cogeros a alguna rama, ¡pero vigilad que no sea nada venenoso! Si os habéis meado los pies, simplemente restregadlos un poco contra algo absorbente. Si no encontráis nada, igualmente ya se habrá secado mientras buscabais, así que ya está. Ahora haced como que no ha pasado nada. Es vuestro pequeño secreto.

EL BAÑO DE LOS CHICOS
Mi filosofía personal sobre el pipi y la libertad es que orinar es biológicamente necesario, y mientras me siga comportando razonablemente y con un respeto genuino, ningún puto letrero va a conseguir que no entre en un váter, sea cual sea, cuando me estoy meando. Si no hay cola en el baño de los chicos y sentís que vuestra uretra está a punto de explotar, haced el favor de no ser autodestructivas solo por no pasar un poco de vergüenza. Una vez dicho esto, el baño de los chicos sólo es una opción cuando los que te rodean no son violadores. ¿Qué cómo lo sabréis? Pues supongo que deberéis tener fe en la raza humana. Después de eso, ya es cuestión de suerte.

MEAR EN PÚBLICO Y LA LEY
Los países del primer mundo, como el nuestro, tienden a creer que los países del tercer mundo lo tienen chungo en lo que se refiere a la libertad personal, pero en realidad, ellos tienen bastante más libertad que nosotros. Imaginad la sensación de independencia que se siente al bajarse los pantalones en medio de la calle y cagar donde y cuando a uno le dé la gana. En los Estados Unidos, sin embargo, vivimos en una sociedad controlada por la policía, la cual impone que orinar en público es vergonzoso, sucio y asqueroso. Los polis ponen multas por orinar en público cada dos por tres, debido a que es “obsceno”, y eso es una verdadera pena porque, a menudo, mear en público es una necesidad, no un placer. No tenéis que haberos graduado en derecho para saber que está mal que vuestro gobierno haga que una necesidad humana sea ilegal. En el Reino Unido, un juez ordenó recientemente que orinar en público no es una molestia pública si nadie lo ve, lo cual parece no sólo razonable sino también bastante guay. Lo que deberíamos practicar es el respeto. Respeto hacia nosotros mismos y hacia las meadas. Jo, creo que tomé demasiadas drogas el finde pasado.

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