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Desconozco cuál es la situación para la novela criminal contemporánea, pero sí he visto, en librerías generalistas, palés de inmundicia en pasta dura, folletines oportunistas, desvirtuados y de serie zeta...

VICE Staff

VICE Staff



REINA DEL CRIMEN
Megan Abbott
Valdemar/Es Pop


Desconozco cuál es la situación para la novela criminal contemporánea, pero sí he visto, en librerías generalistas, palés de inmundicia en pasta dura, folletines oportunistas, desvirtuados y de serie zeta, copando las secciones populares desde hace ya demasiados años. Por ello resulta refrescante toparse con una obra humilde pero respetuosa, de narración tan pulcra y armada desde el amor como esta Reina del crimen, un noir blanco al que se le verá el cartón retro si se le quiere ver, pero que, pese a su opción “de época” y a su voluntad de dulce homenaje a los hombres que son y han sido en el hardboiled, no deja de funcionar como auténtica, pura y fibrosa literatura de evasión. La historia es la de una señora culebra, superviviente de la era dorada del hampa, que nos es replicada en la voz de una trepa a la que acaba de tomar como protegida. La propuesta de Megan Abbott triunfa en ese desplazamiento de tópicos tan sencillo que es hacer mujer a su protagonista, y así el traspié más a mano habrá de ser una figura masculina sin que ello implique renuncia al estereotipo de la fatale, eje de la trama que en lugar de horma de zapato será aquí modelo de conducta, ama, señora y madre platónica de la joven castora protagonista, quien al tiempo que aprende el oficio nos irá narrando el manual según sus intuiciones y debilidades, solapando con su talento para la violencia y el tejemaneje la leyenda de su tutora, mientras ésta va abocándose a un ocaso que no es más que relevo y celebración de un matriarcado en sesión continua. Reina del crimen es una historia de gallinas perdiendo pie y tocando fondo, tocando fondo y perdiendo pie, estupendamente gestionada, dinamizada y coloreada, lírica a su pesar porque lírica fue siempre la novela negra (más cuanto más se despojó de sí misma) y capaz de transitar lugares comunes del género sin prebendas de postmodernidad, retornándoles al paso la intensidad y el trapío que el curtido de la costumbre nos venía escatimando.

RUBÉN LARDÍN



NEÜ SEX
Sasha Grey
Vice Books


Teclea “Sasha Grey” en redtube.com y aparecerán los siguientes vídeos: Sasha Grey es la reina de las esclavas sexuales, Sasha Grey tan traviesa como nos gusta, Sasha atragantándose, Sasha Grey follada por el culo, y un largo etcétera. Que es (era) una estrella del porno, vamos. Y eso, por sí mismo, es motivo de celebración. En una época en que la gente decía que era imposible que volvieran a surgir figuras como Jenna Jameson y Lucía Lapiedra debido a la naturaleza ubicua y libre de la pornografía online, Sasha se ha hecho un nombre, tanto en los círculos del porno como, hasta cierto punto, en la cultura mainstream. En 2009 protagonizó la película de Steven Soderbergh The Girlfriend Experience, y ahora publica en Vice Books un libro de sus propias fotografías. Neü Sex es Sasha documentando su vida entre 2006 y 2010 a través de 192 páginas de fotos digitales tomadas en habitaciones de hotel, fiestas y, sí, rodajes porno. Si estás esperando alguna clase de revelación de un talento oculto à la McGinley o Nan Goldin, entonces quizá te lleves un chasco. Éstas son exactamente la clase de fotos que las chicas de veintitantos hacen a diario en todo el mundo. En algunas se parece a Boxxy (antes de que se pusiera gorda). Ojeando las fotos de ella poniéndose un tampón, posando con ropa fetish o meando en la calle, te haces a la idea de que la chica que sale en estas fotos podría ser cualquiera. Lo cual, si lo piensas bien, es exactamente la dialéctica de la pornografía gonzo. Ver vídeos en redtube supone siempre ver a tu vecina, tu novia, tu madre. Sin embargo, al presentarse como arte, Neü Sex se coloca en otro nivel. Sasha Grey podría ser cualquiera, tiene un vicio que no se (lo) aguanta, e invitándote a verla de esa forma se convierte en alguien indudablemente único.

PS GEDDIS



AMAZING MONSTERS #8
VV.AA.
autoedición


El aficionado al cine de miedo siempre ha sido irreductible, nieve o truene, y este fanzine, todo él cita y nostalgia, está aquí para dar fe de ello. Amazing Monsters está dedicado no tanto al cine de terror como a la apología pura y dura de esa militancia, al fandom mismo como concepto y más en concreto al que loa los 80, década a la que dedican artículos, sentimentales y de atractivo, como los que desgranan las explotaciones de Alien o el censo de intérpretes enanos que han hollado el género, y otros, bien chiflados, como el que repasa las películas que han ofrecido en sus fotogramas alguna picha en stop-motion. En cuanto a temas de actualidad se limitan a dar recado de lo que la tropa de amateurs y otros integristas del cine fantástico parroquial van facturando, sea un documental sobre la Troma, una homilía o un corto de domingo. Abren su editorial con un “Bienvenidos, queridas alimañas del infierno”, dejando claro que tienen la cabeza instalada en otros tiempos, que madurar para qué y que a tope con la tontería. Muestran una querencia enfermiza por el verde Herbert West, no son enciclopédicos pero explotan la vena completista que caracteriza la subespecie, gastan prosa regulera, incluyen varias páginas de historieta, infames todas, y se tienen a sí mismos como público objetivo. Qué más: Supersonic Man, Los Cazafantasmas, recuerdo a Víctor Israel, videojuegos de 8bits y de pronto un título de los 60, El pueblo de los malditos. Con éste llevan ocho números pegando la hebra y cada uno sale a 3 euros. Puede conseguirse escribiendo a chaparraentertainment@gmail.com.

RUBÉN LARDÍN



DESPUÉS DEL ROCK
Simon Reynolds
Caja Negra Editora


Reynolds es tan rematadamente brillante que el simple hecho de releerle casi me ha hecho olvidar el ejército de necios imitadores que ha alumbrado durante los últimos 20 años. Ya en los primeros compases de esta antología de artículos y ensayos—bajo el subtítulo de “Psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas” y, por primera vez, traducidos al español—, él es el primero en admitir que lo que le sedujo a la hora de meterse a crítico de rock fue el tono mesiánico y megalómano de escritores anteriores como Paul Morley, Barney Hoskyns o Lester Bangs. El gustirrinín de sentirse profeta y de fardar, vamos. Pero el suyo es un claro caso de “el que sabe, sabe”. Y si raja del “fascismo de la imagen” de Madonna citando a Georges Bataille, o si describe un tema de Pink Floyd como “una regresión hacia el útero, un nivel de conciencia subatómica”, luego te explica el por qué y el muy cabrón te convence (o, por lo menos, te obliga a darle un par de vueltas al asunto). Yo es que no puedo evitar imaginármelo a lo Will More en Arrebato, buscando el éxtasis convulsivo, el frenesí eróticopilluli en el bouquet de un eructo de Mark E. Smith.

SANTIAGO SALVADOR



EL REINO DE LOS ZOMBIS
Len Barnhart
La factoría de ideas


¿Hartos de la zombixploitation? Porque yo sí. Zombis en el cine, en la televisión, en el comic, en las revistas, en los periódicos, en los festivales, en la sopa... Arrastrando los pies, los brazos extendidos, gimiendo lastimeramente que los dejen en paz de una puñetera vez, que ya los han exprimido bastante y ahora hasta los hacen correr. Las ubres de los cadáveres reanimados están vacías y aún así se las sigue muñendo, a ver si cae una última gota de pus; si yo fuera un muerto viviente, que por las mañanas casi, me declararía en rebeldía. En 2011 hasta el informático de la empresa y la responsable de recursos humanos se disfrazan de zombis en carnaval, tope original tú, y en este contexto gastado y adocenado mucho me temo que El reino de los zombis pase, por acumulación, desapercibido; cosa injusta pues se publicó originalmente en 2001, dos años antes de la célebre guía de Max Brooks que encendió la mecha del bouffet libre zombi de los últimos años. Y porque además es una novela divertida, de las de no comerse el coco, narrada en tercera persona y no en primera —qué alivio—, lineal para bien, poblada por personajes monocromos menos atentos a sus devenires emocionales y a elucubrar desencadenantes de la plaga que a vigilar por dónde vendrán los próximos dos mil monstruos. La historia es la que es: hay estallido zombi y los supervivientes tienen que defenderse de los muchos muertos y de algunos vivos. C’est tout, pero Barnhart lo cuenta con prosa ágil, sin floripondios, cinematográfica: este tío ha visto, y estudiado, muuuuuchas películas de acción, y se nota. ¡Esas sinergias ahí, Len!

J-BRO



LOS PRACTICANTES DEL ESPANTO
Pierre La Police
Editor Esteban Bernatas


Me leí este cómic, conteniendo carcajadas, en un viaje en tren hace dos semanas y no me veo capaz de siquiera esbozar algo parecido a una sinopsis. ¿Cómo coño explico de qué va Los Practicantes del Espanto? Digamos que se trata de una trastornada sucesión de situaciones viva-la-virgen y de chascarrillos surrealistas a costa de Chris y Porfirio Themistecles, dos gemelos mutantes e imbéciles de barbilla prominente que, con la ayuda de Fongor, un bicharraco con lamparones corporales a lo Rorschach meets Fraga, investigan dos misteriosos casos: uno es el de un villano que, mediante una gaita llena de pus, mata a todo quisque en un congreso de medicina para agenciarse una vacuna con la que dar vida a un superornitorrinco. El otro caso va de unos caballitos de mar alienígenas que roban uranio y fibra de vidrio y, no sé muy bien cómo, le cae la del pulpo a Pavarotti y… veis por donde van los tiros, ¿no? Aquí lo importante es que Esteban Bernatas se ha liado la manta a la cabeza y ha publicado, por primera vez en castellano, las chaladuras de Pierre La Police, francés al cual resulta muy difícil seguirle la pista, a pesar de haber sido editado por casas como Item o Cornelius. ¡Un aplauso ya mismo!

SANTIAGO SALVADOR