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Cultură

En España no existe la mafia. Para eso tenemos a los políticos.

La ficción imita a la realidad en "Crematorio"

Destapada esta semana, la trama relacionada con el ex alcalde de Lloret de Mar se añade a la infinita lista de escándalos de corrupción que han poblado las páginas nacionales desde que en 2006 comenzara el famoso Caso Malaya. Cada vez sorprenden menos. La opinión pública, en lugar de volverse más beligerante ante la reincidencia de un fenómeno, se desensibiliza. Es como si leyéramos la misma noticia una y otra vez; ya no nos importa. Me ocurrió en México con las portadas sensacionalistas que muestran cabezas decapitadas en portada: la primera vez se me revolvieron las tripas, al cabo de un par de meses eran rutina.

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A veces, la única forma de volver a dar visibilidad a fenómenos que han dejado de impactarnos porque se han convertido en algo natural es llevándolos al plano de la ficción. Es una función que podríamos atribuir a Crematorio, la serie inspirada en la novela homónima de Rafael Chirbes. A lo largo de sus 8 capítulos (con intro y estética a lo HBO y música de Loquillo), la serie disecciona las entrañas de la burbuja inmobiliaria (sus constructores millonarios, los políticos corruptos, los mafiosos rusos) y el comienzo de su declive.

De hecho, los guiños a casos reales en la España de los últimos 10 años son muchos. Ahí van algunos de los más llamativos.

Rubén Bertomeu es un constructor que a lo largo de su vida, cometiendo toda clase de delitos –desde quema de bosques para la recalificación de los terrenos hasta tráfico de drogas–, se ha hecho con el control del ficticio pueblo de Misent, en la costa alicantina. Mantiene su emporio gracias a funcionarios y políticos corruptos (alcaldes y concejales de urbanismo bajo soborno).

Fútbol y fusiles

Claro, una serie de siglo XXI no es un serie si no hay mafiosos, y este papel lo desempeña aquí la mafia rusa. Su cabecilla, Traian, se dedica simultáneamente a los negocios de la prostitución y el fútbol; al parecer, nuestro deporte más popular ofrece muchas oportunidades de hacerse rico al margen del ley.

En 2006, junto a la querella contra Julián Muñoz, la Fiscalía Anticorrupción se personó contra José María del Nido, presidente del Sevilla, por presuntos delitos contra la ordenación del territorio, prevaricación, fraude y malversación de fondos públicos. También el ex presidente del club, José María González de Caldas, fue detenido en la tercera fase del Caso Malaya.

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Toros y trapicheos

El mundo de los toros también está presente en Crematorio; se relaciona explícitamente con Rubén Bertomeu cuando soborna a un enfermero con la promesa de presentarle a Enrique Ponce y, de forma tangencial, a través del tema de la crueldad animal. El capítulo 2 comienza con una discusión de sobremesa en torno a la caza que relaciona a Bertomeu con el tufillo rancio de las cacerías tipo La escopeta nacional, donde, precisamente, se reunían políticos y empresarios para cerrar negocios lucrativos. Además, mediante un flashback en el que descubrimos que utilizaba caballos para transportar cocaína de México a España, el maltrato animal vuelve a la metáfora para decirnos: Bertomeu es un hijo de puta sin escrúpulos.

Corruptos de corazón

Perdonadme por la digresión postmoderna (sé que es miércoles y estáis cansados) pero sería interesante establecer un paralelismo entre cómo seguimos la serie a través de la figura de Bertomeu y cómo siguieron el Caso Malaya gran parte de los españoles a través de los medios sensacionalistas. Que figuras conocidas de la prensa del corazón como Julián Muñoz y la Pantoja formaran parte de la trama, así como el tratamiento informativo que realizaron estos medios sobre el proceso judicial, hizo que muchos espectadores, como ocurre en la serie, siguieran la historia a través del filtro de los implicados.

El bienintencionado hijo de puta

La visión del actor José Sancho sobre el personaje que interpreta es significativa: “Es alguien que piensa que el futuro de esa zona está en sus manos e intenta transformarlo para su bienestar y el de los suyos. Dará trabajo a mucha gente y, por el camino, algunos se llevarán su parte”. ¿Alguien más oye aquí ecos de Camps o Fabra?

Por otro lado, el modo en que el actor defiende a su personaje (“No estoy diciendo que sea un santo, sino que es uno de tantos”) se parece mucho a la manera en que los españoles han perdonado a sus políticos corruptos. “Es uno de tantos”, “Todos son iguales”, “Cualquiera que llegue al poder hará lo mismo”. Pero simpatizar con Bertomeu en Crematorio no conlleva ningún futuro peligro de ser juzgado como hipócrita por una periodista en un medio online; en la serie, la línea argumental se encarga de poner a cada uno en su sitio, con el toque de dramatismo necesario. A diferencia del mundo real, existe eso que pomposamente llamamos “justicia poética”.