Cultură

Cuando detuvieron a Álvaro Cepeda Samudio por confundirlo con el Che Guevara

"Alvarito no es el Che pero se viste como el Che, se peina como el Che y su cara es exacta a la del Che".
30.3.16

Todas las fotos aparecieron originalmente en los números 51, 52 y 53 de la revista Huellas. En un homenaje a Cepeda Samudio.

En 1967 el Che Guevara era el tipo más buscado del continente (¿del mundo, probablemente?). Había estudiado medicina, viajado en moto por Latinoamérica, peleado en la revolución cubana, arengado en un atril de las Naciones Unidas, servido de modelo para una foto icónica, conversado con Sartre y de Beauvoir, peleado en el Congo y Bolivia: su figura, como podía esperarse, era mundial.

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Una semana antes de que lo mataran en Bolivia, a finales de septiembre del 67, un policía tolimense recién trasladado a la costa caribe colombiana pensó que había dado con el guerrillero de la boina en la "Y" de la carretera hacia Puerto Colombia, Atlántico. Era un golpe de suerte que no podía desaprovechar. El policía, altivo, le pidió al sospechoso que se bajara de su jeep y que le mostrara sus papeles.

El sospechoso, ofuscado por el trato, se negó.

El policía, ultrajado en su autoridad, se irritó. (Como cuando cualquier policía, al sentirse irrespetado, echa mano del clásico argumento policial sobre irrespeto a la autoridad).

Lo requisó a él y a sus acompañantes: todos presuntos subversivos.

El policía del Tolima ––teniente Pinzón–– decidió cargarlos a todos y llevárselos para el DAS.

––No disimule su acento "Che", que lo he reconocido. ¿Por qué se afeitó la barba? No intente resistencia porque lo dejo como un colador–– dijo el teniente.

El otro le respondió:

––Yo y mis amigos hemos escrito los mejores libros de América, hemos pintado los mejores cuadros, hemos hecho los mejores diarios. ¡No sea bruto!

No hubo forma. El teniente se llevó al presunto guerrillero y a sus acompañantes para el DAS: había que comprobar su identidad (nota: son las instituciones estatales las que saben la identidad del sujeto, no el sujeto). Para sorpresa de todos ––incluido el teniente y los mismos sospechosos–– las huellas dactilares no coincidían con las del legendario guerrillero.

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Al parecer el incriminado no era ningún subversivo.

De hecho no lo era.

Álvaro Cepeda Samudio era por entonces editor del Diario del Caribe.

Un lunes de octubre de 1967 apareció una breve nota en el diario El Nacional que daba cuenta de todo esto. Se titulaba "Confundieron al 'editor' Cepeda con 'Che' Guevara". La firmaba Tip-Top, seudónimo del periodista Julián Devis Echandía, fundador del diario El Nacional del que Cepeda Samudio fue columnista y editor 14 años antes.

La crónica, jocosa, por demás, narraba los incidentes de esa tarde de sábado en la que Cepeda Samudio iba con unos amigos para darse un baño y meterse sus tragos cuando un policía por despiste (o sevicia) confundió al periodista por el guerrillero.

El autor ––o sea Tip-Top, o sea Devis Echandía–– le achacaba a la pinta desparpajada del periodista la razón por la cual lo detuvieron y acusaron de subversivo. "Alvarito no es el Che pero se viste como el Che, se peina como el Che y su cara es exacta a la del Che".

Y describe su particular modo de vestir en la Barranquilla de los años 60: unas sandalias sin medias, un pantalón de dril kaki y una camisa de la misma tela, como toda vestimenta. Al peluquero no lo visita sino cada seis meses y no puede ver la peinilla ni en pintura. Entre los dientes, del lado izquierdo, sostiene un tabaco estilo Fidel Castro.

Devis Echandía ––Tip-Top–– remata la crónica con una breve nota que hubiera podido escribir el mismo Cepeda Samudio en caso de que el sospechoso sí fuera el mismísimo Che.

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Esta habría sido:

¿Cómo es posible que ese sargentón de la "ye" hubiera dejado al "Che" Guevara, cuya captura es la tranquilidad de América, confundiéndolo con un intelectual de mi categoría? De manera que por el peinado, la cara, la vestimenta, las zandalias, todo, hasta mi tabaco, sea igual a los del "Che"…yo voy a ser el "Che" o para mejor, el "Che" sea el intelectual escritor y novelista y yo el guerrillero? Ese Sargentón debe ser juzgado y ejecutado por traición a la patria.

Por último, Tip-Top aclara que ya los periodistas decidieron marcar a Cepeda Samudio con una cruz roja en la frente para distinguirlo del "Che" de Fidel Castro.

¿Una anécdota de cuento de hadas? ¿Muy estrambótico para ser cierto? ¿Un simple chascarrillo entre colegas?

Quizás. Quizás no.

A fin de cuentas, como recordaba Mario Jursich en un artículo hace ya unos años: "buena parte de lo que hizo Cepeda surge de la tradición oral, de la pura chismografía callejera, y por lo tanto es imposible saber si fue cierto o es sólo un invento sabroso y feliz de la mala memoria".

Entre Cepeda y el Che, Santiago se queda con la pluma del uno y la boina del otro. Lo encuentras acá.