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Los 43 que faltan

El legado de las guerrillas en Ayotzinapa

¿Cómo siguen activas las guerrillas en Guerrero hoy en día y qué tan probable es que surja una revolución gracias al movimiento de protesta entorno a los sobrevivientes de Ayotzinapa?
9.12.14

Cutberto Ortiz de 22 años de edad es hijo de Óscar Ortiz. Cutberto es uno de los normalistas que desaparecieron el 26 de septiembre de 2014 durante el ataque de la policía en el estado de Guerrero. Óscar, al igual que los padres de los otros 42 estudiantes desaparecidos, siente furia, frustración y dolor.

No obstante, Óscar ya tenía una conexión histórica con esta tragedia que está ligada a la pregunta clave sobre el futuro del movimiento actual de protesta en Ayotzinapa.

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Ortiz es primo del difunto Lucio Cabañas, líder guerrillero que murió en un enfrentamiento con el ejército mexicano en 1974. La CIA consideraba que esa guerrilla era la más importante en México durante esa época. Esto significa que uno de los 42 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa es familiar de Lucio Cabañas. Para Ortiz es imposible ignorar este paralelismo tan doloroso.

Cabañas fue asesinado por enfrentarse a las fuerzas estatales debido a las injusticias y la violencia contra la población pobre de Guerrero. Ortiz dedujo que el estado atacó y desapareció a su hijo por la misma razón que atacó a su primo hace cuarenta años.

"Estamos hartos, los papás de los otros muchachos también y de los que vivimos aquí, son años de ser lo mismo" dice Óscar Ortiz vía telefónica a VICE News.

"Si Lucio estuviese vivo, aquí ya se hubiese hecho la Revolución", añadió Ortíz.

Los movimientos guerrilleros activos a mediados del siglo 20 en México con frecuencia son fragmentos olvidados en la historia de la nación. Los libros de historia no los mencionan a pesar de que todos están conscientes de los conflictos armados en el campo y en la ciudad como las masacres y las desapariciones a manos del Estado, y los secuestros de banqueros y políticos a manos de la guerrilla.

Sin embargo, el tema ha vuelto a llamar la atención del publicó después de la desaparición y posible masacre de los normalistas de Ayoztinapa. Lucio Cabañas estudió en Ayotzinapa, se volvió un líder destacado en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México y después se levantó en armas en 1967.

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¿Pero cómo siguen activas las guerrillas en Guerrero hoy en día? ¿Y qué tan probable es que surja una revolución gracias al movimiento de protesta en torno a los sobrevivientes de Ayotzinapa?

Hace unos días, "Ángel", líder estudiantil de tercer año en la Escuela Normal de Ayotzinapa que proporcionó un nombre falso para mantenerse en el anonimato, permitió que el equipo de VICE News lo acompañara a un patrullaje de seguridad que le asignó la escuela.

El consejo estudiantil es el que gobierna la Escuela Normal de Ayotzinapa y no los trabajadores escolares. Por lo tanto, el acceso está muy controlado.

Los estudiantes sólo permiten que la prensa tenga acceso a la sección administrativa central de la escuela. Las demás secciones están restringidas para la prensa, por ejemplo en la que guardan los víveres (muchos de ellos obtenidos de los camiones repartidores de grandes empresas) o donde estacionan los autobuses que utilizan para trasladarse a las protestas.

Unas horas después, Ángel admitió que desde "hace casi un año" tiene contacto con los algunos miembros del grupo guerrillero del estado de Guerrero llamado Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente, también conocido como ERPI.

El ERPI se formó en 1998 como una escisión del EPR, que surgió en 1996.

Otros dos líderes estudiantiles que estaban presentes durante la entrevista se negaron a que los nombráramos pero no contradijeron la declaración de Ángel. "Aquí andan, ¿a poco crees que los vas a ver armados y esbozados como en las noticias", dijo Ángel, entre risas.

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Ángel dice que los integrantes del ERPI, del cual no existe un número aproximado de miembros activos, han tenido acercamientos con él y otros compañeros en un marco de "respeto y para compartir ideas y posturas sobre la lucha de las clases". Nada más, aseguró Ángel.

¿Un legado vivo?

El Centro de Documentación de los Movimientos Armados, cuya sede se ubica en España, afirma que existen al menos cuarenta grupos guerrilleros insurgentes activos en México. En el estado de Guerrero, hay presencia de diez de ellos, aunque sólo el Ejército Popular Revolucionario (EPR), las Fuerzas Armadas Revolucionarias Liberación del Pueblo y el ERPI se han pronunciado por el caso de los normalistas desaparecidos.

Ninguno de estos grupos opera hoy en día como lo hacían los movimientos guerrilleros de generaciones anteriores.

Ninguna de las dos agrupaciones lleva a cabo acciones violentas o armadas en concreto, como sí lo hicieron por los derechos de los indígenas los integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994. La mayoría de los grupos guerrilleros de Guerrero emiten comunicados o publican videos en YouTube. En ambos casos, es difícil comprobar su autenticidad.

Sin embargo, las guerrillas en contra de las instituciones del gobierno florecieron entre las décadas de los sesenta, es especial después de la masacre de Tlatelolco en 1968. Este florecimiento de guerrillas produjo el surgimiento de tácticas militares represivas paramilitares en una campaña que los historiadores llaman La guerra sucia.

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El líder guerrillero llamado Genaro Vázquez Rojas, una de las personalidades más decisivas de esta época, también era originario de Guerrero, un estado impregnado de historia revolucionaria. A medida que pasan los días sin saber el paradero de los estudiantes desaparecidos, el sentimiento opositor vuelve a arder en el estado de Guerrero.

La Escuela Normal de Ayotzinapa se ha vuelto un núcleo de actividad de protesta por los ataques de Iguala. No se han impartido clases en semanas porque los estudiantes han estado asistiendo a las protestas.

En los últimos dos meses VICE News ha documentado ataques a las oficinas de los partidos políticos, a la sede del congreso local y a la casa del gobernador en Guerrero. Los manifestantes también han bloqueado las autopistas federales, han tomado casetas de cobro e incluso cerraron durante algunas horas todos los puntos de acceso al aeropuerto internacional de Acapulco el pasado 10 de noviembre.

Estos actos son perpetrados en su mayoría por maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG), organizaciones campesinas, algunos normalistas y otras organizaciones.

La quema de las oficinas de gobierno en Guerrero junto con los ataques con bombas molotov al Palacio Nacional en la Ciudad de México han generado controversia en una parte de la sociedad civil que los califica de vándalos o hasta guerrilleros encubiertos que intentan "desestabilizar", dicho en las palabras del presidente Enrique Peña Nieto.

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El lunes pasado, la unión de maestros clausuró simbólicamente las oficinas del Instituto Nacional Electoral (INE) en Chilpancingo, la capital de Guerrero. Los asistentes aseguraron que no permitirían las elecciones en Guerrero para el año 2015.

La guerrilla que no es guerrilla

Tras graduarse de la Escuela Normal de Ayotzinapa en 1962, Lucio Cabañas trabajó como maestro y luego participó en las luchas por los derechos de los campesinos a sus tierras en Guerrero.

En 1967, Lucio Cabañas formó el Partido de los Pobres para dar cabida a las exigencias de los campesinos y mediar así con un gobierno brutal y corrupto.

El ERPI surgió como una escisión del EPR en 1998 luego de que agentes de la policía de Guerrero, detuvieran y asesinaran a trabajadores de la agrupación.

Después del ataque por parte del Estado en contra de los maestros en mayo de 1967, en Atoyac de Álvarez, Cabañas huyó a la Sierra al Sur de Guerrero. Como resultado, autoridades y paramilitares atacaron, desaparecieron y torturaron a los civiles que presuntamente sabían su ubicación. Para ese entonces, la Agencia Central de Inteligencia de EU ya estaba tras Cabañas y fue clasificado como un criminal aun más peligroso después de secuestrar a Rubén Figueroa, senador y posteriormente gobernador de Guerrero.

Lucio Cabañas fue asesinado el 2 de diciembre de 1974 durante un enfrentamiento con militares en El Otatal, un muncipio de Tecpan de Galeana. Aunque otras versiones apuntan a que Cabañas se dio un tiro antes de que lo capturarán.

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Los actos de la guerrilla "eran agresivos, nada comparados con tomar una caseta o prender fuego a un ayuntamiento, como lo hacen ahora los normalistas", dice Fernando Pineda, ex integrante del Movimiento Armado Revolucionario, quien habló con VICE News en un pequeño departamento del centro de Chilpancingo al que apenas entra la luz del día.

Pineda Ochoa pasó seis años en la cárcel de Lecumberri luego de ser detenido en 1971 por el ejército, y pasar un mes de tortura en las oficinas de la extinta Dirección Federal de Seguridad. El gobierno lo encarceló a él y a 16 de sus compañeros por los delitos de secuestro, asociación delictuosa, conspiración, acopio de armas y asaltos con violencia.

"En la guerrilla hay estrategias y la línea es la violencia, nosotros matábamos policías, secuestrábamos gente, empresarios, como cuando secuestramos al cónsul norteamericano; tomábamos bancos, nosotros íbamos por la lana, era dinero que usábamos para comprar armas y hacer propaganda", dijo Fernando Pineda Ochoa a VICE News.

El reclutamiento, según Fernando Pineda se daba en las escuelas cuando las agrupaciones acudían a las universidades y "se analizaban las ideas del socialismo como Juventud Comunista y ahí invitaban a los estudiantes a unirse a su movimiento o por lo menos acompañar la lucha de los grupos que se levantaban en respuesta a lo que ocurría en el mundo por el periodo de la Guerra Fría".

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La ira hoy de la familia del desaparecido Cutberto, la del resto de los normalistas y las de cientos de ciudadanos que han salido a las calles ya no es por la opresión del gobierno, como sí la fue en la década de los setenta. Los mexicanos se han manifestado por la colusión del crimen organizado con las autoridades y que en conjunto desaparecen personas, las asesinan o las detienen de manera injustificada. Las familias de los normalistas no han desechado la idea de tomar las armas.

El ex guerrillero Fernando Pineda Ochoa cree en la posibilidad de una insurgencia civil, pero no así la acción de una guerrilla como tal. "Estos son otros tiempos, el discurso comunista ha cambiado", dijo. "El ejército es infinitamente superior a los jóvenes normalistas, pero también el crimen organizado y mucho peor si actúan juntos".

Fernando Pineda ha vivido las dos etapas en la historia de Guerrero y asegura que los acontecimientos de los últimos meses no corresponden a una acción guerrillera pues afirma que esta "ya no es lo mismo en Guerrero, pues la guerrilla está totalmente desactualizada, desvirtuada y debilitada" aunque no descarta que la base intelectual siga ahí, entre las protestas, las marchas y los estudiantes.

Un mural del Subcomandante Marcos en la Escuela Normal de Ayotzinapa. Foto por Hans-Maximo Musielik).

Las guerrillas de hoy

El ERPI surgió como una escisión del EPR en 1998 luego de que agentes de la policía de Guerrero detuvieran y asesinaran a trabajadores de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, a quienes vinculaban con la guerrilla, cuando estos se dirigían a un mitin en la población de Atoyac de Álvarez.

Sobre la desaparición de los normalistas, el EPR ha emitido diez comunicados donde condenan los hechos y exige la presentación con vida de los estudiantes. El ERPI también hizo pública su postura por medio de un boletín emitido el pasado 17 de octubre y de un video, del cual VICE News no pudo confirmar su autenticidad.

En el comunicado, el ERPI advierte al "régimen que será responsabilizado de cualquier acto de represión y persecución que cometa contra las y los estudiantes, maestros, comunidades y organizaciones que se están movilizando, los organismos defensores de derechos humanos, los presos y ex presos políticos y los periodistas que defienden del derecho del pueblo a exigir justicia y a protegerse del terror de Estado".

El ERPI también señala que "no es una organización que se involucre en conflictos entre cárteles del narcotráfico o entre grupos de la delincuencia organizada".

Ángel, el estudiante de tercer año de la Escuela Normal, asegura que el contacto con los miembros del ERPI es discreto y más sencillo de lo que se cree. "La gente del ERPI no siempre anda en la montaña, son tan normales como nosotros, como tú y como yo, no más que no pueden andar tapados, es como los que hacen lucha libre. ¿A poco sabes tú que son luchadores si los ves en la calle?"