Cultură

¿Por qué hay hombres que matan a sus madres?

Matar a tus padres es una desviación tan abrupta de la idea universal de que debemos celebrar nuestros padres, sobre todo en este, el día de las madres, cuando todo el mundo recuerda que tiene madre.
10.5.16

Norma Bates de 'Psicosis', vía Paramount Pictures.

En agosto de 1989, el ejecutivo de entretenimiento José Menendez recibió un disparo en la nuca mientras estaba acostado tranquilamente en un sillón de su mansión en Beverly Hills. Su esposa, Kitty, se había quedado dormida a su lado y se despertó por el ruido de los disparos. En un vano intento sobrevivir, salió corriendo al pasillo pero una bala alcanzó su pierna, se resbaló con su propia sangre, se cayó y siguió arrastrándose hasta que le dispararon en el pecho. Después, los asesinos le dispararon diez veces en la cabeza y la golpearon hasta destrozarle el cráneo. Más tarde se reveló que José y Kitty Menendez fueron brutalmente asesinados por sus dos hijos: Lyle Menendez de 21 años de edad y Erik Menendez de 18 años de edad.

Los incidentes de parricidio —matar a tus propios padres— siguen fascinando tanto a los sicólogos como a los criminólogos y al público en general. Matar a tus padres es una desviación tan abrupta de la idea universal de que debemos celebrar a nuestros padres, sobre todo en este, el día de las madres, cuando todo el mundo recuerda que tiene madre. No obstante, según el FBI, en el 26 por ciento de todos los casos de homicidio en el que se conoce a los autores, la víctima muere a manos de un miembro de su familia. Y un informe del Departamento de Justicia estadounidense de 2011 reveló que los asesinatos cometidos por los hijos de la víctima van en aumento si se compara el 9.7 por ciento de los homicidios familiares en 1980 con el 13 por ciento en 2008. Esto significa que el parricidio es el tipo de homicidio familiar que crece con mayor velocidad.

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Lyle y Erik confesaron haber asesinado a sus padres inmediatamente. Por lo tanto, su juicio se enfocó en la razón del asesinato y no en saber si eran culpables o no. La defensa afirmaba que los jóvenes se vieron forzados a matar a sus padres por los años de abuso emocional y sexual a manos de su padre, en el cual también participaba su madre alcohólica. La fiscalía negó el abuso e insinuó que los hermanos mataron a sus padres para quedarse con la fortuna de su padre. El juicio se convirtió en un espectáculo público y el público lo seguía como si fuera una telenovela.

La mayoría de los amigos de Lyle y Erik no dudaban del supuesto maltrato de su padre, José, pero la defensa enfrentaba un problema considerable: aunque Kitty no era la madre perfecta, no existía evidencia de que hubiera hecho algo como para que sus hijos quisieran matarla, en especial de una forma tan cruel. Lo más sorprendente, según los que conocían a la familia, era que tanto Erik como Lyle eran muy cercanos a su madre.


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William Vicary, un siquiatra forense que trató a los dos hermanos cuando los detuvieron por cargos de asesinato, me dijo que las primeras veces que vio a Erik, "todo lo que hacía era decirme lo maravillosos que eran sus padres, lo increíble, brillante y exitoso que era su padre y lo tierna y dulce que era su madre". Uno de los policías que participó en el caso también me dijo que durante la investigación, encontraron grabaciones de conversaciones telefónicas entre Lyle y Kitty que duraban hasta tres o cuatro horas. Si toda la gente cercana a Erik y Lyle notaban la relación idílica entre los hermanos y su madre, ¿entonces qué hizo que la mataran?

Hay dos teorías sobre por qué algunos hombres matan a sus madres. Sigmund Freud, quien dedicó gran parte de su investigación a saber más sobre la relación entre padres e hijos, afirmaba que un hijo que mata a su madre lo hace para defenderse de impulsos incestuosos, por el contrario, los hombres que matan a sus padres lo hacen para eliminar la competencia y tomar "posesión de su madre". Otros expertos —como Kathleen Heide, profesora de criminología en la Universidad del Sur de Florida, que ha escrito cuatro libros sobre el parricidio—, creen que lo más común es que estos hombres lo hagan para tomar el control. En su libro Understanding Parricide (Entendiendo el parricidio), Heidi insinúa que "los hombres que cometen matricidio con frecuencia dicen que sus madres tienen sentimientos encontrados hacia ellos o son demasiado dominantes. Estos hombres creen que matar a sus madres es una forma de conservar su masculinidad o de protegerse contra las emociones extremas causadas por el comportamiento de sus madres".

El siquiatra Fredric Wertham, uno de los primeros doctores que analizaron a profundidad el parricidio, mezcló las dos teorías. En su libro de 1954, La seducción de los inocentes, escribió que "muchos matricidios con uso de fuerza excesiva ocurren en la recámara y por razones triviales. Estos crímenes representan el odio inconsciente del hijo hacia su madre, superpuesto sobre el deseo sexual que tienen hacia ella". La teoría de Wertham tiene un paralelismo siniestro con casos como el de Michael Miller, que fue acusado de violar a su madre, Margarita, después de matarla a golpes, o el de Kevin Davis, un joven de 18 años de edad originario de Texas que confesó haber asfixiado, apuñalado, y golpeado a su madre hasta matarla y haber tenido relaciones sexuales con su cadáver.

Casi dos terceras partes de los matricidios son cometidos por hijos adultos (en vez de adolescentes) y, en la mayoría de los casos de matricidio que investigué, los crímenes tenían alguna motivación sexual. En algunos casos, la madre era indiferente hacia el abuso sexual que había sufrido su hijo o ella misma había sido la agresora; en otros casos, la madre había interferido en una relación amorosa o el asesino tenía problemas asociados con la perversión sexual. Los parricidios —que son dos veces más comunes que los matricidios—con frecuencia son producto de una fuerte discusión, de una reacción violenta o de una situación intensa que resultó en un asesinato inesperado. En los casos donde ambos padres fueron asesinados, como en el caso Menendez, los motivos no siempre son claros. Algunos de los posibles motivos eran abuso, celos, peleas, lucha de poder, codicia y narcisismo.

Durante su testimonio en el juicio, Erik Menendez lloró, hizo muecas de dolor y sollozó al describir el momento en que vio a su madre gemir a causa de los múltiples disparos por parte suya y de su hermano. Más tarde, el jurado declaró que tanto Erik como Lyle eran culpables de homicidio premeditado y recibieron cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Aunque hay preguntas que nunca tendrán respuesta.

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