Un día en la República de Frigolandia, el último refugio de la sátira italiana

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Un día en la República de Frigolandia, el último refugio de la sátira italiana

Visitamos al fundador de 'Frigidaire', la revista más irreverente de Italia, en las instalaciones de un campo de verano fascista abandonado, al que un día convirtió en su hogar y en la sede central de la publicación.

Esta historia es parte de la edición de febrero de VICE.

El año era 1980. Italia no sólo lloraba las víctimas de un atentado terrorista que tuvo lugar en una estación de tren en Bolonia, sino que buscaba otras en el fondo de los escombros que había dejado a su paso un terremoto en Irpinia. Simultáneamente, en los corredores del poder, el Partido Comunista se distanciaba del Compromiso Histórico que lo alineaba con los Demócratas Cristianos. Al mismo tiempo, Italia veía cómo un actor, Ronald Reagan, llegaba al solio presidencial de la Casa Blanca en Estados Unidos. La búsqueda de la satisfacción personal se había impuesto muy por encima de las ideologías políticas. En todo este contexto, en el festival de cómics de Lucca, debutó una revista que haría historia en el mundo editorial italiano: su nombre era Frigidaire.

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Frigidaire no trataba un tema específico, cosa que, de entrada, la distinguió del resto de revistas italianas de la época. En su lugar, se comprometía con un proyecto completo de comunicación: cómics, arte, sátira, literatura, política, filosofía y música, temas todos que se fundían en una masa de concreto inquebrantable, sujeta a un impulso satírico marcado. La revista dejó su huella en una generación entera y se ganó su espacio en la imaginación colectiva como la revista más irreverente y no convencional de Italia. Atacaba a todos sin censura en un momento en que la historia pedía una participación activa de los satíricos.

Frigidaire fue publicada de forma continua hasta 1997. Después de esa fecha la publicación se hizo intermitente y luego tuvo una larga pausa que duró de 2003 a 2009. Hoy en día no es fácil encontrarla en los puestos de revistas en Milán. Más sencillo es irse a uno de los bares que frecuenta Vincenzo Sparagna, uno de sus fundadores, en Giano dell'Umbria, un pueblo de 3000 habitantes en Umbría. Sparagna había pertenecido a la revista desde el principio. Sin embargo, cuando vendió su casa en Roma en 2003, la publicación se estancó. Un amigo le comentó a Sparagna sobre la oportunidad de proponerle un proyecto cultural al gobierno regional de Umbría: se le ocurrió una tierra soberana a la cual las personas peregrinaran a ver el arte y las ideas contenidos en su revista. El plan se llamaba Museo dell'Arte Maivista, un lugar en el que tuviera lugar el "arte que nunca había sido visto", ese mismo al que Frigidaire había dado fama. Sparagna, obstinado, quiso un castillo del siglo XII, hasta que un día encontró un campo de verano fascista y decidió arreglarlo. Cientos de voluntarios, artistas y camaradas colaboraron en la reparación del campo de verano. En 2006 fue inaugurado como la República de Frigolandia; hoy en día es la sede central de la revista y el hogar de Sparagna y su novia (también principal colaboradora), Maila Navarra, una diseñadora gráfica romana que tenía diez años cuando la revista fue fundada.

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La primera portada de Frigidaire, diseñada por Stefano Tambruini.

Después de un recorrido largo por los campos otoñales de Umbría, llegué a Frigolandia de noche: los perros aullaban en la mitad de la oscuridad y lo único visible era el aviso "Frigolandia" sobre una puerta de hierro. Sparagna dormía pero Navarra, su novia, me dio la bienvenida. Ella estaba despierta, trabajando en una edición de Il Nuovo Male, otra revista satírica que ambos producen. La cosa fue sencilla: me saludó y me llevó a mi habitación. Yo me quedé dormido, huyendo del frío a punta de cobijas y analgésicos.

Cuando me desperté, hice un recorrido por el bosque de pinos que rodea Frigolandia. Admiré el Nature Theater of Oklahoma (una construcción en madera hecha por Luciano Biscarini, un artista de la ciudad de Foligno, en memoria de Franz Kafka) y la pintoresca Casa Rosada con su gigante chimenea. En un patio de juegos conocí finalmente a Sparagna, que estaba dándole de comer a cuatro perros blancos. El pelo canoso se le salía por los bordes de una gorra negra. Me dio la bienvenida y me invitó a su estudio, una gran habitación con dos ventanales, dos estanterías de libros y un enorme escritorio que descansaba sobre el tronco de un árbol de castaño.

Cuando empezamos a hablar, Sparagna se sirvió un vaso de agua con un toque de limón, mientras me decía que "estaba convencido de que no existía una revista capaz de hacer un análisis de los fenómenos del mundo sin distanciarse de las ideologías. Aún hoy es poco probable que los medios nos digan lo que está sucediendo en realidad, porque es más fácil esconderse detrás de los escudos ideológicos. En esos días, los primeros de la revista, esa distorsión era muy fuerte. Hemos tratado de narrar el mundo en tiempo real, con un punto de vista subjetivo y libre de cualquier jaula prefabricada".

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La preparación para la primera edición duró casi un año, y tuvo lugar después de una reunión entre Sparagna, quien trabajaba en Il Male, una de las revistas satíricas más importantes de Italia, y Staefano Tamburini, un artista gráfico. "Todo empezó cuando Stefano Tamburini y yo tuvimos una idea convergente después del cierre de Cannibale (una publicación de cómics fundada en 1977 por Tamburini, publicada por Il Male), que fue forzoso y duro: los cómics estaban perdiendo mucho dinero e Il Male no los podía sostener más. Cannibale tenía unos cómics extraordinarios y Tamburini quería continuarlos. Además, como tal vez yo fui el primero en entender la importancia revolucionaria de esos cómics, ya estaba pensando en una nueva revista. Il Male había creado un espacio para el lenguaje de la sátira, sí, pero, al mismo tiempo, muchas otras formas de narración que habían quedado en el tintero no habían sido exploradas". Ambos llamaron a Filippo Scozzari, un ilustrador clave en la escena clandestina de la década de 1970. Todos desarrollaron la idea para Frigidaire. "Siempre ha sido una marca. Desde el principio lo fue", agregó.

Achille Bonito Oliva, posando desnudo, es uno de los críticos de arte más famosos de Italia.

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Las paredes de la oficina de Sparagna estaban cubiertas de bocetos y de fotografías gigantescas que habían salido en la revista, como la portada de 2011 que llevaba al crítico de arte Achille Bonito Oliva desnudo en un sofá. Tal vez este era un ejemplo del arte maivista –el "arte que nunca había sido visto"– que le había dado tanta fama a la publicación. "Era una parodia y una burla para ilustrar nuestro concepto de arte que nunca ha sido visto, porque se renueva con cada mirada. Hay obras que han sido vistas miles de veces, como las de Leonardo o las de Miguel Ángel. Sin embargo, cada vez que las observas de nuevo sientes emociones distintas, ya que poseen una vibración que las hace sentir 'diferentes'. El término nació originalmente en mi afán por definir los dibujos de tinta originales que he hecho desde la adolescencia pero que nunca he publicado. No eran cómics ni ilustraciones; simplemente no sabíamos cómo llamarlos. Entonces [Andrea] Pazienza, caricaturista de Frigidaire dijo: 'Es el arte el que existe, pero no ha sido visto. ¡Es arte maivista!'".

Como cualquier otro movimiento artístico, el maivista tiene, por supuesto, su propio manifiesto."Empezó como un chiste, pero pronto se convirtió en una manera de definir todo el arte hecho por la revista como aquel que es capaz de escuchar al arte mismo. De hecho, tuvimos estilos y artistas muy diferentes entre sí. Estas colaboraciones son el resultado de nuestra habilidad de oír –lo que significa, al mismo tiempo, ver– así como descubrir una imagen artística cuando nace, antes de que termine en un museo o la gran prensa y sea conocida ampliamente".

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Arte maivista es el arte que vive en las oscuridades de los barrios pobres, de los cuales, de vez en cuando, emergen rayos de luz extraordinarios. A pesar de nunca antes haber sido visto, mucho del arte colectivo ha sido bien absorbido en la cultura. Aún hoy, los jóvenes se están tatuando a RanXerox, uno de los antihéroes del cómic de Tamburini, que apareció originalmente en Frigidaire. "Ciertamente hay una permanencia, un efecto que perdura en las páginas de Frigidaire", dijo Sparagna, mientras dejaba las semillas del limón en el vaso. "No es casualidad. Desde el principio tratamos de ver la realidad usando los ojos del futuro".

La entrada de Frigolandia.

Otro elemento futurista de Frigidaire era su diseño gráfico, que no cambió sus elementos principales desde el lanzamiento. "Creo que representa nuestra personalidad, nos hizo únicos. El diseño de Frigidaire, planteado por Tamburini y editado por mí, hoy en día con la colaboración de Maila Navarra, se inspiró en la Bauhaus y conjuga capacidad de lectura y elegancia. Es sorprendente, pero nunca llega a la excentricidad empalagosa. El diseño nos permitió dibujar un paralelo, de manera clara y brillante, entre las diferentes áreas del conocimiento humano: de la ciencia a la literatura, de las noticias a la política, de los cómics a la sátira".

Le pregunté a Sparagna cómo había cambiado la sátira como modo de humor en las últimas décadas. "La sátira nació hace unos 40 años, con el movimiento de 1977 que era independiente de los medios masivos de comunicación. Respecto a esa forma de sátira, los únicos que han sido consistentes con su filosofía básica somos nosotros. Cuando no dependes de nadie, te puedes dar el lujo de ser sarcástico, irónico, pero más que todo verdadero. Cuando nadie te respeta por conveniencia o connivencia, te puedes dar el lujo de no respetar a nadie. Un satírico únicamente puede ser un genio marginal. Claro que existe una sátira más oficial, una sátira que yo llamo, sin vacilar, sátira servil".

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Para Sparagna, la clave de la sátira consiste en estar por fuera de la esfera del poder y la influencia. Era vital que Frigidaire siempre fuera independiente. Él se burlaba de un amigo que publicaba cómics en un periódico italiano y le decía que era rehén de la prensa imperial. "Cuando lo critico, me responde: 'Nadie me censura'. Pero él no entiende que el problema no es la censura: es pertenecer a un sistema, ser parte de una situación que es manejada por otras personas. Sólo así es como te conviertes en el bufón de la corte. Dibujas tu caricatura, pero la conversación la manejan otras personas; tú eres su descanso cómico".

La sátira, por cierto, no puede limitarse a un chiste básico. Como dijo el caricaturista italiano Gipi en un programa de televisión después de la masacre en Charlie Hebdo, la sátira es un ataque mordaz o artístico a quienes tienen el poder político, social o cultural. Eso es, precisamente, lo que han hecho Il Male, Il Nuovo Male y Frigidaire. A finales de la década del 70 y a principios de la del 80 Sparagna ayudó a crear varias ediciones falsas de periódicos, distribuidas en los territorios donde circulaban. Él y sus colegas repartieron, de forma ilegal, un Trybuna Ludu falso en Polonia en 1979, y al año siguiente distribuyeron una versión falsa de Pravda en los Olímpicos de Moscú. "Nos dimos cuenta de que en 1983 –me dijo– la guerra en Afganistán había causado agitación en Rusia. Hablamos al respecto con Vladimir Bulovsky y con otros intelectuales rusos que vivían en el exilio en París y quienes luchaban contra los bolcheviques, grupo político que negaba el valor fundamental de la libertad. Así que decidimos imprimir un Red Star falso (un periódico para soldados soviéticos) para distribuirlo en Rusia. El objetivo real era llegarles a 500 000 soldados rusos que estaban desplegados en ese momento. Creíamos que la sátira podía cambiar la guerra".

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La portada decía: "¡NO MÁS DE ESTA GUERRA! ¡TODOS A CASA!", al lado de la imagen de un soldado ruso partiendo un rifle Kalashnikov en dos pedazos. Savir Shuster, un periodista lituano disidente que había estado en Afganistán y tenía contactos allá, se unió a Sparagna en la distribución del periódico. "Obviamente –me dijo– todo era muy complicado. Teníamos que despistar a la KGB y dividirnos en dos grupos: uno, finalmente, entraría a Kabul, ciudad ocupada por el Ejército Rojo. Fue así como Frigidaire se burló de la Unión Soviética. Distribuimos muchísimas copias y regresamos a casa intactos: la hazaña tuvo resonancia mundial. Además, los periódicos rusos, incluyendo al verdadero Red Star, nos acusaron de recibir dinero de Reagan. Esa fue su respuesta. Trataron incluso de voltear nuestro eslogan de '¡No más de esta guerra!' con el de '¡La guerra continúa!. Fue una tragicomedia".

Sparagna distribuyó esta edición falsa del periódico soviético Red Star entre soldados rusos en Afganistán. El encabezado "¡NO MÁS DE ESTA GUERRA! ¡TODOS A CASA!" confundió a muchos.

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Este tipo de eventos llena las páginas de la revista y la vida de Sparagna, quien en 1984 decidió que la manera más sensata de saldar las cuentas de Frigidaire era viajar a Marruecos y comprar 100 kilogramos de hachís para venderlos en Europa. "Tienes que ponerte en los zapatos de alguien que no tiene un centavo pero necesita millones. La revista necesitaba dinero. Y yo, siendo de origen humilde, tengo muchos amigos que crecieron en barrios pobres, en donde cualquier cosa sirve para sobrevivir. En resumidas cuentas, un amigo conocía una mujer casada con un marroquí que tenía un hermano con una finca en Ketama. Existía la posibilidad de que me dieran 100 kilogramos de hachís a crédito. Únicamente teníamos que ir a recogerlos".

El compañero de viaje de Sparagna, un disidente que también escribía para Frigidaire, era marinero. Creyó que ambos podrían escapar del país con el cargamento montados en una balsa grande inflable. "Viajamos a Marbella, España –me dijo–, y, después de varias rondas de cálculos complicados para descifrar cuántos galones de combustible debíamos llevar, zarpamos en una noche oscura sin luna. Al amanecer vimos la costa africana. Desde la playa, alguien respondió a nuestras señales con antorchas, y una pequeña embarcación se aproximó a nosotros para entregarnos el hachís". Pero una vez tenían el cargamento, se dieron cuenta de que habían gastado más combustible de la cuenta y que no alcanzarían a llegar a España de vuelta. Se vieron obligados a intercambiar su motor adicional por más combustible, y se aventuraron al Mediterráneo sin respaldo. "Flotamos bajo el sol africano todo el día. En la noche estábamos de regreso. Pero por culpa de la segunda botella de Carlos Primero, un brandy español, tomamos la ruta equivocada y navegamos en círculos en la oscuridad total de nuestra segunda noche en alta mar". Sparagna agregó que una ballena asesina y un grupo de delfines circundaron la balsa, pero es posible que hubiera consumido mucho del hachís que llevaban. Cuando por fin regresaron a Marbella, al anochecer, un detective los estaba esperando en el puerto.

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No toda la historia de Frigidaire es así de cómica: la muerte de Timburini, en abril de 1986, fue un duro golpe. El personal de la revista pensó que estaba recuperándose de una adicción a la heroína, pero en realidad él nunca dejó de inyectársela. En ese momento, la revista perdió una financiación clave. "Ganó nuestro deseo de resistir. Pero en junio de 1988 nos enteramos de que Pazienzia también había muerto de una sobredosis. Ese fue nuestro momento más sombrío, lleno de desesperación y de dolor. La revista seguía viva y estaba repleta de cómics y de historias, pero la alegría de los primeros años se había esfumado".

"¿Alguna vez ha pensado en renunciar?", le pregunté, casi al final de nuestra charla.

"En realidad, no", me respondió. "Teníamos que defender la continuidad de nuestro proyecto, aun con estas tragedias totalmente inesperadas. Tamburini y Pazienzia eran diez años más jóvenes que Scozzari y yo. Los más jóvenes ya no estaban. Era muy difícil seguir". Dijo, sin embargo, que "la sátira libre permite ver la realidad tal y como es, sin la influencia de la evidencia pero con aproximación y siguiendo el instinto. Operamos detrás de la máscara de la sátira, y estábamos en capacidad de gritar la verdad de casi cualquier cosa".

La edición después de la muerte del caricaturista Andrea Pazienzia a causa de una sobredosis de heroína.

Por la ventana del estudio de Sparagna se alcanzaba a ver Giano, una aldea medieval, que no está muy lejos de allí. En el jardín pude ver pinos, un árbol de caqui, cerezos, tilos, robles y un gallinero. Le pregunté cómo él y sus colegas terminaron creando esta increíble república del arte, que parece más un parque de diversiones que un museo.

"Así como con cualquier invento, Frigolandia nació un poco por casualidad y otro poco por necesidad. Pero más por casualidad, diría yo", me contestó. Desde su fundación, Frigolandia ha experimentado problemas con el Gobierno local. En 2007, cuando Oreste Scalzone, un marxista italiano, regresó al país proveniente de Francia después de la prescripción de los cargos en su contra (que datan de abril de 1968), Frigolandia lo invitó a dar una conferencia de prensa. Al Gobierno no le gustó y trataron de desalojar Frigolandia, pero no lo lograron. "En lugar de estar agradecidos por los miles de personas que visitaron Giano, los políticos de derecha y de izquierda continúan con las hostilidades", me dijo Sparagna. "Únicamente se enfocan en los proyectos especulativos que hablan de nuestra desaparición".

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Nuestro almuerzo iba a ser en la cocina de Frigolandia, en una mesa de madera inspirada en la obra de Brueghel The Peasant Wedding. Sparagna preparó una rica pasta con salsa de tomate, me habló de su hija, quien ha trabajado con Martin Scorsese y Ridley Scott y que ahora vive en Nueva Zelanda y trabaja para el gobierno. Mientras revolvía la salsa con una cuchara de madera me hablaba de sus sobrinos y describía paisajes oceánicos y la belleza de tierras lejanas.

Le pregunte qué pensaba de esta nueva generación de artistas. Esto me respondió: "Cada generación está compuesta de elementos sociales diferentes. Por otra parte, las generaciones jóvenes han recibido mucha influencia de la devastación cultural e idealista de los últimos veinte años. Esto se puede percibir fácilmente gracias a la idea de que cada uno debe buscar un entrenador personal, a un coach, a un mánager, como quieran llamarle. Desafortunadamente esta es la forma más fácil de paralizar a alguien. ¡Si usted cree que tiene cualidades… póngalas en acción! No espere a que alguien lo descubra. Por supuesto que existen excepciones, hay muchos ejemplos, escritores, caricaturistas e ilustradores jóvenes que trabajan con nosotros por el simple placer de comunicar y cumplir sus sueños, empezando por Maila Navarra. Ella vino a Frigolandia a mostrarme sus dibujos, y en pocos años se transformó en el alma de la revista y de la república".

Después de recibir oficialmente la ciudadanía de Frigolandia, con pasaporte y todo, me subí al carro y empecé a manejar. Mientras me despedía, la imagen de la sonrisa de Sparagna, escondida detrás de su bigote, me transmitió buenos ánimos, aunque algo dentro de mí me decía que jamás volvería a este lugar.

Sparagna sirviendo el almuerzo en su cocina.