José Luis Cuevas

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Viajes

José Luis Cuevas

La Apestosa retrata la vida de una mítica cantina del DF.
20.4.12

“Y qué me trae aquí, a este pequeño santuario de hombres y mujeres fanáticos de la borrachera y la lujuria. Por qué caminar a La Apestosa y no a ningún otro sitio”, se pregunta el fotógrafo mexicano José Luis Cuevas sin saber todavía la respuesta. La Apestosa. Así se llamaba la cantina a la que artista se sumergió para realizar una serie documental. A partir de imágenes, contó la historia de los parroquianos y de este peculiar sitio que ya desapareció del centro de la Ciudad de México. Los personajes que aparecen en estas imágenes, son violentos, divertidos, sexuales, extáticos y, sobre todo, reales.

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En nuestra Edición de México, José Luis Cuevas nos mostró su fascinante trabajo Porno hecho en casa, pero como queríamos ver su primer proyecto, fuimos con él para que nos platicara sobre La Apestosa. Esta serie fue desarrollada de 2002 a 2004, tiempo durante el cual Cuevas se introdujo a este mundo que nos resulta tan extraordinario como un buen delírium trémens.

Vice: Háblanos un poco del lugar.
José Luis Cuevas: La Apestosa ya no existe, estaba en la calle de Dolores, por el Barrio Chino. Era una cervecería, vendían caguamas principalmente, y de repente vendían otros alcoholes medio raros que preparaban ellos. Pero más que una cervecería era una especie de club de borrachos, súper profesionales, el clásico borracho gordo, desparramado, rudo, viejo y el lugar era frecuentado por muchas prostitutas. Igual, gordas, viejas, rudas y ellas tenían dos papeles: eran alcohólicas y se la pasaban ahí, iban a tomar, y la otra: iban a trabajar, al mismo tiempo.

¿Qué había ahí, cómo era?
Era bien sabido que había servicios sexuales con la gente ahí. Desde masturbaciones hasta cosas más hardcore. La Apestosa era un pasillito pequeño, con estas puertitas de cantina. Entrabas, había como estas mesas de lonchería viejas que son de madera con respaldos muy altos. Y cabían cuatro personas ahí, luego había un pasillito y la barra larga. Terminaba la barra, al fondo estaba el lavabo y a la izquierda estaba algo que funge como baño, y al ladito estaba el bañito de mujeres. A la derecha había unas escaleras y te llevaban a un tapanquito con unas cuatro mesas.

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Todo era un club de borrachos, todos se conocían, todos echaban desmadre. Y cuando veías que arriba estaba apagado y que subían dos personas es que iban a tener sexo. Había como esos código ahí.

¿Cómo empezaste con el proyecto?
Llegué en 2002 con un amigo y después fui a la presentación de una revista de Carlos Martínez Rentería, yo sabía que él hacía presentaciones y performances ahí. Dicen que una vez llevó violinistas y que les empezaron a echar limones [risas].

Pero cuando fui estaban presentado una revista, llegué casi al final, llevaba mi cámara, me tomé unas chelas y empecé a tomar fotos. Automáticamente me empecé a poner borrachín y empecé a tomar fotos. En ese tiempo yo estudiaba en el Centro de la Imagen algo que se llamaba “Programa Integral: documento y ficción” que era un programa educativo en el que tenías que desarrollar un proyecto documental durante seis meses con la tutoría de nueve maestros. Coincidió que empecé a hacer fotos ahí y armé el proyecto [durante esos seis meses] y ya después lo seguí desarrollando hasta 2004.

Mi proceso de trabajo era ser uno más de ellos. Llegaba generalmente con uno o dos amigos, generalmente fotógrafos, llegábamos pedíamos cerveza y lo que hacía era pararme e irme a tomar con todos los demás, con toda la cantina, pasar por todas las mesas, a brindar, no sé [risas]. Además de que sentía mucha atracción por el lugar y tenía que desarrollar el proyecto, no tenía un discurso fotográfico tal cual. Así que era muy instintivo, muy salvaje el asunto.

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¿Te identificabas con ellos, había un reconocimiento con estas personas?
Tenía el lazo afectivo que tiene cualquier borracho con otros los borrachos con quienes está pasando el día. Entonces yo llegaba con mis amigos, me iba con los demás y me la pasaba poca madre, convivía con ellos, bailaba, gritaba, pero sabía que tenía que hacer fotos. Todo era como plan con mañana: “me interesas tú que estás en la otra mesa con tu cliente” voy con ustedes, me tomo una cerveza, me hago el chistoso con ustedes y al final les hago fotos.

Siempre había como una base de borrachos. Como los de siempre, los muebles del lugar. Y ya nos conocíamos, yo llegaba y gritaban “ya llegó El Paparazzi”, me aventaban limones, a veces me hacían cosas. Pasabas las puertitas y todos volteaban a ver quién entraba y gritaban sus apodos. A mí me decían El Paparazzi.

¿Por qué que cambiaste tu estética, estas fotos son muy crudas, casi casi atemporales, parecen fotos de los cuarentas y tu nuevo trabajo es muy colorido, hasta parece que lo haces en estudio?
Para entonces era un fotógrafo salvaje, que va y se avienta y hace las cosas por instinto y no sabe qué está haciendo y es un método de trabajo que me funcionó muy bien. Con el tiempo he desarrollado varios proyectos y siempre va cambiando mi método de trabajo. Después de eso hice lo de documentar a la gente que hace porno. En La Apestosa había un proceso de inmersión con la gente, yo estaba con ellos y fui parte de. Y con los de porno siempre hubo un distanciamiento, hubo como una forma de entrar distinta y siempre hubo una distancia mucho más clara, y eso se ve en las imágenes.

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Estado del tiempo: otro proceso de trabajo que no tiene que ver con la inmersión. Luego hice otro trabajo en donde hacía fotos en la calle. En [el proyecto] El hombre promedio yo iba haciendo un casting en la calle y lo que buscaba eran oficinistas hombres que por su rostro, mirada y semblante comunicaran cierto hastío o cansancio.

Y lo de ahora se llama Nueva Era, es un proyecto que empezó siendo una tipología de creyentes de distintas religiones, cambió muchísimo, lo empecé en Bogotá en 2009 en una residencia que tuve allá. Y después lo hice en el DF y en el interior de la República, en Cuba, Bolivia, Guatemala y se ha convertido en una suerte de personajes situaciones atmósferas objetos en torno a prácticas espirituales que desde mi punto de vista no son nada espirituales, que se me hacen demasiado mundanas y terrenales [risas], las presento en una versión muy oscura.

¿Cómo empezó el Gimnasio de Arte, que tú diriges?
El Gimnasio fue mi idea, soy fundador, empezó en 2007. Y bueno con el tiempo nos convertimos en una asociación civil conformada por tres personas y tenemos un grupo de trabajo. Tenemos un grupo de becarios y las personas que nos proveen servicios.

¿A qué se dedica?
Su principal labor es ofrecer educación artística. El 90 por cierto es fotografía y lo otro es video, cine y arte contemporáneo. El grueso de nuestros talleres es de formación autoral y está dirigido a personas que ya tiene conocimientos básicos de fotografía, aunque también tenemos otros donde puedes empezar de cero. Pero nuestro trabajo básico va más por la formación de autores de fotografía.

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Aquí te pones los talleres que ofrecerá próximamente el Gimnasio de Arte:

-Masterclass con Enrico Bossan (Italia), director editorial de la revista COLORS. /// 24 de abril.

-Diplomado: Autorepresentación /// 23 de abril.

-Prueba y Error, Desarrollo de técnicas para un proyecto en específico, Esteban Pastorino (Argentina) /// Junio.

-Diplomado: Nueva Fotografía Documental /// Junio.